Despojarse del exceso de sal es posible (y recomendado)

Podemos condimentar nuestros platos con hierbas aromáticas y otras especias o aliños naturales. De esta forma reduciremos el consumo de sal sin renunciar al sabor

Nuestra dieta suele ser alta en este condimento que puede ser dañino para nuestra salud

¿Es cierto eso de que unos toleramos más sal en los alimentos que otros? Ciertamente no, pues el gusto por este condimento es adquirido -y no precisamente sano (en demasía)-, por lo que se recomienda educar nuestro paladar para añadir una menor cantidad a nuestras comidas.

Según la Organización Mundial de la Salud, consumimos casi el doble (cada individuo toma una media de 9,7 gramos al día) de la porción recomendable, dejando en evidencia que este exceso produce hipertensión arterial, incrementando así la probabilidad de sufrir un infarto de miocardio o un ictus cerebral.

“Está bueno, pero le falta un poco de sal para mi gusto”, “el aliño para la ensalada, que cada uno se lo eche a su agrado”. ¿Quién no ha oído alguna de estas frases cuando se reúne un grupo de personas? Es habitual que los miembros de una familia tengan el mismo paladar en cuanto a sal o especias se refiere, pero fuera de casa… el asunto cambia, e incluso puede estropear el banquete.

Consejos para reducir el consumo de Sal

Prescindir de la sal en los alimentos puede llegar a volver insustanciales nuestros platos, sobre todo para aquellos que están acostumbrados a coger un buen pellizco de este condimento mientras están cocinando. Sin embargo, disminuir su ingesta es posible.

Aquí van algunas sugerencias que te ayudarán a ganarla la batalla a esos pequeños granos que pueden ser realmente dañinos para tu salud:

1-      Cambiar el modo de cocinar los alimentos. Si los cocinamos al vapor se mantiene mejor el sodio natural, pues no se pierden sustancias, y entonces no es necesario añadir tanta sal.

2-      Utilizar hierbas aromáticas o especias para aderezar nuestros platos; así no resultarán tan insípidos y nos acostumbraremos progresivamente a utilizar una menor cantidad de sal.

3-      Dejar la condimentación para el final. Al cocinar un filete, por ejemplo, es mejor colocar el aliño a último momento; así nos evitaremos añadir más sal de la necesaria. Igual para los guisos, pues con el reposo se concentran los sabores, y es mejor rectificar al final.

4-      Usar sal marina. Esto es muy recomendable, pues su sabor es más fuerte y permite utilizar menor cantidad.

5-      Comer más alimentos frescos, ya que su grado en sodio es menor; limitemos el consumo de comidas muy procesadas y saladas (patatas fritas, por ejemplo).

6-      Fijarse bien en las etiquetas de los productos que compramos. Por cierto, sodio no es sinónimo de sal; así que, cuando en las etiquetas se muestre “tantos gramos de sodio”, hay que multiplicarlos por 2,5, y entonces sabremos con exactitud qué cantidad de sal contiene un determinado alimento.

Y para terminar, un último consejo: no seamos los culpables de la mala salud de los demás y dejemos que, por ejemplo en las ensaladas, cada uno aliñe su plato a su gusto.

¿Cuál es tu experiencia? ¿Consumes mucha sal? ¿Te cuesta reducir la cantidad que utilizas?

 Fotografía cortesía de Frisch Auge