¿Qué hay detrás de los amores imposibles?

Muchas veces pensamos que los amores reales deben responder a patrones como los de las películas, pero en el amor no siempre todo es perfecto

¿Qué hay detrás de los amores imposibles? Admiración, necesidad, dolor, amor, cariño, compasión por uno mismo, dependencia emocional… Hay una cantidad infinita de posibilidades para responder a nuestra pregunta.

Desde tiempos inmemoriales, las historias de amores imposibles han llenado nuestros sentidos, nuestras estanterías y nuestras paredes. Los grandes éxitos literarios y artísticos sucumben al dolor de los amores imposibles, esos que fracasan o que, simplemente, nunca sucederán fuera de nuestras mentes.

Romeo y Julieta, la Celestina, la princesa prometida, Don Juan Tenorio, las penas del joven Werther son algunos de los grandes éxitos literarios que todos recordamos y basan sus historias en el amor y el desamor de jóvenes predestinados a no estar juntos.

Los cuentos de hadas, las películas Disney con su amor eterno  y las telenovelas rosas con cientos de saltos mortales pero con final feliz han hecho que nos creamos que el amor es omnipotente y que, inevitablemente, todo acabará bien.

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Sin embargo, nada más lejos de la realidad: no todos los amores son posibles y no por todos los amores hay que luchar. Algunos hay que dejarlos pasar y, otros, simplemente no hacen justicia al bello sentimiento de amar. Por esta razón, a veces es mejor dejar ir lo que es inalcanzable.

Como podemos intuir, este ingrediente literario y artístico es garantía de éxito, pues juega con una gran ventaja: todos nos sentimos identificados con los amores imposibles. Pero… ¿Por qué?

¿Por qué nos enamoramos de personas que no podemos tener?

Un amor sin salida es realmente agotador, desquiciante y destructor. Pero, por desgracia, parece que nuestra educación emocional no ha sido suficiente para evitar que padezcamos ente tipo de calvarios y nos enterremos entre cristales rotos que no harán más que dañarnos.

Quizás sea por culpa del romanticismo que llevamos tan adentro que creemos estar en el camino correcto a pesar de que están hiriéndonos en lo más hondo de nuestro corazón. Pero, ¿qué nos pasa? ¿Por qué no podemos dejar de sentir ese impulso, esa atracción fatal? A continuación os presentamos algunas razones:

1. Por culpa de la ansiedad afectiva

En ocasiones, deseamos y necesitamos tener a alguien próximo, sea quien sea, que nos acompañe y nos reafirme. Esta necesidad genera una gran ansiedad que solo se calma teniendo al objeto de deseo cerca.

Mientras esta persona no está, la ansiedad aumenta y aumenta, lo que lleva a quien la padece a buscar de forma constante a “su amado” para calmarse. Como señalan los psicólogos Cindy Hazan y Phillip R. Shaver, esto puede llegar a ser realmente enfermizo.

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2. Por nuestro ideal de romanticismo: luchar contra viento y marea

Tal y como decíamos antes, nos han enseñado que en el amor tenemos que comer pan y cebolla. Pero, ¿tenemos que tragar con todo y seguir adelante con lo que venga? Si lo hacemos no es por gusto, desde luego, sino porque nos vemos obligados por nuestras creencias (falsas y dañinas).

3. Porque nos prestan atención

Es simple. Aunque nos cueste creerlo, a veces nos “enamoramos” perdidamente de alguien solo porque nos ha prestado una mínima atención. Esto, como es obvio, responde a multitud de carencias emocionales y a la necesidad de sentirse aceptado.

4. Por querer y por no querer

Por raro que parezca, hay personas que se enamoran de imposibles por evitar la intimidad amorosa. Estas personas, las evasivas, tienden a vivir en ficciones ideales que se mantienen siempre idealizadas.

Tal y como indica la psicóloga Linda Hatch: “Buscan relaciones en las que la otra persona las rechazará o las abandonará. Esta es una manera de sentirse ‘seguro’ ante las vulnerabilidades de la intimidad real”, ya que “la cercanía con otra persona se convierte en algo que se percibe como peligroso”.

5. Porque las personas inalcanzables aumentan su valor

Este es el ideal de amor platónico como amor no correspondido. Como afirma Héctor G. Barnés, la lógica es bastante sencilla: “los recursos limitados elevan su precio y los recursos abundantes lo hacen descender”.

Al igual que un producto se convierte en lujoso porque no podemos acceder a él, las personas inalcanzables se revalorizan hasta límites insospechados.

Por esta razón, ¿qué hay más exclusivo que una persona comprometida que nunca abandonaría su relación? ¿Y más apetecible que una persona a la que todos quieren (por ejemplo un actor o “el guapo de la clase”)?

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6. Por admiración

En el amor, por supuesto, debe de haber admiración mutua. Sin embargo, hay “amores” en los que la admiración solo existe de manera unilateral. En estos casos, esa es la razón que sustenta cualquier deseo.

Cualquier relación de pareja que se inicie en exclusiva por este motivo está abocada al fracaso y al padecimiento de la persona que admira, pues se someterá a las cualidades del otro.

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¿Realmente es amor?

Como hemos visto, los amores imposibles pueden responder a una infinidad de cuestiones. Cada caso particular obedecerá a sus razones y sus emociones; no obstante, lo que está claro es que no es un tipo de amor saludable.

El amor, por supuesto, no está compuesto solo de felicidad, pero sí de posibilidad. A veces, lo único que nos ata a este sentimiento es ese subidón de adrenalina que provocan los retos y el tener algo por lo que vivir.

¿Cómo podemos superar los amores imposibles?

El primer paso es reconocer que, por mucho que nos atraiga, puede no ser la persona con la que vayamos a vivir una relación saludable, constructiva y satisfactoria.

Tenemos que saber que la idealización es un paso natural en el proceso de enamoramiento, pero que incluso esta, poco a poco, se va agotando. Es importante saber que las personas no respondemos a prototipos o ideales de amor perfecto; por ello, la elección de nuestra pareja debe partir de lo real y no de lo ideal.

Esto no significa que no podamos ser románticos o que algunos de esos ideales no puedan cumplirse en nuestra pareja y en nuestra relación. Es posible y deseable que esto ocurra, pero hay unos principios innegociables de los que siempre debemos partir.