Día de la Tierra: nuestra casa, nuestra responsabilidad y la herencia de nuestros hijos

Valeria Sabater · 22 abril, 2016
El Día de la Tierra no es sino una forma de recordarnos que debemos cuidar del planeta, porque no nos pertenece. Al fin y al cabo, solo estamos de paso

Hoy 22 abril se celebra el día de la Tierra. Si bien es cierto que a menudo se dice aquello de que la Tierra no es la herencia de nuestros padres, sino un préstamo para nuestros hijos, parece, que de momento, no estamos aplicando bien la lección.

Tal y como nos explican desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), nuestras vidas dependen de la salud del planeta y de toda la biodiversidad existente en la Tierra, un factor que, lamentablemente, estamos descuidando con nuestro comportamiento, nuestros hábitos y con el motor de las sociedades modernas.

Hemos de tener en cuenta, además, que cada bocanada de aire que inspiramos depende a su vez de muchas otras especies en las que ni siquiera pensamos: los árboles, los océanos, las algas, las abejas que se encargan de polinizar gran parte de la naturaleza…

Todos formamos parte de un círculo casi mágico y sutil del que muchas mentes no son del todo conscientes. Hoy en nuestro espacio te invitamos a reflexionar sobre ello.

Día de la Tierra: nuestro legado, nuestro tesoro

Los árboles son los auténticos poemas de la Tierra y, sin embargo, los talamos para crear papel y escribir en él nuestras creaciones, nuestros pensamientos.

Somos incapaces de sentir el dolor que estamos originando con estas heridas creadas en los vacíos en nuestros bosques.

Si hay una razón por la cual se celebra el día de la Tierra es para sensibilizarnos ante estas realidades. No obstante, también sabemos que se necesita algo más que reciclar diariamente nuestra basura o controlar el uso de los aparatos eléctricos.

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Para cuidar adecuadamente de nuestro planeta necesitaríamos un profundo cambio institucional, social, económico y político.

Un dado que sin duda deberíamos tener en cuenta es la desaparición masiva de múltiples especies que se está dando en las últimas décadas.

Tanto es así, que en los últimos 50 años ya son 17 animales los que, lamentablemente, solo veremos en fotografías. Vale la pena reflexionar durante un instante sobre estos datos.

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Gaia, una entidad viva

Gaia era la diosa griega que representaba a la Tierra. Este nombre tan idóneo sirvió para que James Lovelock, un notable químico, expusiera en 1969 la  llamada hipótesis de Gaia.

  • La hipótesis de Gaia nos indica que la Tierra es un organismo vivo y, a su vez, creador de su propio hábitat.
  • La atmósfera y la parte superficial del planeta Tierra es una totalidad coherente donde la vida se regula y se equilibra para que todo tenga su razón de ser.
  • La biosfera, la atmósfera, los océanos y la tierra están unidos y relacionados como un “ser vivo” excepcional. Lo que le daña a uno, le acaba afectando al resto.
  • Esta hipótesis de “unidad” y de entidad viva fue criticada por la comunidad científica, pero James Lovelock defendió su teoría de Gaia para demostrar cualquier desequilibrio producido por el hombre traería consecuencias.

En especial, cualquier ataque a las selvas tropicales o a las plataformas continentales. Algo que, desgraciadamente, ya ha ocurrido.

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La Tierra ama nuestras pisadas, pero teme nuestras manos

La Tierra nos ha ofrecido su legado, sus mares, su viento, sus flores y su vasto hogar como regalo excepcional que no hemos sabido respetar como merece.

Actos tan pequeños como, por ejemplo,  hacer uso de las bolsas de plástico, genera inmensos daños que casi no podemos ni imaginar. Son cientos los animales que pueden quedar atrapados en estos materiales cuando llega a los océanos.

  • De hecho, existen auténticas “islas de basura flotantes”. Una de ellas es la existente en en el Pacífico, donde el plástico e infinitos materiales de desecho han creado una mancha oscura visible por los satélites y que cuenta ya con 1.400.000 km². Algo terrible.
  • Los científicos nos explican también que en la actualidad, estaríamos propiciando también la que se conoce como la sexta extinción masiva. 
  • Desde principios del siglo XIX, estamos forzando numerosas desapariciones en nuestra biodiversidad y en nuestras selvas.

Tanto es así que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza señala que una de cada ocho especies de aves está en peligro, así como uno de cada cuatro mamíferos, uno de cada tres de anfibios y casi el 70 % de todas las plantas.

  • Algo estamos haciendo mal. Nuestra casa, nuestra diosa creadora, Gaia, está en peligro y, si tal y como nos decía Lovelock, todos formamos parte de una misma unidad, sus cicatrices son también nuestras heridas.

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Es pues el momento de reaccionar, de concienciarnos de que hemos encendido el interruptor de una nueva extinción masiva.

A pesar de que sus efectos serán más impactantes dentro de varios siglos, lo estamos sintiendo ya con el cambio climático y con la ausencia de muchos animales que nuestros hijos ya no conocerán nunca más.

El mejor instante para luchar por Gaia y por nosotros mismos es ahora.