Esto es lo que dice la ciencia sobre las personas que disfrutan de la soledad

Valeria Sabater 23 junio, 2017
Aunque nos pueda parecer contradictorio, las personas que disfrutan de la soledad saben reconocer mejor las necesidades ajenas, así como los miedos e inquietudes de quienes les rodean

La soledad libremente elegida, bien gestionada y a su vez disfrutada, mejora nuestra salud y bienestar.

Si bien es cierto que aún hay quien ve en esta dimensión cierto matiz negativo al ir contra de nuestros principios de sociabilidad y de conexión natural tan característica en el ser humano, hay un aspecto que no deberíamos perder de vista.

Las personas que son capaces de estar consigo mismas, que se sienten bien en su mundo interior, con sus pensamientos y envueltas en el flujo relajado de su mente y emociones, afrontan mucho mejor las situaciones de estrés y ansiedad.

Por tanto, estamos ante un perfil de personalidad muy concreto que la ciencia ha tratado de estudiar y de delimitar de esos otros comportamientos que, por ejemplo, sí hacen uso de la soledad como vía de escape, como comportamiento neurótico que rehuye del trato con los demás.

La soledad saludable, catártica y beneficiosa es aquella que sirve como “desconexión momentánea”, esa que, a su vez, no escapa, no evita el trato con las personas, ni se niega a construir determinados vínculos siempre que sean significativos.

Ser capaces de refugiarnos en las caracolas temporales de nuestra soledad es saludable e impacta de forma muy positiva en nuestro bienestar.

Hoy en nuestro espacio te proponemos descubrir qué dice la ciencia al respecto.

La soledad y los solitarios, a medio camino entre la incomprensión y la plenitud personal

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En el libro Party of One: The Loners’ manifesto, de Anneli Rufus (que se podría traducir como “Partido de uno: el manifiesto de los solitarios”) nos explican que casi el 25% de la población se caracteriza por este rasgo, el de ser solitarios o disfrutar de forma intensa de su propia soledad.

La soledad es a veces la mejor compañía, y un corto retiro trae un dulce retorno.

John Milton

Sin embargo, la propia sociedad los ha etiquetados siempre con los más variopintos adjetivos, en su mayoría además bastante negativos: antisociales, perdedores, oscos, elitistas o incluso egoístas…

  • Es común ver con desconfianza a la persona que, por ejemplo, elige pasar el fin de semana en soledad y desconectado de todo y de todos.
  • Se ve con inquietud a la persona que no tiene pareja y que no duda en decir “estoy feliz así”.

¿Cómo puede ser feliz alguien que no comparte vida con otra persona?

¿Qué beneficio hay cuando una mente no intercambia ideas con otra, cuando elige el silencio antes que la conversación, no desahoga emociones ni comparte un sofá, una cama, un paseo o una comida?

Estas suelen ser las dudas más comunes de quien, en el polo opuesto, entiende la vida desde esa extroversión que busca el estímulo social persistente, la compañía y el refuerzo de los demás de forma intensa, constante.

Veamos ahora lo que nos dice la ciencia al respecto del perfil del solitario.

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Pasar tiempo a solas no significa huir del mundo

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El doctor Birk Hagemeye, de la Universidad de Jena, Turingia (Alemania) ha desarrollado junto a sus colegas una escala para medir nuestro grado de sociabilidad, de conexión con los demás y de deseo de soledad.

Algo que ya hemos señalado al inicio es que cuando hablamos de soledad pueden diferenciarse, sin duda, diferentes enfoques.

  • Uno de ellos es el neurótico, el que busca la soledad por necesidad, al no saber socializar, al sentirse amenazado por su entorno, por las personas y sus estímulos.
  • En el polo opuesto tenemos a aquellos que están a gusto en esos instantes elegidos consigo mismos y donde, a su vez, no se busca huir de nada ni de nadie, solo estar, solo nutrirse con los propios pensamientos.

Así, la llamada escala “ABC of Social Desires” (“El ABC de los deseos sociales”) ha permitido profundizar un poco más en este último perfil para demostrarnos lo siguiente:

  • Quienes disfrutan pasando tiempo a solas gestionan mejor su estado de ánimo y presentan menos “explosiones” de mal humor, de malestar, de frustración…
  • Las personas que disfrutan de su tiempo de soledad suelen tener una mente más abierta: son originales, curiosos e imaginativos.
  • Su trato social, por llamativo que parezca, es más amable, más cercano y suelen mostrar más empatía.
  • Al profundizar mucho más en sus universos personales saben reconocer mejor necesidades ajenas, miedos e inquietudes en quien tienen delante.
  • Otro aspecto en el que se destaca esta escala es que permite definir mucho más el rasgo de personalidad del individuo solitario, y ese rasgo es de la introversión.

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  • Ahora bien, se matiza que este tipo de introversión no se vincula en ningún momento con la timidez.
  • Por otro lado, las personas más extrovertidas sí suelen manifestar un temor o una incomodidad evidente a estar a solas. Se sienten amenazadas y se perciben como “fracasadas” si en un momento dado se ven sin pareja, sin amigos…
  • A su vez, otro detalle interesante es que las personas que se siente bien en soledad gestionan mejor el estrés y la ansiedad.
  • Si nos preguntamos ahora qué aspectos negativos puede mostrar este perfil, lo que la escala “ABC of Social Desires” demostró es que, por lo general, estas personas suelen sentirse incomprendidas.
  • Tienen una buena percepción de sí mismas, presentan buena autoestima, pero, cuando piensan en cómo los ven los demás, casi siempre se perciben ante el ojo ajeno como “el raro del grupo”o “el extraño”.

Sin embargo, esto no siempre es así en realidad, o no en el 100% de los casos.

Para concluir, basta solo añadir que cada uno de nosotros tenemos un tipo de personalidad y que ninguna es mejor que otra.

Siempre y cuando, eso sí, seamos capaces de construir nuestra propia felicidad en respeto y en adecuada convivencia.

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