Dieta y alimentación en la fibrosis quística

24 julio, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la nutricionista Marta Jiménez
Una buena alimentación evita el deterioro de la función pulmonar y disminuye el riesgo de infecciones. Te contamos como confeccionar un menú adecuado para el tratamiento de la fibrosis quística.

La dieta y la alimentación en la fibrosis quística son componentes fundamentales en el manejo y en el pronóstico de esta enfermedad. Sigue leyendo y conoce el por qué en este artículo.

La fibrosis quística es una enfermedad crónica hereditaria y degenerativa que afecta principalmente a los pulmones y al aparato digestivo. Se produce por la mutación de una proteína que interviene en la secreción de moco y en la regulación del transporte de cloro y sodio. En determinados casos de fibrosis quística, se diagnostica una insuficiencia pancreática exocrina. Esto quiere decir que el páncreas se encuentra incapacitado para secretar aquellas enzimas responsables de la digestión de los lípidos de la dieta.

Por tanto, el estado nutricional tiene un papel fundamental tanto en el desarrollo de la enfermedad como en la calidad de vida de los pacientes. Una buena alimentación evita el deterioro de la función pulmonar y disminuye el riesgo de infecciones.

¿Por qué se produce desnutrición en la fibrosis quística?

La desnutrición es un factor de morbi-mortalidad y deterioro de la calidad de vida. La malnutrición en la fibrosis quística está motivada por un desbalance entre el consumo energético y el gasto calórico, determinado por tres factores: el aumento de los requerimientos, el descenso de la ingesta y el aumento de las pérdidas.

  • Gasto energético y metabolismo: el gasto energético basal (GEB) se encuentra aumentado. La enfermedad pulmonar, junto con sobreinfecciones y con el aumento del trabajo respiratorio, provoca el aumento del GEB.
  • Descenso de la ingesta: generalmente, los pacientes con fibrosis quística suelen ser propensos a complicaciones que limitan el consumo de alimentos por vía oral, con las consiguientes alteraciones digestivas por una baja ingesta de calorías.
  • Pérdida de energía: esto se debe a la pérdida de nutrientes en heces debido a la maladigestión y malabsorción, lo que provoca un desequilibrio energético.
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Recomendaciones sobre la alimentación en la fibrosis quística

Antes de realizar los cambios necesarios en la dieta, es necesario realizar una valoración exhaustiva de los hábitos dietéticos y evaluación de las medidas antropométricas. El índice de masa corporal (IMC) en mujeres debe posicionarse en torno a 22 kg/m2 y en hombres, en torno a 23 kg/m2.

La alimentación en la fibrosis quística va a ser similar a la de una persona sana. Pero no debemos de olvidar una serie de recomendaciones especiales:

  • Aumento de la ingesta de energética: aportar entre el 120-150 % de las necesidades energéticas por edad y peso. En caso de pérdida de peso, está recomendado superar el 150 %.
  • Aporte proteico: es necesario aportar un 120 % -150 % de los requerimientos recomendados de proteínas por edad y peso.
  • Hidratos de carbono: los hidratos de carbono deberán representar entre el 40-45 % del valor calórico total. Se recomienda el consumo de hidratos de carbono complejos, evitando los azúcares simples para mantener el control de la glucosa en sangre. Si existe insuficiencia respiratoria, se debe restringir la ingesta a un 30 %. Recuerda que los azúcares de alto índice glucémico puede favorecer la respuesta inflamatoria, según investigaciones recientes, lo cual complica el manejo de la enfermedad.
  • Aporte de lípidos: representan un 40-45 % de la ingesta total. Se debe tener en cuenta que el aporte de ácidos grasos saturados no debe de superar el 10 %. Por otra parte es necesario restringir el consumo de lípidos de tipo trans. De acuerdo con un estudio publicado en la revista Progress in Lipid Research, estos nutrientes son capaces de amplificar la respuesta inflamatoria e incrementar la incidencia de varias enfermedades.
  • Minerales: se debe asegurar un aporte adecuado de minerales como el calcio, cinc, hierro y sodio.
  • Vitaminas liposolubles: se precisa suplementar con vitaminas A, D y E y, dependiendo de la analítica, con vitamina K.
Vitaminas

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Pero, ¿Cómo se deben llevar a cabo esta serie de recomendaciones?

Se recomienda repartir las comidas en 3 tomas principales y dos o tres comidas intermedias. Es de vital importancia, con el fin de aumentar el aporte energético, incluir alimentos calóricos saludables en las elaboraciones, tales como:

  • Aceites saludables, como el aceite de oliva virgen extra.
  • Frutos secos.
  • Pescados azules.
  • Lácteos y derivados enteros: nata, mantequilla, quesos.
  • Alimentos con azúcar, como son dulces o repostería casera, helados.

Suplementación

En algunas ocasiones, la dieta es insuficiente y se hace necesaria la suplementación con leches fortificadas, geles de carbohidratos y/o proteínas o alimentación artificial (nutrición enteral o parenteral).

Como hemos mencionado anteriormente, existen casos en los que hay insuficiencia del páncreas exocrino y es necesaria la suplementación enzimática de por vida. Dicha condición aparece recogida en una publicación de la revista Gastroenterología y Hepatología. Si no se aportan las enzimas de forma exógena, la grasa no se digiere ni se absorbe y se excreta con las heces.

Una dieta adecuada para el tratamiento de la fibrosis

La dieta es uno de los pilares fundamentales en el tratamiento de la fibrosis quística. Mejora la alimentación puede facilitar el manejo de la enfermedad y reducir sus complicaciones. Busca siempre la introducción de alimentos con carácter antiinflamatorio, evitando aquellos que son capaces de estimular las reacciones de cascada inflamatoria.

Si tienes más dudas consulta con un profesional de la nutrición. Este podrá confeccionar un menú adecuado a tus necesidades que te permita convivir de manera más sencilla con la enfermedad.

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  • Domínguez Muñoz JE., Fisiopatología, diagnóstico y tratamiento de la insuficiencia pancreática exocrina en el paciente con pancreatitis crónica. Gastroenterología y Hepatología, 2005.