Cuál es la diferencia entre hablar con un bebé y un niño

Thady Carabaño · 20 enero, 2019
Son muchos los padres que cambian el tono cuando hablan con un bebé o con niños pequeños. Parece ser algo natural. Pero un estudio concluyó que es lo mejor para ayudarlos a desarrollar el lenguaje.

En los primeros años de vida, los niños desarrollan el habla y el lenguaje. Los padres, por supuesto, son determinantes para que los niños desarrollen sus habilidades. En estos casos, al hablar con un bebé o un niño pequeño es frecuente que muchos exageren su forma y estilo. Por el contrario, otros hablarán como normalmente lo hacen con los adultos. ¿Quién está en lo cierto? Lo descubrimos en este artículo

Cuando al hablar con un bebé y un niño cambiamos el tono de voz no suele ser una decisión consciente. Lo que mejor estimula el desarrollo del lenguaje es el estilo del habla y el contexto social. Ese hablar «aniñado» que usan muchos padres con sus hijos, en ocasiones criticado o desvalorizado, es un buen estímulo para el rápido desarrollo del habla y el lenguaje.

Para hablar con un bebé y un niño: entusiasmo y atención

Las ventajas de hablarles con un tono aniñado

Bebé en casa

Patricia Kuhl, codirectora del Instituto de Aprendizaje y Ciencias Cerebrales  de la Universidad de Washington, y Nairán Ramírez-Esparza, profesor asistente de psicología en la Universidad de Connecticut, hicieron un análisis del intercambio verbal de 26 bebés con sus padres.

Para recabar la información, utilizaron bebés de un año de edad que llevaban puestos unos chalecos con grabadoras de audio. Recolectaron sonidos del entorno de los niños, durante 8 horas del día durante 4 días. Con la ayuda de un sofware procesaron miles de fragmentos de intercambios verbales de 30 segundos. Lo primero que identificaron fue que los padres que utilizaban el tono «aniñado» (exagerando la pronunciación y elevando el tono en algunas palabras), obtenían más respuestas.

El balbuceo es un hito precursor de la pronunciación de las palabras durante su aprendizaje. Por lo que al hablar con un bebé y un niño, los padres que utilizaron este entusiasmo y énfasis diferente obtuvieron un «intercambio» mayor, que los que usaron un tono neutro. Pero hay más. Los padres que además de usar ese tono enfático y animado, hablaron con el bebé individualmente, sin que intervinieran otros adultos o niños a su alrededor, también mejoraron la cantidad de «respuestas» de sus hijos.

Ver: Cómo activar el habla del bebé 

La calidad es más valiosa que la cantidad

Los estudios previos se solían centrar en que la cantidad de palabras que escuchaban los bebés era lo determinante. La investigación de Kuhl y Ramírez-Esparza cambió el rumbo. El estudio, publicado en el año 2014 por la revista Developmental Science, demostró que la calidad de la conversación y el contexto es decisivo para el desarrollo de habla y el lenguaje, mucho más que la cantidad de palabras.

La importancia del tono feliz y de la dedicación exclusiva

Niño y madre cogiéndose las manos.
El habla efusiva facilita el comprendimiento y asimilación de las palabras en los más pequeños.

Pero la investigación no terminó allí. Al cabo de un año, cuando los niños ya tenían 2 años, convocaron de nuevo a los padres. Les pidieron precisar cuántas palabras conocían sus hijos. Aquellos hijos de padres que utilizaban un tono neutro y no hacían énfasis en la conversación individual conocían unas 169 palabras. Entre tanto, los niños de padres que les hablaban individualmente y con el tono enfático y feliz, conocían unas 433 palabras en promedio. ¡Una diferencia significativa!

La actitud de los padres que conversaban con sus hijos utilizando un tono especial y brindándoles una atención exclusiva mientras eran bebés, fue decisiva en el posterior desarrollo del lenguaje.

Recuerda…

  • Al hablar con un bebé y un niño, invítalo a decir más. Por ejemplo: «Dime más», «¿Qué te parece?», «¿De verdad?», «Cuéntame»…
  • Escucha atentamente lo que dice o intenta decir su hijo. Incluso si estás ocupada, es mejor explicarle que fingir que lo estás escuchando: «Ahora estoy ocupada, pero en un rato me cuentas».
  • Es mejor proponer que negar. En vez de decirles: «No molestes al perro» es mucho mejor: «Trata con cariño a tu mascota».
  • Utiliza mensajes empáticos que reflejen lo que sienten los niños y los inviten a expresar sus pareceres. Por ejemplo. «Tú estas molesto porque no te prestaron el juguete».
  • Es mejor hablar con los niños que darles instrucciones. Generalmente, le decimos a los niños qué tienen que hacer, pero pocas veces escuchamos lo que tienen que decirnos.
  • Habla de cómo te sientes con su conducta, antes de descalificarlo por lo que hizo.

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Consideraciones finales

Madre leyendo un cuento al bebé.
La idea no es cambiar las palabras por diminutivos u otros más sencillos, sino en adaptar a un tono más efusivo y empático.

Ese tono distinto que se utiliza al hablar con un bebé y un niño, que surge naturalmente, parece beneficiar a sus hijos. En las familias que hablan poco o que no hay tiempo para atender individualmente a los hijos, se pueden ver problemas con el lenguaje. Esta estudio demostró que sí es importante la forma cómo se habla con los niños. El tono y el lenguaje afectuoso, cercano e individualizado para niños y bebés es el que mejores resultados ofrece para captar su atención e impulsar su evolución lingüística.

No se trata de hablar por hablar. Tampoco de pronunciar mal las palabras o de utilizar diminutivos. Más bien es hacer ese énfasis en las palabras importantes. Usar un tono cálido de voz y prestar atención individual a los niños es fundamental. Buscar la interacción y la respuesta del bebé es el comienzo para que luego avance en el habla y el lenguaje.