Dislocación congénita de cadera en el bebé

Este artículo fue redactado y avalado por la farmacéutica María Vijande
27 junio, 2019
La dislocación congénita de cadera afecta a 1 de cada 1000 bebés y en 1 de cada 3 niños se observa una ligera inestabilidad en esta articulación. Además, las niñas son más propensas a desarrollar esta anomalía.

La dislocación congénita de cadera es una afección en la que la articulación de la cadera es anormal. También es conocida bajo el nombre de displasia del desarrollo de la cadera.

Algunos bebés nacen con esta malformación. Se caracteriza porque la cabeza del fémur no encaja adecuadamente en la articulación, lo que puede provocar cojera y dolor más adelante.

Puede ocurrir también que, en los casos más graves, esta afección sea incapacitante para la persona que la padece.

La dislocación congénita de cadera afecta a 1 de cada 1000 bebés y en 1 de cada 3 niños se observa una ligera inestabilidad en esta articulación. Además, las niñas son más propensas a desarrollar esta anomalía.

Causas de la dislocación congénita de cadera

dislocación congénita de cadera

La dislocación congénita de cadera se considera una afección de “herencia multifactorial”, lo que quiere decir que el defecto congénito puede ser causado por muchos factores, que son, normalmente, genéticos y ambientales.

Una de las influencias del ambiente que se cree que contribuye a la displasia de la cadera es la respuesta del bebé a las hormonas de la madre durante el embarazo. Un útero estrecho que no permite el movimiento fetal o un parto de nalgas también pueden causar displasia de cadera.

Generalmente, la cadera izquierda suele ser más propensa a verse afectada que la derecha, por la posición del feto dentro del útero.

Por otra parte, los bebés primogénitos tienen mayor riesgo de sufrir dislocación de esta articulación. Esto se debe a que el útero de la madre primípara es más pequeño y el espacio para que el bebé se mueva está más limitado, lo cual afecta al desarrollo de la cadera.

Otros factores de riesgo pueden ser:

  • Antecedentes familiares de displasia del desarrollo de la cadera o de ligamentos muy flexibles.
  • La posición del bebé dentro del útero, en especial con la presentación de nalgas.
  • Asociaciones con otros problemas ortopédicos, como el metatarsus adductus, la malformación de pie zambo, patologías congénitas y otros síndromes.

¿Qué síntomas puede desencadenar?

En los bebés recién nacidos, los signos de la dislocación congénita de cadera son muy sutiles y pueden pasar desapercibidos para los padres.

Sin embargo, la exploración de las caderas forma parte de la rutina habitual de exploración clínica que los pediatras realizan a los recién nacidos.

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Algunos de los síntomas más característicos de la displasia de cadera en los bebes son:

  • Detección de un click o sonido hueco durante la maniobra de la exploración de las caderas.
  • Dificultad para mover una pierna respecto a la otra.
  • Asimetría de miembros inferiores, notando una pierna más corta que la otra.
  • Asimetría en los pliegues que se observan normalmente en la ingle de una pierna respecto a la otra.
  • Cojera al caminar: este sería un signo tardío. Lo habitual es que se detecte en los primeros meses de vida del bebé, antes de que comience a caminar.
  • Escoliosis: es la formación de una curvatura anormal de la columna vertebral para intentar compensar el reparto desigual de peso entre ambas piernas.

¿Cómo se puede diagnosticar?

Dislocación congénita de cadera

El diagnóstico se sospecha desde el momento del nacimiento cuando se realiza al bebé su primer examen físico. Para ello, se lleva a cabo una maniobra llamada Ortolani-Barlow. Cuando esta maniobra es positiva, se confirma el diagnóstico con una ecografía o radiografía de cadera.

En algunas ocasiones, también se pasa consulta con un traumatólogo infantil.

Tratamiento de la dislocación congénita de cadera

Antes de los 6 meses, no es necesario que se traten ortopédicamente todos los casos. Los tratamientos varían en función de la gravedad del caso y de la edad del niño.

En los más leves, se recomienda un tratamiento postural como, por ejemplo, llevar al bebé a horcajadas o que duerma boca arriba con las pernas abiertas para intentar que el hueso vuelva a colocarse de forma natural en su sitio.

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En la medida en que la enfermedad se agrava, se suelen utilizar algunos tipos de prótesis blandas o más rígidas y otros tratamiento, como el arnés de Pavlik. Este aparato consiste en unas correas que mantienen las caderas en flexión de 100 grados para reducir la luxación.

Si aún con tratamientos ortopédicos no se consigue corregir la dislocación, la cirugía sería la última solución.

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