Distimia, la melancolía que nos hace prisioneros

Valeria Sabater · 5 septiembre, 2015 · Última actualización: 7 febrero, 2019 7 febrero, 2019
El origen de la distimia podría estar en la herencia genética por lo que, si algún familiar ha padecido episodios similares, cabe la posibilidad de que nosotros también los suframos

La distimia es un trastorno depresivo persistente. A pesar de involucrar una depresión más bien leve, el problema esencial radica en el hecho de que suele ser crónica.

El término “distimia” tiene sus raíces en el griego: se trata de la conjunción de “dis-” (anormal) y “thymos” (humor). Por tanto, viene a definir un estado de ánimo donde la apatía, la melancolía y unas escasas energías para afrontar el día a día conforman una sensación muy común en muchas personas.

Si es este tu caso y te sientes identificada, te invitamos a conocer más datos a continuación. Evita que la distimia sea el túnel que aprisiona tu vida.

Distimia, el desánimo que nos hace prisioneros

Es importante tener en cuenta que a pesar de ser el trastorno depresivo más habitual, los psicólogos y psiquiatras no lo consideran como una depresión profunda, sino como un trastorno del estado del ánimo que, de no tratarse, puede alterar nuestro día a día.

Veamos ahora los pilares básicos que la definen.

1. El origen de la distimia

No queda claro qué determina la aparición de la distimia. No obstante, existen algunos aspectos a tener en cuenta:

Origen bioquímico

Uno de los motivos por los cuales es tan complicado gestionar de modo personal la distimia es porque, en ocasiones, este tipo de melancolía crónica no se debe a factores externos, sino internos.

Una alteración en nuestros neurotrasmisores como, por ejemplo, un déficit en la serotonina, deriva en una variabilidad de nuestro estado anímico, ahí donde el cerebro queda suspendido en una baja estimulación y en un estado de abatimiento progresivo.

La genética

Debemos conocer nuestros antecedentes familiares. Si nuestra madre o alguno de nuestros abuelos padeció o padece una depresión menor o su carácter es casi siempre apático, negativo y pasan épocas de abatimiento, hay que estar alerta. En efecto, la distimia suele heredarse, y la prevalencia es mayor de madres a hijas. No es determinante, pero sí existe una probabilidad.

El entorno, los patrones educativos

El vivir en un hogar donde los vínculos afectivos han sido algo traumáticos es, en ocasiones, determinante. Además, las experiencias negativas, las pérdidas personales o los fracasos sentimentales también son detonantes de este estado anímico que, sin llegar a ser una depresión severa, sí que afecta a nuestro día a día.

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distimia

2. Síntomas de la distimia

  • Nuestro estado de ánimo suele tener muchos altibajos. Hay días que nos sentimos con más energías pero, al poco, perdemos las ganas, el ánimo, la esperanza…
  • A esta melancolía se le añade en ocasiones el mal humor o la irritabilidad. Si, además, contamos con un entorno que no entiende lo que nos ocurre, la sensación empeora ante frases como “es que siempre estás amargada” o “es que nunca tienes ganas de nada”.
  • Nos cuesta mucho disfrutar de las cosas positivas del día a día, no tenemos ánimo y es muy difícil que en algún momento nos digamos a nosotras mismas eso de “me siento feliz, hoy estoy bien”.
  • Trastornos del sueño: El sueño nunca nos permite levantarnos descansadas. Nos despertamos muchas veces y es difícil que conciliemos un sueño reparador.
  • Nos cuesta mucho concentrarnos, tenemos pequeños fallos de memoria e incluso, en ocasiones, nos cuesta seguir la trama de una película o un libro.
  • Es frecuente que sintamos cefaleas, dolores musculoesqueléticos, mareos

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¿Cómo podemos afrontar la distimia?

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Lo más complejo de la distimia es que aparece en nuestra vida casi sin que nos demos cuenta. Poco a poco, tenemos menos ganas de hacer cosas, el ánimo cae y nuestra felicidad y equilibrio se van deshilachando.

Es necesario que tengas en cuenta estos aspectos:

  • La distimia tiene casi siempre un origen orgánico. Así pues, es necesario un tratamiento farmacológico que regule el buen funcionamiento de nuestros neurotrasmisores.
  • A pesar de que la palabra “crónico o persistente” pueda asustarte, no deja de ser una definición general. Muchos pacientes han logrado superarla mediante fuerza interior y el apoyo familiar.
  • Entiende que ningún dolor, tristeza o melancolía debe ser eterno. La vida fluye, cambia y se mueve, y tú debes permitirte formar parte de ese movimiento. Un buen modo de conseguirlo es haciendo cambios.
  • Empieza por cosas pequeñas. Por ejemplo, cambia tu peinado, cambia tu alimentación para que sea más saludable, etc. Todo ello son estímulos, motivantes y nuevas ilusiones. El motor de cambio está en tu interior y es necesario que lo alimentes con ilusiones renovadas.

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  • A pesar de que la distimia requiere algo de tiempo, es un trastorno que puede superarse mediante la medicación, y enfocando la vida de otra manera.

Por tanto, no te aferres a las raíces del negativismo. Amárrate con fuerza a esas colas de cometa que aparecen cada día para llevarte más alto, para desplegar de nuevo tus alas con optimismo y valentía.

  • Harvard Health Publishing, "Dysthymia", 2014. https://www.health.harvard.edu/newsweek/Dysthymia.htm
  • Howland RH1, Thase ME, "Biological studies of dysthymia", Biol Psychiatry. 1991 Aug 1;30(3):283-304.
  • Akiskal HS, "Dysthymia: clinical and external validity", Acta Psychiatr Scand Suppl. 1994;383:19-23.