Dolor crónico: tratamientos naturales y estrategias para mejorar nuestra calidad de vida.

Valeria Sabater·
24 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña al
11 Marzo, 2019
Los fármacos pueden ayudar a calmar el dolor, pero no a eliminarlo. También deben adoptarse unos hábitos alimenticios saludables y una actitud positiva.

El dolor crónico es un enemigo invisible que hace prisionero al doliente. Le encierra en su celda para alejarle de la realidad que le rodea. Le priva, en ocasiones, de su rutina habitual, aquella que le redefine como persona.

Esto, a su vez, afecta al enfermo en los ámbitos relacionados con el trabajo, la familia y los amigos, que quedan relegados a un segundo plano ante la incapacidad del “funcionamiento adecuado”.

El dolor inmoviliza, no hay duda, y más cuando persiste en el tiempo. De ahí, la importancia de un nuevo enfoque donde los fármacos no sean el único e indispensable recurso.

Es importante saber que el dolor crónico es una dolencia compleja donde se entremezclan varios factores físicos, psicológicos y neurológicos. Así lo afirma este informe del National Center for Complementary and integrative Health.

Esta situación es un desafío, es cierto, pero existen suficientes armas para hacerle frente y obtener una mejor calidad de vida. Veamos pues, cómo puede afrontarse.

¿Realmente sufres de dolor crónico?

El primer e indispensable paso es identificar a qué se debe ese dolor. Los diagnósticos médicos son los que van a dar una idea de lo que está sucediendo, pero es necesario distinguir la diferencia entre “dolor” y “dolor crónico”.

Un accidente, la rotura de un hueso o un postoperatorio son situaciones habituales en las que se sufre. Cuando ese sufrimiento se prolonga más allá de los seis meses, la vida empieza a tener otra concepción y la persona empieza a recurrir  a los fármacos, se pierde la energía, la motivación…

Parece abrirse una puerta a la oscuridad en la que quedas atrapado. Y todavía es más complicado en el caso, por ejemplo, de las personas afectadas de fibromialgia, donde el diagnóstico tarda mucho en llegar.

Pueden pasar meses, e incluso los años, sin que se obtenga un resultado claro de la causa del malestar generalizado que les dificulta el poder llevar una vida con normalidad.

Saber qué está sucediendo en el cuerpo es el primer escalón para superar este proceso. A continuación, encontrarás una serie de pautas para sobrellevar el dolor crónico de una forma menos dolorosa.

 

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Pautas psicológicas para hacer frente al dolor crónico

Técnica de la “A”

mujer apretándose las sienes debido a un fuerte dolor de cabeza
Cuando el dolor nos hace prisioneros, de nosotros depende hacerle frente.

Habitualmente, se suele pensar que el dolor es algo momentáneo o pasajero. Una situación atípica que se aliviará con un calmante o con reposo.

No obstante, cuando por fin se obtiene un diagnóstico y se descubre que el dolor se va a prolongar en el tiempo, el impacto psicológico que se sufre puede ser brutal.

Aquí, está permitido experimentar ansiedad, rabia y miedo ante esa sensación de padecimiento. Este es un proceso en el que van a emerger toda una serie de sentimientos y emociones que debes satisfacer e identificar para luego afrontar.

Por todo ello, se hace necesario conocer la sencilla técnica de las tres “As”:

  • Acepta pero no evites. Asume que padeces dolor, pero ello no es sinónimo de quietud ni de evitar lo que forma parte de la vida y te define como persona. Busca el apoyo de los tuyos, afronta cada momento con las máximas energías que te sea posible.
  • Acepta seguir experimentando. El día a día obliga a seguir adelante, a ofrecer sensaciones y emociones a las que no hay que girar el rostro.
  • Aceptar es sinónimo de compromiso. Comprende que sufres una determinada enfermedad, que el dolor va a estar presente en determinadas ocasiones. Sin embargo, debes asumir el compromiso de hacerle frente. Tienes que adecuar tus metas a tus propias capacidades para obtener los máximos beneficios posibles.

 

 

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Las armas del pensamiento

El pensamiento es nuestra mayor arma a la hora de combatir el dolor; él será nuestro aliado o enemigo.

Las emociones afectan directamente a la sensación de dolor. Esos días en que uno se encuentra más estresado o apesadumbrado, el dolor crónico se perfila en el cuerpo con mayor incidencia. ¿Qué tal entonces si aprendes a dominar tus pensamientos, a darles un giro hacia la positividad en la medida que te sea posible?

Si pensar negativamente va a hacer daño, lo mejor será reconocer los momentos en los que empiezan a emerger esos pensamientos. Por las mañanas, por ejemplo, al levantarte de la cama y sentir que el cuerpo no te responde, prohibido pensar “no puedo” ono voy a poder con esto”.

Cámbialo por “lo voy a intentar” o mejor aún, “voy a conseguirlo”.

El reloj puede esperar

Hay que entender que son necesarios otros ritmos. La vida no es una carrera, sino un paseo en el que aprender a ser felices. Está claro que existen obligaciones y el dolor a veces no va a permitir llegar a todos esos objetivos que marca la mente.

El cuerpo requiere ahora de un poco más de tiempo para realizar las actividades normales y no caer en los dos errores más habituales:

  • Eliminar aquellas actividades que son placenteras, como puede ser quedar para tomar un café, llevar a los niños al parque o salir con amigos. Tu tiempo personal es irreemplazable.
  • Aprovechar esos días en los que te sientes mejor para realizar todas las obligaciones pendientes. ¿Qué va a suponer eso? Un sobreesfuerzo innecesario que agravará aún más el dolor crónico al día siguiente.

Es muy importante, pues, controlar tu autoexigencia. Pero, además, es fundamental marcar pausas para disfrutar de la vida y de los seres queridos. También, se deben delegar tareas y no cargar sobre la espalda todas y cada una de las responsabilidades.

El tesoro de los valores

Aunque te aterre la idea, en ocasiones, el dolor crónico puede limitar ciertos aspectos de la vida que solían determinar tu personalidad.

Tal vez tengas que dejar de trabajar, o dejar de realizar ciertas actividades que antes eran importantes para ti. Es posible. Pero esto abre a su vez una nueva etapa en la que replantearte muchos aspectos de la vida, como son los propios valores.

¿Qué es realmente importante para mí? ¿Qué es lo que más valoro? ¿Estoy actuando de modo coherente con mis propios principios?

Es, pues, indispensable plantearse todos estos interrogantes. Valora si es el momento de actuar de acuerdo a ellos, en concordancia a lo que verdaderamente es importante.

Un favor para tu cuerpo: la relajación

Sueño reparador
Lo ideal es tomar un par de horas de tu día para realizar ejercicios de relajación o simplemente para pasar un rato tranquila, sola y descansando.

Una de las mejores técnicas es la llamada relajación de “Jacobson”, según afirma este informe realizado por un equipo de la Universidad de Almería.

Se basa en tensar y destensar los diferentes grupos musculares del cuerpo eliminando la rigidez, para dejarlo suspendido en un estado de calma y relajación. Basta entonces con buscar un rincón tranquilo de la casa y empezar a practicarla cada día.

Si eres constante con este procedimiento, notarás los beneficios en poco tiempo.

Mantén una alimentación equilibrada

El uso exclusivo de fármacos no va a ayudarte a resolver el problema del dolor. De ahí surge también la importancia de compensar el equilibrio apoyandote en unos correctos hábitos alimenticios.

Si bien no eliminarán el dolor, le vendrán muy bien a tu organismo.

Alimentos que NO debes tomar

  • Productos muy azucarados, refinados o fritos.
  • Proteínas de origen animal, como pueden ser los embutidos. Tampoco son recomendables los alimentos ricos en oxalato o ácido úrico, como las carnes rojas.
  • Alcohol.

Alimentos recomendables contra el dolor crónico

  • Vegetales frescos: en especial zanahoria, ajo, cebolla, apio, sábila…
  • Alimentos ricos en: potasio, cinc, selenio y silicio, muy recomendable por ejemplo para tratar la fibromialgia.
  • Grasas vegetales: como el aceite de oliva, el de sésamo o de girasol.
  • Cereales integrales: como el amaranto, el mijo o el maíz. Son ricos en proteínas, vitaminas y minerales.
  • Magnesio: interviene en el proceso de la contracción muscular.
  • Antioxidantes: La vitamina C, A, y E, incluidas en la zanahoria, la naranja, el aguacate, el limón…
  • Aceites y leches vegetales. La leche de soja o almendras, por ejemplo, son una fuente indispensable de calcio que no debemos dejar de incluir en nuestra dieta.

No dejes nunca de luchar contra el dolor crónico

Levantarse con dolor un día tras otro es, desgraciadamente, una experiencia que limita la vida y produce mucha frustración.

La fibromialgia, la artritis, la lumbalgia o el lupus son enfermedades complejas que afectan al desarrollo óptimo de la vida. Sin embargo, no debes verlas como situaciones estacionarias o paralizantes.

El dolor crónico no es una etiqueta que ponerse a uno mismo al mirarse al espejo. Es un desafío que afrontar, momento a momento; con el que aprender a conocerse mejor.

Debes saber que el tener una buena calidad de vida dependerá, directamente, de tu estado de ánimo. Lo conseguirás con ayuda de los tuyos, con pensamientos positivos y, por supuesto, con la fortaleza que te caracteriza.