Dolor crónico: tratamientos naturales y estrategias para mejorar nuestra calidad de vida.

Este artículo fue redactado y avalado por Valeria Sabater
· 1 noviembre, 2013 · Última actualización: 11 marzo, 2019 11 marzo, 2019
Los fármacos nos pueden ayudar a calmar el dolor, pero no a sanarlo. También debemos adoptar unos hábitos alimenticios saludables y una actitud positiva

El dolor es ese enemigo invisible que nos hace prisioneros. Nos encierra en su celda para alejarnos de lo que nos rodea. Nos priva en ocasiones de seguir inmersos en la necesitada rutina vital que nos define como personas, donde el trabajo, la familia y los amigos, quedan relegados en segundo plano ante la incapacidad de “funcionar”. Esto se intensifica cuando sufrimos alguna dolencia con dolor crónico.

El dolor inmoviliza, no hay duda, y más cuando persiste en el tiempo y se vuelve “crónico”. De ahí la importancia de un nuevo enfoque donde los fármacos no sean el único e indispensable recurso. Porque no se trata de algo que la medicina trate siempre de modo exitoso.

Así, las personas aquejadas de fibromialgia, por ejemplo, no han obtenido aún esa receta idónea que solucione su enfermedad. Por ello debemos saber que el dolor crónico es una dolencia compleja donde se entremezclan varios factores. Entre ellos, los que debemos saber afrontar son: factores físicos, psicológicos y neurológicos.

El dolor es un desafío, lo sabemos. Pero todos tenemos suficientes armas como para hacerle frente y obtener una mejor calidad de vida. Veamos pues cómo podemos afrontarlo.

¿Qué tipo de dolor es el que tengo?

El primer e indispensable paso es identificar a qué se debe ese dolor. Los diagnósticos médicos son los que nos van a dar una idea de lo que está sucediendo. Pero hemos de saber distinguir la diferencia entre “dolor” y “dolor crónico”.

Un accidente, la rotura de un hueso, un post-operatorio…, son situaciones habituales en las que solemos sufrir. Pero cuando ese sufrimiento se prolonga más allá de los seis meses, nuestra vida empieza a tener otra concepción. Hemos de recurrir a los fármacos, perdemos energía, motivación, nos sentimos imposibilitados a la hora de realizar determinadas cosas…

Ante nosotros parece abrirse una puerta de oscuridad en la que quedamos atrapados. Y todavía es más complicado en el caso, por ejemplo, de las personas afectadas de fibromialgia, donde el diagnóstico tarda mucho en llegar.
Pueden pasar meses, e incluso los años, sin obtener un resultado claro de a qué se debe ese malestar generalizado que les dificulta el poder llevar una vida con normalidad.

Saber qué está sucediendo en nuestro cuerpo es el primer escalón a superar en este proceso hacia la búsqueda de una mejor calidad de vida. Te proponemos a continuación una serie de técnicas para sobrellevar el dolor crónico de una forma menos dolorosa.

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Técnica de la “A”

mujer apretándose las sienes debido a un fuerte dolor de cabeza
Cuando el dolor nos hace prisioneros, de nosotros depende hacerle frente.

Habitualmente tenemos la experiencia de que el dolor es algo momentáneo o pasajero. Algo que se alivia con un calmante o reposo, pensando que no va a afectar al ritmo normal de nuestra existencia. Pero cuando obtenemos un diagnóstico y se nos da a entender que el dolor se va a prolongar en el tiempo, tiene en ocasiones un impacto en los procesos vitales de la persona que lo sufre.

¿Cómo se siente entonces el afectado?

Laboralmente

Nos sentimos limitados o incapacitados, se inician los retrasos o las bajas… A la vez que aumenta ese sentimiento de incapacidad por cumplir y el temor a ser despedido. Socialmente notamos como la persona afectada por dolor crónico empieza a dejar más apartadas sus relaciones con amigos o allegados. Baja el ánimo y la simple motivación por salir y disfrutar del tiempo de ocio empieza a resentirse.

Las relaciones

Tanto las de familia como las de pareja suelen verse afectadas. El ánimo ya no es el mismo, e incluso pueden llegar a sentirse incomprendidos por sus seres más cercanos.

El dolor crónico es algo que solo uno mismo siente y padece. Pero no por ello debemos crear un círculo alrededor nuestro en el que quedar únicamente pendientes de él y de esos fármacos que pautan nuestras horas en busca de alivio.

El siguiente paso una vez recibido el diagnóstico es la aceptación. Aquí está permitido experimentar ansiedad, rabia y miedo ante esa sensación de padecimiento. La aceptación es un proceso en el que van a emerger toda una serie de sentimientos y emociones que debemos satisfacer e identificar para luego afrontar.

Por todo ello, se hace necesario conocer la sencilla técnica de las tres “As”:

  • Aceptamos pero no evitamos. Asumimos que padecemos dolor, pero ello no es sinónimo de quietud ni de evitar lo que habitualmente forma parte de nuestra vida y nos define como personas. Buscaremos el apoyo de los nuestros, afrontaremos cada momento con las máximas energías que nos sea posible.
  • Aceptamos seguir experimentando. El día a día nos obliga a seguir adelante, a ofrecernos sensaciones y emociones a las que no debemos girar el rostro.
  • Aceptar es sinónimo de compromiso. Comprendemos que sufrimos una determinada enfermedad, que el dolor va a estar presente en determinadas ocasiones. Sin embargo, debemos asumir el compromiso de hacerle frente. Tenemos que adecuar nuestras metas a nuestras propias capacidades para obtener los máximos beneficios posibles.

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Aceptar no es quedarse únicamente con el sufrimiento

En absoluto. Es entonces cuando debemos iniciar un proceso psicofisiológico donde reducir el miedo y evitar la depresión. Donde aceptar un nuevo papel personal con valores, enfrentándonos a la vida con optimismo y seguridad en nosotros mismos.

Abrir nuevas ventanas al dolor crónico

En ocasiones, en nuestros intentos por luchar contra el dolor crónico, puede hacernos caer en determinados círculos viciosos. No obstante, esto no va a ayudarnos precisamente a solucionar el problema. Un ejemplo sería tal vez reprochar a nuestros familiares el no comprender la situación que estamos viviendo. O pensar que la propia enfermedad nos va a dejar aislados en una cama a merced de un tratamiento médico.

El miedo y la ansiedad puede hacernos caer en una depresión. Por ello debemos saber desarrollar nuestros propios recursos para poder abrir nuevas puertas. Nuevas entradas a esa vida que tenemos por delante y que viviremos con todos los ánimos. Prohibido entonces el refugiarnos en nuestra soledad. El apoyo social y emocional es indispensable para mantener nuestro equilibrio personal.

Es probable que seamos ese tipo de personas habituadas a la independencia, a no necesitar ayuda alguna en ningún aspecto. Pero a todos nos llega ese momento en que se debe tender la mano para que alguien nos atienda y nos acompañe física y emocionalmente.

Hablar con familiares, amigos, médicos, psicólogos o incluso formar parte de asociaciones relacionadas con nuestra enfermedad, nos va a ayudar a ser fuertes y, sobre todo, a comprender que no estamos solos.

Las armas de nuestro pensamiento

El pensamiento es nuestra mayor arma a la hora de combatir el dolor; él será nuestro aliado o enemigo.

Las emociones afectan directamente a nuestra sensación de dolor. Esos días en que nos encontramos más estresados o apesadumbrados, el dolor crónico se afila en nuestro cuerpo con mayor incidencia. ¿Qué tal entonces si aprendemos a dominar nuestros pensamientos, a darles un giro hacia la positividad en la medida que nos sea posible?

Si pensar negativamente nos va a hacer daño, lo mejor será reconocer los momentos en los que empiezan a emerger esos pensamientos. Por las mañanas, por ejemplo, al levantarnos de la cama y sentir que el cuerpo no nos responde, prohibido pensar “no puedo” ono voy a poder con esto”. Cámbialo por “lo voy a intentar” o mejor aún, “voy a conseguirlo”.

El reloj puede esperarnos

Hemos de comprender que necesitamos otros ritmos. La vida no es una carrera, sino un paseo en el que aprender a ser felices. Está claro que tenemos obligaciones y el dolor a veces no nos va a permitir llegar a todos esos objetivos que se marca nuestra mente. Nuestro cuerpo requiere ahora de un poco más de tiempo para realizar las actividades normales, eso hemos de tenerlo claro y no caer en los dos errores más habituales:

  • Para poder cumplir con todas nuestras obligaciones nos inclinamos por eliminar aquellas actividades que nos son placenteras, como puede ser quedar para tomar un café, llevar a los niños al parque… Eso acabará desembocando en unos días grises. En ellos desaparece el placer y el tiempo para uno mismo, donde se incrementa la ansiedad y la falta de ilusión. Nuestro tiempo personal es irreemplazable.
  • El segundo error es aprovechar esos días en que nos sentimos mejor para realizar todas las obligaciones pendientes. ¿Qué va a suponer eso? Un sobreesfuerzo innecesario que agravará aún más nuestro dolor crónico al día siguiente.

Es muy importante, pues, controlar nuestra autoexigencia.  Pero además es fundamental saber marcarnos pausas para disfrutar de nuestra vida y de los nuestros. También delegar tareas y no cargar sobre la espalda todas y cada una de las responsabilidades.

El tesoro de nuestros valores

Aunque nos aterre la idea, en ocasiones el dolor crónico puede limitar ciertos aspectos de nuestra vida que solían determinarnos. Tal vez tengamos que dejar de trabajar, o dejar de realizar ciertas actividades que antes eran importantes para nosotros. Es posible. Pero esto abre a su vez una nueva etapa en la que replantearnos muchos aspectos de nuestra vida, como son los propios valores.

¿Qué es realmente importante para mí? ¿Qué es lo que más valoro? ¿Estoy actuando de modo coherente con mis propios principios? Es pues indispensable plantearnos todos estos interrogantes. Valora si es el momento de actuar de acuerdo a ellos, en concordancia a lo que verdaderamente es importante.

Un favor para nuestro cuerpo: la relajación

Sueño reparador
Lo ideal es tomar un par de horas de tu día para realizar ejercicios de relajación o simplemente para pasar un rato tranquila, sola y descansando.

Una de las mejores técnicas es la llamada relajación de “Jacobson”. Se basa en tensar y destensar los diferentes grupos musculares de nuestro cuerpo eliminando la rigidez para dejarlo suspendido en un estado de calma y relajación. Basta entonces con buscar un rincón tranquilo de nuestra casa y empezar a practicarla cada día.

Si somos constantes con este procedimiento, notaremos los beneficios en poco tiempo.

¿Cómo alimentarnos para aliviar el dolor?

El uso exclusivo de fármacos no va a ayudarnos a resolver el problema del dolor para que deje de aparecer. Nos permite calmarlo, pero no sanarlo.

De ahí surge también la importancia de compensar el equilibrio apoyándonos también en unos correctos hábitos alimenticios. Por lo general suelen ayudar a los organismos aquejados de dolor.

Alimentos que NO debes tomar

  • Productos muy azucarados, refinados o fritos.
  • Leche entera de vaca, que además de grasa puede incluir peligrosas toxinas para nuestro cuerpo.
  • Proteínas de origen animal, como pueden ser los embutidos. Tampoco son recomendables los alimentos ricos en oxalato o ácido úrico, como las carnes rojas.

Alimentos recomendables contra el dolor crónico

  • Vegetales frescos: en especial zanahoria, ajo, cebolla, apio, sábila…
  • Alimentos ricos en potasio, cinc, selenio y silicio, muy recomendable por ejemplo para tratar la fibromialgia.
  • Grasas vegetales: como el aceite de oliva, el de sésamo o de girasol.
  • Cereales integrales: como el amaranto, el mijo o el maíz. Son ricos en proteínas, vitaminas y minerales.
  • Magnesio: interviene en el proceso de la contracción muscular. Su carencia en el organismo deriva siempre en la apatía, la debilidad, los calambres…
  • Antioxidantes: La vitamina C, A, y E, incluidas en la zanahoria, la naranja, el aguacate, el limón…
  • Suplementos alimenticios: La miel de abeja, las algas marinas, la clorofila, la linaza, el jugo de aloe vera o las bayas de goji. Estos complementos nos ayudarán a eliminar toxinas y pequeños desechos acumulados en nuestro organismo.
  • Aceites y leches vegetales. La leche de soja o almendras por ejemplo son una fuente indispensable de calcio que no debemos dejar de incluir en nuestra dieta.

Ejemplo de menú diario

Menús diarios para una dieta saludable.
Existen menús que pueden ayudar a combatir los dolores crónicos.

Nada más levantarnos

Podemos empezar con un zumo de limón exprimido en agua tibia, bebiéndolo a sorbos y que nos servirá para depurar el cuerpo. No volveremos a tomar nada hasta pasada media hora.

Desayuno

Un plato de frutas acompañado de una taza de leche de soja. Puede ser una ensalada de naranja, piña y plátano acompañada a su vez por nueces.

Comida

Arroz integral, un pescado azul con verduras cocidas, sazonado con aceite de oliva. Podemos acompañarlo con un zumo o simplemente con agua.

Cena

  • Avena integral con leche de soja acompañado por un sándwich integral vegetariano con salmón. Existen recetas realmente sabrosas para los sándwich donde las verduras además de beneficiarnos, pueden hacernos disfrutar de platos verdaderamente atractivos.
  • De postre resultan idóneas las cerezas, que son ricas en vitaminas y pueden resultar muy efectivas para aliviar el dolor.

Levantarse con dolor un día tras otro es, desgraciadamente, es una experiencia que limita nuestra vida y nos aboca en ocasiones a un estado de tristeza del que es difícil salir.
La fibromialgia, artritis, lumbalgia, lupus, etcétera, son enfermedades complejas que afectan al desarrollo óptimo de nuestras vidas. Sin embargo, pero no debemos verlas como situaciones estacionarias o paralizantes.

El dolor crónico no es una etiqueta que ponernos nosotros mismos al mirarnos al espejo. Es un desafío que afrontar momento a momento con el que aprender a conocernos mejor, a comprender nuestras posibilidades y nuestros valores.

Debes saber que el tener una buena calidad de vida depende directamente de nuestro estado de ánimo y de las ganas por hacer frente al día a día. Lo conseguiremos con ayuda de los nuestros, con pensamientos positivos a los que amarrarnos con tal de dar el primer paso por las mañanas, junto a unas palabras de ánimo: “Yo puedo”.