6 efectos del maltrato psicológico en nuestra mente y emociones que debes conocer

6 efectos del maltrato psicológico en nuestra mente y emociones que debes conocer

Una de las peores cosas que nos puede ocurrir es pensar que somos nosotros los culpables de ese maltrato psicológico al que estamos sometidos. Nadie tiene derecho a vulnerar nuestra persona

Los efectos del maltrato físico son fáciles de ver, e incluso de valorar. Nadie puede esconder un brazo roto, un ojo morado, una quemadura, un labio hinchado, un golpe en la piel…

Sin embargo, cuando hablamos de abuso psicológico, de manipulación, maltrato y de agresión emocional, la cosa cambia.

No se puede objetivar, ni ver a simple vista, ni radiografiar.

Es tal la complejidad, tal el impacto invisible que deja, que la víctima se ve muchas veces incapacitada a la hora de pedir ayuda.

¿Cómo explicarlo, cómo esperar que me crean si lo que duele es la autoestima, es la propia identidad y todo nuestro ser más íntimo y privado?

No es fácil. No lo es tampoco porque, muchas veces, no existen mecanismos adecuados para que la mujer o el hombre que padece este abuso pueda dar el paso y atreverse a denunciar su realidad.

En ocasiones, no se atreven. Hay miedo y se temen las posibles consecuencias… En especial, no ser creídos. 

El maltrato psicológico es devastador y cercena vidas enteras por una razón muy concreta: viene de manos de personas cercanas, personas en las que confiamos y las que a menudo, hasta queremos.

Veamos ahora qué impacto tiene esta dimensión sobre nuestra mente y emociones.

1. Sentimiento de vergüenza y culpa

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Si hay algo tan desolador como negativo es llegar a culparnos a nosotros mismos por todo lo que nos ocurre.

Hay un aspecto muy común en el que derivan todos aquellos que ven la manipulación psicológica desde fuera.

Nos referimos al hecho de pensar  aquello de que “la persona que es maltratada es porque se deja maltratar”, “que es débil porque se deja avasallar, dañar y controlar”.

  • Hay que ser cuidadosos con este tipo de expresiones porque la persona que sufre el abuso está sometida a un caos emocional y a una situación muy compleja de la que no es tan fácil salir.

Es común que sientan vergüenza de sí mismos al pensar cómo han llegado hasta esa situación.

Es habitual también que se sientan incapacitados para reaccionar, que se sientan solos y aislados como para poder salir por sí mismos de ese abismo personal.

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2. Pérdida de memoria o sentimiento de irrealidad

Cuando estamos sometidos a un alto nivel de ansiedad, estrés y sufrimiento constante, es común que estructuras cerebrales como el hipocampo, relacionado con la memoria, pierdan volumen y conectividad.

  • La persona tiene fallos de memoria, no se puede concentrar, ni tomar decisiones con la mente clara.
  • Por otro lado, el sentimiento de irrealidad es otro factor muy común.

Es un mecanismo de defensa por el cual la mente establece una distancia de la realidad para despersonalizarla, para pensar aquello de que “esto no me está pasando a mí”.

3. Inestabilidad emocional, fuertes altibajos

Hay épocas en que uno espera que las cosas cambien, piensa que todo puede mejorar y que es posible recuperar la felicidad, la integridad y el equilibrio.

Sin embargo, al poco, llega el abismo y la recaída. Aparece la frustración, la ira, la rabia y, al instante, la desesperación y el miedo.

Es común experimentar un complejo caleidoscopio de sensaciones y emociones donde la persona es consciente de que no tiene en control de su vida.

4. El maltrato y el dolor físico recurrente

evitar conflictos

A la víctima del maltrato psicológico no la agreden físicamente, pero el sufrimiento que tarde o temprano se experimenta en el propio cuerpo duele del mismo modo.

El malestar emocional crónico termina evidenciándose en esa sintomatología tan característica como es el cansancio, el insomnio, las cefaleas, el dolor muscular y articular, las malas digestiones, las múltiples infecciones contraídas a raíz de un sistema inmunitario debilitado…

Es, sin duda, algo muy común.

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5. La sensación de que “no hay salida”

La indefensión aprendida es otro síntoma habitual. La persona que sufre este tipo de maltrato llegará a pensar en un momento dado que nada de lo que haga servirá de algo.

  • A menudo, llegan a decirse a ellos mismos que ninguna palabra, ninguna acción o cambio que ponga en marcha logrará que ese maltrato se detenga.
  • Esto nos recuerda, una vez más, la importancia básica y esencial de atender de forma receptiva y sensible a toda persona que, de algún modo, nos esté dando pistas de que sufre algún tipo de abuso.

En el momento en que dudemos o pongamos en voz alta palabras como “¿pero qué me estás diciendo?”, ¿estás seguro de que te está haciendo esto o es que tú te tomas las cosas a la tremenda”?…

Lo único que conseguiremos con ello es que la persona se desespere aún más, se aleje y experimente el sentimiento de soledad de forma más intensa.

6. Pensamientos suicidas

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En el momento en que la persona se dice a sí misma que ya no hay salida, empiezan a surgir los pensamientos suicidas. Al principio solo son súbitas ideas, deseos momentáneos.

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Sin embargo, puede llegar el fatídico momento en que sea vea como la única solución al problema.

Es necesario que el entorno sea muy sensible a todos los indicadores, a las palabras, los gestos, las conductas.

Porque el maltrato psicológico, más allá de lo que podamos pensar, sí deja huellas, sí deja marcas evidentes en el comportamiento de las personas.

Seamos conscientes de estas realidades y ayudemos a quien más lo necesita.