Ejercicio sencillísimo de reflexología podal para quitarte tensiones

Elena Martínez 14 junio, 2016
Gracias a la reflexología podal podemos descargar tensiones y aliviar determinados dolores acumulados por culpa de las malas posturas, así como por tirones o lesiones

La reflexología podal es una técnica milenaria que parte de la base de que todo nuestro organismo se refleja en las plantas de los pies.

Así, practicando unos masajes concretos, de diferentes modos y con diversas intensidades, puede actuar de manera curativa sobre las diferentes partes y funciones de nuestro cuerpo.

Descubre en este artículo cómo puedes realizarte tú mismo en casa un sencillo ejercicio de reflexología podal para quitarte las tensiones musculares y activar el organismo en unos minutos.

Reflexología a nosotros mismos

Reflexología a nosotros mismo

Hoy en día hay muchos terapeutas manuales que practican la reflexología podal a través de diferentes métodos.

Aunque es una técnica que, si sabemos, podemos aplicárnosla nosotros mismos, lo cierto es que es mucho más cómodo que nos la practique otra persona, tanto por la posición como por la presión que se puede ejercer sobre la planta del pie.

No obstante, en este artículo te proponemos una manera de beneficiarte de las propiedades curativas de la reflexología aunque no tengas conocimientos, ya que se basa en un masaje generalizado mediante el cual tú encontrarás los puntos en los que sientes molestias o dolor, que son precisamente los que hay que trabajar más.

Además, te proponemos hacerlo con la ayuda de una pelotita y estando de pie, lo cual te va a facilitar poder ejercer más presión sobre estos puntos y sin cansarte. 

Ver también: Cómo utilizar jengibre para cuidar y relajar los pies

Más fácil… ¡con una pelotita!

pelotitas

Este sencillo ejercicio de reflexología podal nos va a permitir relajar las tensiones musculares e incluso aliviar algunas molestias locales (dolores de cabeza, trastornos digestivos, etc.) a la vez que activa la circulación del organismo y nos aporta una buena dosis de energía.

Para realizarlo solamente necesitamos una pelotita como las que usan las mascotas para jugar. De tamaño no debe ser más grande que una pelota de tenis, y lo ideal es que sea dura, peo no rígida.

La podremos comprar en cualquier tienda de productos para mascotas.

Las primeras veces puedes sentirte inseguro a la hora de realizar este ejercicio. No obstante, ten paciencia y verás cómo sus resultados inmediatos harán que sientas la necesidad de realizarlo a menudo.

¿Cómo lo hacemos?

Cómo lo hacemos

Para comprobar los sorprendentes beneficios de este ejercicio tan sencillo es importante tomar conciencia de cómo son y están las plantas de nuestros pies.

Para ello, nos descalzaremos (mejor sin calcetines) y nos quedaremos de pie, con los ojos cerrados, durante unos segundos.

En ese instante intentaremos visualizar la planta de los pies y qué puntos tocan al suelo y cuáles no. Una vez hecho esto, podremos comenzar:

  • Empezaremos por uno de los pies, el que queramos. Pondremos la pelotita debajo de la planta y, con mucha suavidad, la pasaremos a lo largo del pie, desde el talón hasta la punta de los dedos, sin presionar.

Debe ser un masaje agradable y suave.

  • A continuación, volveremos a recorrer toda la planta del pie, pero con más lentitud y realizando presiones suaves en cada punto, sin dejarnos ninguna parte de la planta, a excepción de los dedos.

No será necesario sobrepasar las almohadillas.

Es posible que algunos puntos nos molesten, pero no debemos evitarlos, ya que serán los que nos causarán un mayor bienestar después.

  • Es muy importante la respiración durante todo el ejercicio. Cada vez que presionemos sacaremos el aire, y al terminar inspiraremos. Debe ser, por lo tanto, muy lento.
  • Por último, realizaremos un tercer recorrido haciendo una presión mayor, que podrá ser incluso un poco dolorosa en algunos puntos. En esos lugares nos detendremos un poco más para conseguir relajarlos.
  • A terminar este pie, con el cual debemos estar unos cinco minutos, nos quedaremos quietos, con los ojos cerrados y la planta bien apoyada. Al instante notaremos la diferencia entre ambos pies.
  • Haremos lo mismo con el otro.

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¿Cuándo lo hacemos?

  • Al levantarnos por la mañana, para activar el organismo y combatir los dolores musculares por falta de movimiento.
  • Antes de acostarnos, para relajar las tensiones y el organismo en general.
  • Antes de hacer una caminata o excursión, para apoyar mejor el pie.
  • Antes de hacer ejercicio, para mejorar la flexibilidad.
  • Si nos duelen las plantas de los pies, empezando siempre de manera suave, con una intensidad baja.
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