El ajo: un alimento sano, pero no mágico

Paula Aroca·
10 Junio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la dietista Renata Sylwia Kosierb Fernández al
04 Octubre, 2019
El consumo de ajo dentro de una dieta balanceada podría brindar beneficios a la salud. No obstante, por sí solo no constituye un remedio o un protector contra enfermedades.
 

El ajo es un ingrediente habitual en muchas de nuestras comidas, en especial, si gustamos prepararlas al estilo mediterráneo. Aunque también tiene cierto protagonismo en las cocinas de India, China y Medio Oriente. Tiene un aroma y un sabor muy característicos que, difícilmente pasan desapercibidos.

Ahora bien, fuera del ámbito culinario, lo cierto es que el ajo es un alimento que ha sido utilizado como remedio para tratar diversas cuestiones: desde infecciones de diversa índole (aunque sobre todo fúngicas) hasta enfermedades cardiovasculares.

Cuando se dieron a conocer diversos estudios en los que se afirmaba que quizás el componente «estrella» de este alimento era la alicina, muchas personas se precipitaron a sacar conclusiones y terminaron dando por hecho que el consumo diario de ajo (un diente en ayunas, por ejemplo) podría resultar tanto un buen método preventivo para las enfermedades en general como una «curar» cualquier dolencia.

Con ello, se obvió por completo lo que indicaban las investigaciones: se había hallado cierto potencial en estudios in vitro, pero no había evidencia suficiente in vivo como para avalar el ajo como un alimento capaz de prevenir o curar enfermedades. En la mayoría de los casos, se indicaba en las conclusiones que era necesario continuar investigando. 

 

Al ajo se le han atribuido propiedades antitrombóticas, antitumorales, antiparasitarias, antimicrobianas y antifúngicas.

Ajo pelado y cortado

¿Cuál es el valor nutricional del ajo?

El ajo es un alimento tipo bulbo en cuya composición se encuentran varias sustancias, entre ellas la vitamina E y elementos como el manganeso y el selenio.  Según los expertos de la Fundación Española de la Nutrición (FEN), es una fuente de proteínas, yodo, fósforo, potasio, vitamina B6 y compuestos sulfurados. Esto lo confirma también un análisis publicado en 2014.

Según sea la variedad de ajo, este puede tener mayor o menor concentración de los nutrientes mencionados, así como otros bioactivos y sustancias con potencial beneficioso. Por ello, no es posible establecer generalizaciones.

 

Es decir, no cualquier ajo, consumido de cualquier manera sería útil. En este sentido, los científicos explican que hay que tener en cuenta varios aspectos para que un alimento como el ajo sea útil:

  • Valor nutricional del alimento.
  • Variedad del mismo (si es ajo morado, blanco, negro, etc.).
  • Forma de consumo del alimento (crudo, frito, en cápsulas, en aceite, etc.)
  • Regularidad de su consumo (si se consume a diario, periódicamente, etc.).
  • Estilo de vida y coherencia en los hábitos de vida (si no hay coherencia, difícilmente se puede obtener beneficios del consumo de UN alimento en concreto, pues la salud depende de varios factores).
  • Entre otros aspectos.

¿Qué se dice sobre el ajo?

Desde épocas remotas se le han atribuido al ajo unas propiedades casi mágicas y, en su momento, se utilizó como protector de vampiros, mal de ojo y enfermedades como la peste. Sin embargo, con el paso del tiempo, la ciencia se ha ido encargado de desmontar mitos y revelar información útil acerca de este alimento.

No existe evidencia científica que indique que el ajo pueda ser un alimento clave para la protección del sistema cardiovascular o la prevención del cáncer o cualquier otro tipo de enfermedad.

 

Sin embargo, sí se ha observado que el ajo tiene compuestos que pueden ser beneficiosos para la salud y que podrían ser útiles a la hora de mejorar o complementar ciertos tratamientos para determinadas enfermedades.

Muchas de las propiedades atribuidas al ajo se derivan de su contenido de alicinaun compuesto azufrado que tiene varias propiedades farmacológicas interesantes. Por ello, no deja de estudiarse tanto in vivo como in vitro.

No solo por la alicina, también por el ajoene

Según un estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de Venezuela el ajo contiene ajoene, una sustancia más estable y de mayor actividad biológica que la alicina.

Este equipo se dedicó a no solo a evaluar dicha actividad, sino a investigar los aportes brindados por diversos autores que afirmaron que el ajoene sí tiene propiedades antifúngicas. Al final de su estudio, llegaron a la siguiente conclusión:

«El ajoene constituye un agente terapéutico que permite el tratamiento tópico de las infecciones fúngicas en la piel mediante un régimen de corta duración (…) abre nuevas fronteras en la búsqueda de tratamientos más seguros y efectivos en la terapéutica de enfermedades micóticas».

 

¿Cómo consumirlo para aprovechar sus aportes?

La liberación de la alicina se produce cuando lo cortamos o machacamos el ajo, de ahí su característico olor. A partir de los 60 grados de temperatura, sus propiedades se diluyen, por lo que obviamente debemos tomarlo crudo siempre que sea posible. Unas tostadas con ajo frotado pueden ser una buena opción.

En conclusión, el ajo es un bulbo interesante, sano y con potencial medicinal que podemos integrar dentro de una dieta equilibrada a modo complemento. No se trata de un «tratamiento» para ninguna enfermedad, sino de una fuente natural que debe seguirse estudiando para poder determinar cómo se puede aprovechar mejor.

 
  • Gómez, L. J. G., & Sánchez-Muniz, F. J. (2000). Revisión: Efectos cardiovasculares del ajo (Allium sativum). Archivos Latinoamericanos de Nutricion. https://doi.org/10.1080/09528820500472530
  • Navarro, M. C. (2007). Posibilidades terapéuticas del bulbo de ajo (Allium sativum). Revista de Fitoterapia.
  • Suárez Cunza, S., Castro Luna, A., & Ale Borja, N. (2014). Actividad antioxidante in vitro de un extracto acuoso de Allium Sativum variedad Huaralino. Revista de La Sociedad Química Del Perú.