El científico que curó una enfermedad rara por simple curiosidad

La curiosidad de descubrir por qué la copia de un gen repetía el fallo del primero les llevó a crear una célula sintética capaz de producir las proteínas faltantes

Para encontrar una respuesta, es necesaria una pregunta.

Cuando se formula una pregunta, hay dos clases de personas: las buscadoras y las que no lo son. Los grandes logros de la historia han venido de la mano de las primeras.

Son aquellas que no se quedan esperando a que otras resuelvan sus inquietudes. El deseo de conocer es más poderoso que la pereza o cualquier otro elemento. Se sienten impelidos a ello sin remedio.

La civilización está llena de estos personajes. El primer individuo que hizo fuego, quien creó el primer sistema de escritura, la primera calculadora… o el científico que curó una enfermedad rara movido por la curiosidad.

Los exploradores del Renacimiento llegaron a un continente desconocido para los europeos pensando que se dirigían a las Indias.

Al formularse una pregunta interior, Adrian Krainer ha encontrado una cura la atrofia muscular espinal (AME) 

¿Por qué la copia de un gen fundamental en las fuerzas motoras no garantiza un buen funcionamiento de las neuronas cuando el original es defectuoso?

Se podría decir que existe una conexión entre ARN y la AME.

Krainer curó una enfermedad rara muy compleja

silla ruedas

La atrofia muscular puede acabar con la vida de una persona en menos de dos años.

Se trata de una alteración neuronal que comienza con la pérdida de fuerza en los músculos que culmina en un proceso de asfixia. Literalmente no tienes fuerza para respirar.

Dicha alteración proviene de una mutación genética que provoca dicha degeneración funcional.

Para comprender lo que sucede en este caso, ha sido vital la técnica del splicing, que consiste en analizar los genes para distinguir aquello que nos da información de lo que no.

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Después de hacer esto, se estudia solo la información relevante, con el objetivo de averiguar el comportamiento  de la misma.

Y es que distintas células con la misma composición pueden originar diferentes lecturas y, por tanto, producir proteínas distintas que den lugar a diferentes funciones.

En el caso de los pacientes con AME, sucede que la estructura del gen SMN1 consta de una estructura defectuosa. Dicha mutación implica en un comportamiento neuronal pernicioso, cuyo efecto es el que explicábamos antes.

Teniendo en cuenta esto, lo normal habría sido centrarse en el estudio de dicho gen. Sin embargo, la curiosidad de Krainer lo condujo al SMN2, la copia del SMN1.

La pregunta era ¿por qué este no compensa el fallo del primero? Su equipo de supo manos a la obra y crearon una célula sintética capaz de producir proteínas eficaces.

Finalmente, consiguieron que funcionara en animales.

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La investigación comenzó hace una década. Sin embargo,  la Administración de Medicamentos y Alimentos de EE. UU (FDA) aprobó el uso del tratamiento el 23 de diciembre de 2016.

Además, unas semanas antes se publicó un artículo donde se explicaba el éxito de Nusinersen, el medicamento en cuestión.

Se trata de una sustancia que se inyecta en el flujo cerebroespinal que recubre la médula. El tratamiento tiene dos fases.

  • En la primera, el fármaco se aplica tres veces al mes. Tras estos primeros 30 días, solo se necesita una inyección después de unos meses.
  • Nusinersen consigue que modificar la información del gen, de manera que se obtiene la proteína adecuada para garantizar que las funciones motoras se den de manera adecuada.

Por ende, presenta la ventaja de que sus efectos son duraderos.

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Además de la curiosidad y el trabajo duro, Krainer consiguió una cura para una enfermedad rara muy agresiva, gracias a las entidades que confiaron en él.

Como sabemos, en ciencia, la confianza se traduce en financiación.

Es de justicia mencionar a la compañía californiana Ionis Pharmaceuticals, al doctor Frank Rigo y a la empresa estadounidense Biogen.

Sin su colaboración, las inquietudes del científico habrían caído en saco roto o habrían tardado mucho más en llegar a buen puerto.

De nuevo, descubrimos cómo los héroes actuales están hoy en los laboratorios. Estos no buscan el poder ni la aventura por sí misma. No.

Buscan vencer a la naturaleza para mejorar nuestras vidas. Así, cada día pelean por ahorrarnos el sufrimiento de ver padecer a un hijo o a un ser que amamos.

Mucho más loable, ¿no te parece?

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