El derrame pericárdico: diagnóstico y tratamiento

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el biotecnólogo Alejandro Duarte el 12 mayo, 2019
Edith Sánchez · 13 mayo, 2019
El principal medio para diagnosticar un derrame pericárdico es el ecocardiograma. Te contamos todo sobre esta enfermedad a continuación.

El derrame pericárdico es un problema que se encuentra de manera relativamente frecuente en la práctica médica. A veces está relacionado con una enfermedad ya conocida y otras veces exige una evaluación y seguimiento específicos para establecer su causa.

En algunas ocasiones, resulta imposible determinar la causa del derrame pericárdico. Incluso esta condición puede permanecer invariable durante años, convirtiéndose en crónica y sin producir ningún compromiso hemodinámico.

En principio, el tratamiento se enfoca en resolver el problema que da origen al derrame pericárdico y en manejar sus síntomas. Sin embargo, cuando se desconoce la causa, el manejo clínico que se le da es el mismo de una pericarditis.

Qué es el derrame pericárdico

Corazón
Esta patología consiste en la acumulación de líquido entre las membranas del corazón, lo que compromete la salud de este órgano.

El derrame pericárdico se define como una acumulación anómala de líquido en la cavidad pericárdica. Recordemos que el pericardio está formado por dos capas: una visceral (interna) y otra parietal (externa).

El espacio que hay entre esas dos capas es la cavidad pericárdica o saco pericárdico. En condiciones normales, este contiene hasta 50 ml de líquido seroso. Cuando hay un proceso inflamatorio o infeccioso, aumenta la producción de líquido y se produce el derrame pericárdico.

Así mismo, este se puede originar en razón a la disminución de reabsorción del líquido. Esto ocurre por el incremento de la presión venosa sistémica. A su vez, el aumento en la presión tiene lugar, generalmente, por insuficiencia cardiaca congestiva o hipertensión pulmonar.

Diagnóstico

La presentación clínica del derrame pericárdico depende de la velocidad con la que se acumule el líquido. Los síntomas típicos son dificultad para respirar y dolor en el pecho. También son habituales las nauseas, disfagia, ronquera e hipo.

Cuando hay sospecha de derrame pericárdico, lo habitual es que se realicen uno o varios de estos exámenes:

  • Ecocardiograma. Permite detectar la magnitud del derrame y el estado de la función cardiaca. El ecocardiograma trasnesofágico ofrece imágenes más detalladas, y por lo tanto más confiables, que el ecocardiograma trastorácico.
  • Electrocardiograma. Esta prueba permite detectar patrones de posible taponamiento.
  • Radiografía torácica. Ofrece un indicador para establecer la magnitud del derrame pericárdico de manera global.

Aunque la prueba diagnóstica más empleada es el ecocardiograma, la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RMC) ofrecen un campo de visión más amplio. Sin embargo, por disponibilidad y costos solo se acude a esas pruebas en contadas ocasiones.

En todo caso, la evaluación ecocardiográfica permite determinar cinco variables fundamentales: tamaño, tiempo de evolución, distribución, composición y efectos hemodinámicos. El siguiente reto clínico es el de establecer la causa del derrame pericárdico para proceder a definir la línea de tratamiento.

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Tratamiento para el derrame pericárdico

Mano con pastillas
El tratamiento farmacológico habitual en estos casos es el empleo de antiinflamatorios no esteoideos.

El tratamiento del derrame pericárdico depende directamente de la cantidad de líquido acumulado, de la existencia o no de taponamiento cardíaco y de la causa que da origen a esta anomalía. En general, al tratar la causa se soluciona el problema.

El primer paso en el manejo de un derrame pericárdico es evaluar el tamaño del mismo, definir su importancia hemodinámica y establecer las enfermedades posiblemente asociadas. En aproximadamente el 60 % de los casos, hay una enfermedad subyacente.

Si no hay taponamiento ni un riesgo considerable de que se produzca, lo habitual es que se ordene reposo en cama y un tratamiento con antiinflamatorios. También se emplea conquicina y corticosteroides.

Si hay taponamiento o un elevado riesgo de que el derrame progrese, lo indicado es llevar a cabo una pericardiocentesis. Cuando no es posible realizarla, o esta falla, lo adecuado es llevar a cabo un drenaje quirúrgico abierto. Este debe incluir biopsia y la creación de una ventana pericárdica.

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Seguimiento y pronóstico

En general, el derrame pericárdico idiopático y la pericarditis tienen un buen pronóstico. El riesgo de complicaciones es muy bajo. Los casos de derrame idiopático crónico tienen una probabilidad de entre 30 % y 35 % de escalar a un taponamiento cardiaco.

En los demás tipo de derrame, el pronóstico depende principalmente de la causa que lo produce y del tamaño del derrame. Los que son mayores a 10 mm empeoran y evolucionan a taponamiento hasta en un tercio del total de los casos.

En los derrames idiopáticos moderados, lo recomendable es hacer un seguimiento que incluya un ecocardiograma cada seis meses. Si estos son severos, debería hacerse cada tres meses. Y en el caso de los no idiopáticos, el seguimiento dependerá de la enfermedad que da origen a esta anomalía.

  • CLAVERÍA, C., VERGARA, L., NEGRÓN, S., & ZELADA, P. (2009). Derrame pericárdico, enfrentamiento clínico. Revista chilena de pediatría, 80(3), 267-273.