El papel del ácido láctico en el ejercicio

Este artículo fue redactado y avalado por la farmacéutica María Vijande
· 12 febrero, 2019
Es común, sobre todo en el ámbito de la medicina y el deporte, escuchar hablar del ácido láctico. Ahora bien, ¿sabes de qué está compuesto y cuáles son sus funciones?

El ácido láctico, o su forma ionizada lactato, es un compuesto químico que desempeña importantes funciones en diferentes procesos bioquímicos como, por ejemplo, la fermentación láctica.

Uno de los tejidos del organismo que más ácido láctico produce es el músculo, ya que aparece tras el consumo de hidratos de carbono para obtener energía. Un proceso que se conoce como fermentación láctica. Te contamos todo sobre esta molécula en el siguiente artículo.

Producción del ácido láctico

Mujer haciendo flexiones en el gimnasio
El ácido láctico se produce en el músculo cuando realizamos ejercicios intensos.

El ácido láctico se produce, principalmente, en las células musculares y en los glóbulos rojos. Se forma cuando el cuerpo descompone los hidratos de carbono para formar energía cuando los niveles de oxígenos son bajos. Estos disminuyen durante el ejercicio intenso o cuando la persona tiene una infección o una enfermedad.

La fuente primaria de lactato es la descomposición de un carbohidrato llamado glucógeno. Esta sustancia es una reserva natural del cuerpo, formada por múltiples cadenas de azúcar (glucosa). Su descomposición produce mucha energía, por lo que es una de las fuentes principales del músculo.

SIn embargo, usar la glucosa requiere oxígeno, y es un proceso algo más largo. Por ello, en situaciones de elevada intensidad, las células acortan el camino y producen energía mediante la fermentación. Es menos efectiva pero más rápida.

Si bien algunas células tienen la capacidad de utilizar el piruvato para obtener energía, otras no pueden hacerlo. Es por ello que el músculo es uno de los tejidos donde más lactato se produce.

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El ácido láctico y los músculos

El ácido láctico es, en realidad, un combustible, no un producto de deshecho. Los músculos lo producen deliberadamente, a partir de la glucosa, y lo queman para obtener energía.

La razón por la que los atletas pueden esforzarse tanto y durante tanto tiempo es que el entrenamiento hace que los músculos absorban con más eficacia el ácido láctico.

Las células musculares son capaces de convertir la glucosa en ácido láctico. Después, este es absorbido y utilizado por unos orgánulos celulares llamados mitocondrias, que son las encargadas de la producción de energía en las células.

Las mitocondrias tienen una proteína característica para transportar el ácido láctico a su interior. Por eso, el entrenamiento intenso hace que la masa de las mitocondrias se duplique y que estas quemen más ácido láctico. Como consecuencia, los músculos trabajan mejor.

El ácido láctico durante el ejercicio

Mujer descansando después de correr
A medida que se incrementa el ejercicio, se van reclutando más células musculares.

Con el entrenamiento, muchas células pueden adaptarse para utilizar más piruvato y, por lo tanto, producir menos lactato. Además, cuando se incrementa el ejercicio físico, se reclutan cantidades adicionales de fibras musculares.

Estas fibras se utilizan poco cuando la persona está descansando o realizando actividades ligeras. Muchas de ellas son de activación rápida y no tienen mucha capacidad para convertir el piruvato en energía. Por lo tanto, mucho piruvato se convierte en lactato.

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El lactato: una sustancia muy dinámica

Cuando se produce lactato, trata de salir de los músculos y entrar en otros cercanos, como en el flujo sanguíneo o en el espacio entre células musculares, donde la concentración de lactato es menor.

Cuando el ácido láctico consigue entrar en otro músculo, posiblemente se vuelva a convertir otra vez en piruvato para poder ser utilizado para obtener energía aeróbica.

El lactato también es usado por el corazón como combustible. A su vez, puede ir al hígado para volver a convertirse en glucosa y glucógeno y volver así a empezar el ciclo.

Finalmente, también puede viajar rápidamente de una parte del cuerpo a otra. Incluso hay evidencias de que algunas cantidades de lactato se vuelven a convertir en glucógeno dentro de los músculos, sin ir necesariamente al hígado.

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