El parto: ese proceso maravilloso

Después de las 40 intensas semanas del embarazo, llega el momento del parto, un proceso mágico de unión entre mamá y bebé. Dar a luz nos conecta con el bebé y despierta nuestro instinto materno.

El parto es un proceso maravilloso y complejo que va más allá de las respuestas fisiológicas de la mujer que ya cumplió las 40 semanas de gestación.

Sin embargo, parir duele. A veces, como tenemos tanto miedo al dolor, entregamos las decisiones sobre nuestro cuerpo a la voluntad del personal médico. Así, puede que perdamos la oportunidad que nos brinda el parto de encontrarnos con nosotras mismas y con el instinto materno que nos apega al bebé.

El parto: un diálogo entre mamá y bebé

Las neurociencias han cambiado por completo la visión que centraba el parto en la pelvis. Los científicos ahora tratan de comprender los cambios que se producen en el cerebro de la mujer y en el del bebé. En particular los que ocurren desde los últimos días del embarazo hasta el final del parto.

El parto es el resultado de una especie de diálogo cerebral entre la madre y el bebé. Cuando el bebé ya está listo para nacer se liberan unas hormonas. Al pasar a la sangre de la madre, llevan el mensaje al cerebro materno de que es el momento de comenzar las contracciones uterinas.

Estas hormonas nos solo son responsables de las contracciones. Al mismo tiempo producen un estado alterado de conciencia. Puede que la mujer perciba de forma distinta el tiempo, los colores o los olores. Pero sobre todo influirán en el apego amoroso con su bebé.

Las mujeres que han parido naturalmente, así como reportan el dolor, también mencionan un estado de conexión con una fuerza interna en el momento de expulsión del bebé. Esta las conectaría con sus instintos dormidos.

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Las hormonas durante el parto

mujer dando a luz

Al iniciarse trabajo de parto, comienza el diálogo hormonal entre los cerebros de la madre y del bebé. La oxitocina es la hormona encargada de las contracciones del útero. También del estado de conexión amorosa de la madre con el bebé.

Además, esta hormona también está relacionada con la producción de endorfinas. Durante el parto, estas se encargan de aliviar el dolor y ayudar a la relajación. La mujer incluso se adormece entre una contracción y otra, lo que hace que el final del parto se pueda vivir de forma placentera.

Incluso hay mujeres que han sentido orgasmos durante el alumbramiento, gracias a la oxitocina.

Luego está la relaxina, una hormona producida por la placenta durante el embarazo. Se cree que ayuda a una mayor elasticidad de las articulaciones de la cadera con lo cual se facilita el trabajo de parto. Esto podría derrumbar los argumentos de las caderas estrechas que no permiten en paso del bebé.

En la fase final del parto, hay una liberación masiva de hormonas catecolaminas. Son las que provocan las fortísimas contracciones finales que expulsan al bebé. Además, dan la fuerza a la mujer para terminar de empujar a su hijo hacia el exterior.

Esas mismas catecolaminas son las que ayudarán al bebé a respirar por sí mismo. También le permiten reorganizar la circulación de su sangre, iniciar la lactancia y estar despierto en sus primeras dos horas de vida para oler y mirar a su madre directo a los ojos.

El miedo al dolor puede habernos desconectado del parto

el parto en el agua

Para que el parto fluya, los profesionales de los hospitales deberían conocer y respetar ese particular estado de conciencia en que se encuentra la parturienta.

Si así fuera, no se sacaría a la mujer de ese estado en algunos casos. Ni se pretendería que razone o actúe como si no estuviera en trabajo de parto. Quizás se evitarían algunos casos violencia obstétrica.

Pero, lamentablemente, no siempre es así. El miedo al dolor en el alumbramiento, hizo que dejáramos todo en manos de los médicos. Ellos son los que toman las decisiones sobre nuestro cuerpo.

Sin embargo, la terapeuta Laura Gutman dice que necesitamos sentir ese dolor para conectarnos con nuestro interior. Con ese mundo donde el bebé está y se conecta con nosotras. “Parir es pasar de un estado a otro. Es un rompimiento espiritual. Y como todo rompimiento, duele. El parto no es una enfermedad para curar. Es el pasaje a otra dimensión”.

Para la especialista argentina, la masificación del parto nos ha llevado a salir del hogar para parir, a dejar que otro decida cuándo parir y cuánto debe durar, a atravesar el parto desconectadas de nuestras emociones. Nos convertimos en una espectadora congelada y anestesiada de un proceso del cual deberíamos ser protagonistas.

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Retomar la conciencia sobre la maravilla del parto

Para Gutman, el futuro de nuestra civilización depende de que podamos parir rodeadas de amor y respeto. Que podamos parir sin anestesia ni fármacos, que nos podamos mover libremente, que podamos hacer solo lo que nos pide nuestro cuerpo para lograr el alumbramiento.

Ser protagonistas de nuestros partos ayuda a que los cerebros de mamá y de bebé estén bañados por las hormonas que despertarán el instinto materno. Este es necesario para que surja el apego temprano.

Como mujeres y madres somos responsables de que el parto se dé en las mejores condiciones. A fin de que despierte la intensa vibración amorosa que une y marca a mamá y bebé el resto de sus vidas. Es lo que la Organización Mundial de la Salud llama parto humanizado y es a lo que tenemos derecho.

Debemos siempre escuchar los consejos del médico porque él es el especialista. Sin embargo, también es importante que se tengan en cuenta nuestras opiniones para tener un alumbramiento agradable.