El perfeccionismo y la adicción al trabajo van de la mano

Raquel Lemos 21 diciembre, 2016
¿Has pensado que esa obsesión por el perfeccionismo y el trabajo puede llevar detrás una incapacidad para relacionarte con los que te rodean? A veces, nos escudamos en otras actividades para no hacerle frente

La adicción al trabajo daña en muchos aspectos de la vida a la persona que la padece. Sin embargo, pocos sabemos que este problema tiene mucho que ver con el perfeccionismo.

Si eres una persona con un alto grado de perfeccionismo y te encuentras altamente motivado en tu trabajo, tienes todos los números para convertirte en un verdadero adicto.

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Esto tiene mucho que ver el trastorno obsesivo-compulsivo. De repente, no somos capaces de dejar de trabajar en exceso y de forma compulsiva.

El exceso nunca es positivo

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Seguramente, una persona perfeccionista te dirá que no está tan mal dedicarle las 24 horas del día a su empleo. Sin embargo, todo en exceso tiene sus consecuencias.

Todos necesitamos librarnos de la carga y del estrés que está presente en nuestro día a día. Todos, incluso aquel que cree que no le es necesario.

Nuestra mente y cuerpo requieren de un descanso. Al no permitírselo, estamos poniendo en peligro nuestra salud.

Nuestra vida será mucho más corta y menos satisfactoria que si dejásemos de vez en cuando de trabajar. Respetar los fines de semana y las vacaciones es tan indispensable como recomendable.

Además, entregarte demasiado en tus labores hará que el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares aumente. Un problema que, aunque ahora no te preocupe, a su debido tiempo lo hará.

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Sin darte cuenta, tu perfeccionismo ha generado un gran desequilibrio emocional.

Piensa en todas esas relaciones frustrantes que se rompen y situaciones de las que escapas porque no sabes cómo enfrentarlas. ¿Qué tienen en común?

No tienes vida, porque ella está en tu trabajo.

¿Qué pierdo? ¿Qué gano?

El perfeccionismo hace que los demás te vean como un modelo. Eres aplicado, eficaz y tus proyectos tienen éxito. Sin embargo, no todo es tan positivo como parece.

Todo lo que estás ganando por un lado, lo estás perdiendo por el otro.

  • Tienes serias dificultades para relajarte: Tus tendencias compulsivas con respecto al trabajo provocan que, cuando lo finalizas, continúes bajo el mismo estado de estrés y ansiedad. Eres incapaz de desconectar.
  • Necesitas tener el control: En las relaciones todo es muy fluctuante. No obstante, en el trabajo puedes controlarlo todo en mayor o menor medida. ¿Qué es lo que te está impidiendo que te dejes llevar?
  • Incapacidad para trabajar en equipo: Por muy bueno que seas en tu trabajo, lo eres, pero en solitario. Las relaciones interpersonales no son tu fuerte, así que delegar tareas en otras personas no está entre tus opciones.
  • Fijación por los resultados, no por el proceso: Para ti el camino es indiferente, lo que importa es lo que obtienes del recorrido que has hecho.
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Cuando el perfeccionismo va de la mano de la adicción al trabajo nuestras relaciones peligran. En nuestra vida faltará una parte esencial.

La incapacidad para disfrutar

El perfeccionismo provoca que nos limitemos y no podamos salir de un determinado patrón de comportamiento. Buscamos la excelencia hasta en lo más mínimo.

Todo esto hace que no logremos disfrutar con nada, ni siquiera con eso a lo que tantas horas le dedicamos.

Nos encontramos en un círculo vicioso, en una adicción obsesiva por hacerlo todo de la mejor manera, por llegar más alto, por evitar cometer errores.

Estamos deseando un imposible.

La perfección no existe y, aunque así fuera, sería relativa, al igual que la belleza, por ejemplo.

Así que, aunque trabajar demasiado puede ser algo de lo que alardear, en realidad detrás de todo esto es posible que exista un gran desequilibrio emocional.

Cuando una persona es perfeccionista a veces tiene baja autoestima o un miedo al rechazo que hace que lo evite en todas las ocasiones que le es posible.

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Es mucho mejor encontrarnos en equilibrio en todos los aspectos de nuestra vida. Porque nunca podremos ser felices si una de las patas de nuestra silla cojea.

Eso significa que tenemos que arreglarla, no ignorarla o intentar poner “parches” que la sujeten por el momento.

Cuando el perfeccionismo deriva en obsesión por el trabajo, es el momento de empezar a tratar esta adicción.

 

 

 

 

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