El tiempo se lleva todo el dolor

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Bernardo Peña el 24 diciembre, 2018
Aunque nos parezca que las heridas del alma nunca van a sanar. Lo que necesitamos para que cicatricen es tiempo. Seguirán ahí, pero ya no dolerán.

No importa cuánto daño te hayan hecho o lo mucho que hayas sufrido. A la postre, el tiempo se lleva todo el dolor. Son muchas las maneras de llamar a ese espacio que necesitamos para que cicatricen esas heridas. Probablemente, dejen marca, pero al menos esas ya no nos harán sufrir más.

Tendemos a buscar la solución aquí y ahora. Queremos un remedio efectivo que nos ahorre una etapa de duelo o periodo de sufrimiento. Sin embargo, esto no funciona así; mucho más cuando están implicados nuestros sentimientos y emociones. Es necesario darle tiempo al tiempo.

El tiempo y la toma de una nueva perspectiva

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Las emociones nos nublan la vista y nos ciegan. Por ello, cuando solo somos espectadores de una situación determinada, se nos escapan muchas cosas y no las comprendemos. Piensa, por ejemplo, en esas personas maltratadas que regresan con su pareja e incluso justifican sus malas acciones. Tú, como espectador, no entiendes por qué no le pone una demanda o una denuncia. Quizás estés pensando “¿Cómo es que no busca ayuda?”. Pues, tú, en su misma situación, podrías haber actuado igual.

La persona maltratada tiene sentimientos encontrados y es víctima de una manipulación constante. Su falta de autoestima y sus emociones la llevan a no saber tomar decisiones.

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¿Por qué tiende a justificar a su agresor? Simplemente, porque sus emociones la han cegado. No es lo mismo ver una circunstancia desde determinada perspectiva que vivirla en carne propia. Por eso, cuando las adversidades llegan a nuestra vida, es importante darles tiempo. Solo apartándonos y permitiéndoles cierto margen lograremos analizarlas mejor.

¿No es cierto que cuando te encuentras en una circunstancia extrema no consigues actuar o hablar como te gustaría? Esto es porque tus emociones te controlan.

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Lo que duele hoy dejará de doler mañana

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Por muy difícil que haya sido nuestra vida en el pasado, hoy somos personas nuevas. Aunque hayas sufrido maltrato, hayas estado mucho tiempo en paro o perdido a un ser querido, ya no vives esas cosas como antes.

Nuestras emociones no perduran en el tiempo. No estamos durante todo un año tristes. Ni siquiera podemos estar todo un día sintiéndonos completamente dichosos y felices. Esto es porque fluctúan y cambian. ¿Qué ocurre si una emoción se prolonga? En tal caso, puede que tengamos depresión o trastorno que habría que tratar.

Supongamos, por ejemplo, que tu pareja te ha sido infiel y esto te ha provocado un gran dolor. Has pasado un tiempo en que no te fiabas de nadie, pero esto no ha sido para siempre. Al final, lo has superado. Lo que hoy te duele dejará de doler mañana, pasado o el mes que viene. Necesitamos dejar transcurrir un tiempo para que sanen las heridas.

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Todo tiene su parte positiva

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Aunque pienses en la más terrible de las situaciones, siempre hay una enseñanza positiva que se puede sacar de ella.

  • La primera es aprender. Si tropiezas con la misma piedra es porque quieres. Si no está en tus manos sortearla, al menos sabrás enfrentarla con mayor entereza.
  • La segunda es saber que sales fortalecido de esas situaciones. Todo problema o adversidad nos hará mucho más fuertes que antes, mucho más valientes.
  • La tercera es que te conocerás mejor a ti mismo. Lo que nos sucede nos pone a prueba y nos ayuda a descubrir cómo actuar ante circunstancias difíciles.

El dolor no te hace débil, sino más fuerte. Tan solo es algo que sientes, pero que, con el tiempo, se va.

Cuando mires hacia atrás, no sentirás lo mismo. E, incluso, puede que pienses “qué tonto he sido por actuar así, debería de haberlo hecho de otra manera”. Sin embargo, si no hubieses pasado por ello, nunca hubieses reflexionado sobre cómo actuaste en ese momento. No nacemos aprendidos. Es más, nunca dejamos de aprender.

Y, recuerda: el sufrimiento siempre tiene los días contados.

  • Forés, A., y Grané, J. (2008). La resiliencia. Crecer desde la adversidad. Barcelona: Plataforma.
  • Linares, R. (2015). Resiliencia o la adversidad como oportunidad. Sevilla: Renacimiento.
  • Santos, R. (2013). Levantarse y luchar. Barcelona: Mondadori.