7 emociones “tóxicas” que nos impiden alcanzar la felicidad

Aunque los miedos o la ansiedad pueden ser emociones que, en su justa medida, nos ayudan a sobrevivir, en exceso pueden resultar más perjudiciales que beneficiosas, por lo que debemos controlarlas

Somos conscientes de que, en el campo de la psicología y el crecimiento personal, hay un término que, quizá, utilizamos en exceso. Nos referimos a la “toxicidad”, a la afirmación de qué tales personas o tales conductas son tóxicas.

Bien, en ocasiones hay ideas que encuentran su mejor traducción en esos términos populares y sacados al uso que es necesario saber contextualizar.

No hay personas “tóxicas”. Hay personas que, sencillamente, no saben construir relaciones respetuosas, saludables y satisfactorias.

Así, cuando hablamos de emociones tóxicas nos referimos, por tanto, a emociones que hacen daño, que ponen cercos a nuestro bienestar, alambradas a nuestra felicidad y muros a nuestro bienestar psicológico.

La palabra “tóxico” no tiene, por tanto, ninguna validez científica, pero sí un valor ilustrativo de lo que se quiere dar a entender: un comportamiento disfuncional, que causa malestar, dolor o infelicidad.

Hoy en nuestro queremos hablarte de esto mismo: de esas emociones básicas que más afectan a tu equilibrio personal, a la posibilidad de construir y llevar un día a día más feliz y satisfactorio.

1. La vergüenza

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Dicen que, con el tiempo, uno pierde la vergüenza pero, en realidad, hay quien la intensifica hasta llegar a límites insospechados y a casi todos los ámbitos de su vida.

  • Hay muchos tipos de vergüenza: a mostrarnos tal y como somos, a vestir determinados tipos de ropa, vergüenza a dirigirnos a personas que nos atraen, a preguntar, a confiarnos a alguien, a mostrarnos vulnerables
  • Queda claro que en la interacción social y en el comportamiento cotidiano hay límites, hay barreras que nunca cruzaremos por razones morales, convencionales o de decoro.

Sin embargo, cuando estamos dentro del campo del crecimiento personal, hay que tenerlo claro: la vergüenza limita muchas veces nuestra identidad y nuestra plenitud.

La vergüenza se relaciona con el miedo y la inseguridad, así que nunca está de más ahondar en todo aquello de nosotros mismos que no aceptamos o que nos incomoda para trabajar en ello.

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2. La ansiedad, una de las emociones tóxicas más peligrosas

La ansiedad será tóxica siempre y cuando nos sobrepase y cruce es umbral saludable en el que las personas encontramos ese impulso o esa motivación para dar mucho más de nosotros mismos.

  • En el momento uno percibe una amenaza continua, un estrés constante o una ansiedad corrosiva, aparece la toxicidad, es decir, la emoción negativa que todo lo invade.
  • La ansiedad constante, lejos de impulsarnos a mejorar, lo que consigue es desanimarnos, darnos sensación de cansancio, de sobrecarga, de falta de concentración…

3. La angustia

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La angustia es una bomba de relojería, porque en ella se comprimen múltiples dimensiones negativas: el miedo, la sensación de amenaza, la negatividad, la incertidumbre, la baja resistencia a la frustración, el dolor…

Nadie puede vivir eternamente angustiado. Es una forma de morir en vida y de cercar por completo nuestra posibilidad de ser libres, felices de autorrealizarnos como personas.

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4. La insatisfacción constante

En ocasiones, la insatisfacción actúa como un poderoso motor que nos insta al cambio, a la superación, a la mejora…

  • Sin embargo, cuando la insatisfacción es crónica y sin sentido, ese malestar y esa apatía lo invaden todo.
  • Poco a poco perdemos las ganas, los ánimos, la sonrisa y la motivación.

No obstante, cuidado con esa sensación de que la insatisfacción es crónica, porque lo más probable es que estemos ante un tipo de depresión.

5. La envidia

Envidiar no es correcto ni saludable. Experimentar esa sensación o emoción de forma constante a lo largo de la vida lo que consigue es dejar nuestra autoestima por los suelos.

  • La envidia nos lleva por la senda del sufrimiento. Querer para nosotros atributos, cosas o dimensiones que no nos pertenecen o que no somos capaces de conseguir  hace daño y no es útil para nuestro bienestar psicológico.
  • El no ser capaces de apreciar el éxito ajeno, de respetar y celebrar lo que otros son, muestran o tienen dice mucho de uno mismo.
  • Debemos ser capaces de celebrarnos a nosotros mismos, de querernos y de apreciar también lo que otros consiguen.

6. El miedo constante

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Si buscásemos una definición simple de la felicidad sería esta: ausencia de miedo.

No obstante, sabemos que los miedos cumplen un fin concreto: nos ayudan a sobrevivir y nos alertan de un riesgo.

Sin embargo, cuando llega un momento en que todo nos da miedo, en que tenemos la sensación de que todo va a ir mal, que vamos a ser acechados, criticados, abandonados o que todo cambio es por sí mismo negativo, estaremos coartando por completo nuestra capacidad para ser felices.

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7. La frustración

La frustración saludable anima al cambio, a la superación.

Sin embargo, las frustraciones tóxicas nos encallan en la orilla de los miedos, de los sueños perdidos y las rendiciones.

  • No podemos olvidar que toda frustración se alimenta del fracaso y de la decepción, de un sueño no cumplido, de un objetivo no alcanzado.
  • Así, antes de convertirnos en personas resentidas, seamos capaces de aprender de error y del fracaso para avanzar, para aplicar nuevas estrategias, para tomar el control y priorizarnos nuevamente para alcanzar el éxito.

Para concluir, tal y como hemos visto, todas estas emociones nos son sobradamente conocidas. No obstante, todas ellas pueden resultar positivas siempre y cuando mantengamos el control sobre las mismas.

En el momento en que ellas tomen las riendas de nuestra vida y se acomoden en el palacio de nuestra mente sin que hagamos nada al respecto, se convertirán en tóxicas…

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