El poder de una caricia en momentos oscuros

Valeria Sabater·
22 Septiembre, 2020
Las caricias nos permiten comunicarnos de un modo especial. De hecho, este lenguaje no verbal es fundamental para el bienestar de la especie humana. ¿Quieres saber más?

El poder de una caricia supone un gesto más profundo que el simple contacto físico. Se trata de un tipo de lenguaje que nos aporta salud a todos los niveles. Por decirlo de un modo más sencillo: expresar afecto nutre las propias emociones y bienestar general.

Es más, el hecho de no manifestar tales sentimientos se relaciona con el sufrimiento en ambas partes e importantes carencias. Porque todos necesitamos participar en esta clase de gestos. Es la forma  de fortalecer el vínculo con los seres que amamos y que nos son significativos.

Te invitamos a reflexionar sobre estas cuestiones a continuación.

El poder de una caricia

Una caricia es alimento para tu bienestar emocional

Todo ser vivo precisa del contacto físico con otros individuos de la misma especie. Incluso las mascotas que tenemos en casa agradecen las caricias que les damos. Las buscan no solo como recompensa, sino como forma de comunicarse con nosotros.

Así, tanto los humanos como otros animales en la naturaleza realizan esta clase de gestos para acercarse a aquellos que les resultan significativos. Veámoslo con detalle.

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Acariciar y ser acariciados nos ofrece reconocimiento

Esperar reconocimiento no es algo egoísta, sino una necesidad básica en las personas. Aunque el amor propio es fundamental, tampoco podemos dejar de lado el hecho de que somos seres sociales.

  • Todo niño requiere de esos vínculos y ese apego inicial con los que sentirse valorado y querido.
  • Tanto acariciar como abrazar o besar son actos que promueven el desarrollo del bebé. Son estímulos cargados de sentimientos que le ofrecen seguridad y bienestar.
  • Toda emoción positiva es una invitación a crecer en felicidad.
  • En la madurez las caricias siguen siendo parte indispensable en el día a día con aquellos que apreciamos.
  • Si en la pareja el contacto físico se limita a los encuentros sexuales, pueden aparecer importantes carencias afectivas.
  • Todos necesitamos que nos abracen y acaricien sin que exista un motivo o un fin concreto.

Un gesto tiene más poder que las palabras

Una caricia tiene más poder que las palabras

Hay días en que no basta con que alguien nos diga que nos comprende, que nos apoya o que está con nosotros. Porque lo que más demandamos en esos momentos de dificultad es recibir ciertas muestras de cariño.

Es decir, en esos instantes complicados las palabras no siempre son efectivas. Es entonces cuando cobran valor las caricias, esos pequeños gestos del lenguaje no verbal cuyo impacto emocional es tan intenso.

Un “lo siento”, un “perdóname” o un “estoy aquí para lo que quieras” también llega a transmitirse a través de un abrazo o una mirada cómplice que ofrezca consuelo, amor y amparo.

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¿Qué tipos de caricias existen?

Una caricia a un bebé

No existe un único tipo de caricia. De hecho, en el mismo día es posible que participemos en interacciones de lo más diverso:

  • Las caricias con palabras no requieren contacto físico. Un cumplido, una alabanza o una frase apropiada consiguen asimismo resultados maravillosos.
  • Las caricias negativas son aquellas que se ofrecen en base a comportamientos tóxicos. Por ejemplo, hablarle a alguien con desprecio o ironía o el hecho de ignorar o burlarse de la otra persona son casos de esta clase de conductas.
  • Las caricias condicionales son aquellas en las que uno realiza este gesto porque espera recibir algo a cambio.
  • Por el contrario, las caricias incondicionales se dan desde la libertad y sin otra intención que la de expresar reconocimiento y afecto auténticos.

¿Qué se consigue con el poder de una caricia?

Cuando las caricias son genuinas y se presentan cargadas de sinceridad, aparecen en escena diferentes emociones positivas. Entre ellas la reconfortante impresión de sentirse querido se presenta como un estímulo ineludible para el ser humano.

Porque la sensación de seguridad y bienestar que se obtiene repercute sobre la propia salud física y psicológica. Además, esto es así tanto para quien da cariño como para el que lo recibe.

Ahora bien, cabe tener en cuenta que estos gestos serán sobre todo significativos si vienen de personas a las que apreciamos de verdad.

Una caricia cómplice cuando menos se la espera tiene el poder de un universo entero, ayuda a levantar el ánimo y refuerza el vínculo. ¿A qué esperas para practicar más este lenguaje?

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