Las 4 enfermedades cerebrovasculares más comunes que debes conocer

Hay muchos problemas cerebrovasculares que no presentan síntomas específicos, por lo que es fundamental someterse a revisiones regulares y seguir unos hábitos de vida saludables para evitar complicaciones.

Las enfermedades cerebrovasculares (ECV) hacen referencia a todas esas condiciones en las que la circulación se ve dificultada de forma momentánea o permanente en un área concreta de nuestro cerebro.

Todos conocemos, directa o indirectamente, a alguien que ha sufrido un ictus, un aneurisma o un pequeño derrame cerebral. Todas estas enfermedades pueden dejarnos un impacto permanente e incluso llegar a quitarnos la vida.

En los mejores casos, se quedarán solo en un susto, pero nos obligará a cuidar al máximo nuestros hábitos de vida. Asimismo, cabe decir, además, que la mayoría de nosotros no estamos lo suficientemente concienciados sobre estas enfermedades.

A no ser que hayamos vivido alguna de esta experiencia de forma muy cercana, por lo general, no valoramos lo suficiente el impacto que tienen sobre nuestra salud cerebral factores como la tensión arterial, el colesterol elevado o el sobrepeso.

Una buena parte de las muertes que se producen cada año a causa de las enfermedades cerebrovasculares podrían prevenirse. El resto, como pueden ser esos ictus que afectan a pacientes aún muy jóvenes o a personas que cuidan al máximo sus hábitos de vida, son realidades que, sin duda, escapan aún a nuestra comprensión e incluso a la lógica.

Sea como sea, hay determinados aspectos sobre los cuales deberíamos reflexionar: la prevención, el someternos a revisiones periódicas para medir, por ejemplo, nuestra presión arterial y otros indicadores asociados harían, sin duda, que muchas de esas tristes realidades redujeran su impacto entre nosotros.

Las 4 enfermedades cerebrovasculares más comunes

Tal y como hemos señalado al inicio, toda enfermedad cerebrovascular aparece por un problema en el riego sanguíneo. Así, cualquier alteración en la circulación del flujo sanguíneo puede dar forma a dos tipos de enfermedades: las isquémicas y las hemorrágicas.

Cabe decir que las isquémicas son, sin duda, las más comunes y la mayoría de ellas suelen tener un mismo origen: la aterosclerosis. En nuestro espacio ya te hemos hablado en numerosas ocasiones sobre la aterosclerosis: se da cuando nuestros niveles de colesterol son muy elevados y a ello se le une, además, la temida inflamación de las arterias del cerebro.

Todo ello da forma a una enfermedad lenta, progresiva y muy debilitante: la acumulación de placa en los vasos sanguíneos. Esta ocasiona problemas en la circulación de flujo sanguíneo hasta el cerebro y, a largo plazo, hasta la aparición de problemas cognitivos y demencias.

No estamos ante algo leve, ante algo que podamos descuidar: la prevención y el correcto hábito de vida que practiquemos hoy se notarán en el futuro.

1. La trombosis cerebral

  • La trombosis es un accidente cerebrovascular isquémico.
  • Los ictus, en el 80% de los casos, tienen este mismo origen.
  • Se da tras el estrechamiento de alguna de las arterias cerebrales debido a la aparición de un trombo que bloquea el flujo de sangre.

Cabe decir que, por lo general, este tipo de enfermedad suele dar pequeños avisos antes de que se produzca el cierre completo de los vasos cerebrales. Por lo tanto, es vital que estemos atentos a los síntomas:

  • Adormecimiento de media cara o un lado del cuerpo.
  • Dolor de cabeza muy intenso.
  • Dificultad para comunicarse y para entender.
  • Mareos y problemas para caminar.
  • Problemas de visión.

2. La embolia cerebral

La embolia cerebral es otro tipo de condición cerebrovacular de origen isquémico. Ahora bien, si en el caso anterior teníamos un trombo, ahora el origen está en un émbolo. Para entenderlo mejor: un trombo es un coágulo de sangre que se forma en la pared de una arteria importante y que obstruye la circulación.

La embolia, se produce por un émbolo, es decir, un trozo de placa de alguna arteria que se desprende y que llega al cerebro.

conmocion cerebral

No obstante, a diferencia de la trombosis cerebral, este émbolo se origina lejos de la propia obstrucción –normalmente en el corazón–. Respecto a la sintomatología, cabe decir que es muy similar a la trombosis: adormecimiento de un lado del cuerpo, dificultad en la expresión y la comunicación…

Ahora bien, si a un paciente con embolia se le atiende de forma rápida puede recibir una droga llamada tPA capaz de disolver esos émbolos. La esperanza de vida mejora entonces en un alto porcentaje.

Lee también: ¿Sabías que hablar varios idiomas nos aleja del alzhéimer?

3. Hemorragia cerebral o intracerebral

Ya hemos hablado de las dos enfermedades cerebrales de origen isquémico más comunes. Ahora nos detenemos en esas condiciones cuyo desencadenante se debe a una hemorragia. Los aneurismas son los más habituales. En este caso, estamos ante una dilatación anormal de una zona débil de un vaso sanguíneo dentro del cerebro.

En el momento que se rompe ese aneurisma aparece la hemorragia cerebral. A pesar de lo impactante que puede resultar un aneurisma, cabe decir que los accidentes cerebrovasculares isquémicos siguen siendo los más perjudiciales, los que más secuelas dejan y los que más vidas se llevan cada año.

Asimismo, cabe decir que el mayor problema existente con un aneurisma es que no cursa con excesivos síntomas.  Hay personas que pueden padecer una dilatación en algún vaso sanguíneo del cerebro durante años y no notar nada hasta que, en un momento dado, y debido a la presión, se rompe.

4. Hemorragia subaracnoidea

Las hemorragias subaracnoideas se producen muchas veces debido a la presión arterial no controlada. En este caso tenemos también la rotura de un vaso sanguíneo, aunque en este tipo de condición se localizan siempre en la superficie del cerebro.

El derrame se localiza en el espacio existente entre el cerebro y el cráneo, el espacio subaracnoideo, sin llegar nunca a introducirse en el propio cerebro. La esperanza de vida tras sufrir este tipo de hemorragia depende siempre de la rapidez en la atención médica. Así, es vital que sepamos reconocer los síntomas:

  • Problemas para concentrarnos
  • Molestia en los ojos con la luz brillante
  • Irritabilidad, mal humor, cambios en la personalidad
  • Dolor en cuello y hombros
  • Vómitos, mareos
  • Convulsiones

Sin duda, el síntoma más evidente es el relativo a la visión: podemos perder la vista durante unos minutos, ver luces intensas o fenómenos ópticos.  Ante cualquier problema o pequeña anomalía, no hay que dudarlo: es necesario consultar de inmediato con un profesional de la salud.