Anemia

24 Agosto, 2020
La anemia es una enfermedad caracterizada por la insuficiencia de glóbulos rojos sanos. Aunque inicialmente no produce síntomas severos, es primordial tratarla para evitar complicaciones. 
Anemia

 

La anemia es una afección que se caracteriza por una insuficiencia de glóbulos rojos o hemoglobina sanos. Dado que la función de estas células es transportar el oxígeno hacia los tejidos y órganos, la aparición de esta condición detona una amplia variedad de síntomas que pueden manifestarse de forma leve o grave.

Existen diferentes formas de anemia, cada una con distintas causas y manifestaciones. Incluso, los episodios pueden ser temporales o prolongados. De acuerdo con datos de la Clínica Cleveland, tan solo en Estados Unidos hay 3,4 millones de afectados por anemia. Las mujeres y los pacientes con enfermedades crónicas son más susceptibles a desarrollarla.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, la condición se puede controlar mediante la alimentación y el consumo de suplementos. Tan solo los casos graves requieren otros procedimientos médicos, que pueden incluir trasfusiones de sangre e inyecciones para estimular la producción de glóbulos rojos.

¿Qué es la anemia?

La anemia se origina cuando la cantidad de glóbulos rojos o hemoglobina sanos son demasiado bajos. La hemoglobina es una parte principal de los glóbulos rojos que se une al oxígeno. Cuando sus niveles son anormales o bajos, las células del cuerpo no reciben un aporte óptimo de oxígeno.

Como consecuencia, se reduce la función de varios órganos y sistemas vitales, lo cual se manifiesta en síntomas como la fatiga, mareos, dolores de cabeza, entre otros. Estos síntomas pueden ser leves o graves, en función de la causa y de qué tan oportuno se administre un tratamiento.

 

La definición de anemia incluye a un conjunto de entidades clínicas que cursan con unos niveles de hemoglobina menores de 13g/dL en hombres y menores de 12g/dL en mujeres, acompañado de los síntomas ya mencionados.

Anemia
La anemia es una afección que se caracteriza por un bajo nivel de glóbulos rojos o hemoglobina. Dado que disminuye el aporte de oxígeno a las células, se detonan una amplia variedad de síntomas como la debilidad y fatiga.
 

Causas de la anemia

La anemia ocurre cuando disminuyen los niveles de glóbulos rojos en la sangre. Esta situación, a su vez, puede tener distintas causas. En primer lugar, puede darse cuando el cuerpo no produce suficientes glóbulos rojos o los destruye. Por otro lado, puede ser el resultado de una hemorragia.

¿Cuál es la función  de los glóbulos rojos?

En el organismo se fabrican tres tipos de células sanguíneas: glóbulos blancos, plaquetas y glóbulos rojos. Los primeros se encargan de combatir las infecciones; las plaquetas ayudan en el proceso de coagulación. Finalmente, los glóbulos rojos se encargan de transportar el oxígeno hacia las células y tejidos de todo el cuerpo.

Los glóbulos rojos cuentan con una proteína rica en hierro conocida como hemoglobina. Esta se encarga de dar a la sangre su color rojo característico y permite que los glóbulos rojos transporten el oxígeno desde los pulmones hacia los demás órganos. Además, ayuda a llevar el dióxido de carbono desde otras partes del cuerpo hacia los pulmones para su exhalación.

Todas las células sanguíneas, incluyendo los glóbulos rojos, se producen regularmente en la médula ósea. Sin embargo, para ello, el cuerpo necesita una cantidad óptima de nutrientes como el hierro, la vitamina B12, el ácido fólico, entre otros. La deficiencia de estos suele ser el principal detonante de la anemia.

Tipos de anemia y su causa

Para entender con más precisión el desarrollo de la anemia, es preciso saber cómo se clasifica en función de su causa. Si bien la mayoría de los casos están relacionados con deficiencias nutricionales, también puede tener su origen en componentes genéticos o ciertas enfermedades.

 

Anemia ferropénica

La anemia ferropénica es el tipo de anemia más frecuente. Afecta principalmente a mujeres en edad fértil, aunque existen otros factores de riesgo. Se debe a una falta del hierro, mineral necesario para la síntesis de hemoglobina en los glóbulos rojos.

El organismo no utiliza el hierro únicamente para la síntesis de hemoglobina, sino que también forma parte de muchas moléculas y enzimas necesarias para su correcto funcionamiento. Por eso, un adulto necesita ingerir 10 mg de hierro al día. Además, Las mujeres en edad fértil deben aumentar la dosis a 11,5-12 mg al día debido a las pérdidas menstruales.

El déficit de hierro puede darse por una disminución en su ingesta o porque el intestino no lo absorbe de manera adecuada. Asimismo, se puede producir por un aumento de sus pérdidas (como una hemorragia) o porque incrementan sus necesidades (como en el embarazo).

Anemia perniciosa

La anemia perniciosa es una enfermedad caracterizada por una disminución de los niveles de hemoglobina debido a que el intestino no absorbe de forma correcta la vitamina B12. Esta vitamina es necesaria para la síntesis de ADN en nuestras células. Por ello, un déficit produce una alteración de la síntesis de distintas células, incluyendo los glóbulos rojos.

Tiene lugar en el contexto de una enfermedad autoinmune. Es decir, se trata de una alteración inmunitaria en la que el sistema inmune del individuo ataca a células del propio organismo. Sus síntomas incluyen alteraciones epiteliales, problemas digestivos y alteraciones neurológicas.

 

Anemia por deficiencia de vitaminas

Para una adecuada producción de glóbulos rojos, el cuerpo también necesita ácido fólico y vitamina B12. Cuando no se obtienen en cantidades adecuadas a través de la dieta, también se pueden dar episodios de anemia.

Anemia falciforme

La anemia falciforme es un trastorno hereditario de los glóbulos rojos. Los glóbulos rojos de quienes padecen esta enfermedad poseen una hemoglobina anormal, llamada hemoglobina falciforme, que afecta al correcto desempeño de su función.

Es una enfermedad recesiva, es decir, hemos de recibir el gen defectuoso tanto de nuestra madre como de nuestro padre. Esto hace que se produzca un tipo especial de hemoglobina, llamada hemoglobina S. En el caso de la anemia falciforme se habla de hemoglobina SS. Cualquier persona puede saber si su hemoglobina es de tipo S con un simple examen de sangre.

 

La anemia de células falciformes acompaña al individuo que la padece durante toda su vida. Además, su nivel de gravedad varía de una persona a otra, en función de la gravedad del defecto de la hemoglobina.

Otros tipos de anemia

Hay muchos factores que pueden producir una alteración en los niveles de glóbulos rojos. Por eso, además de los tipos de anemia mencionados, también podemos distinguir otras formas de anemia. Estas incluyen:

  • Anemia por enfermedades crónicas, tales como el VIH, cáncer, enfermedad de Crohn, entre otras.
  • Aplásica. Una de las formas de anemia más inusual y potencialmente mortal. Sus causas pueden comprender infecciones, determinados medicamentos, enfermedades autoimunitarias y exposición a químicos tóxicos.
  • Anemias hemolíticas. Se presenta cuando los glóbulos rojos se destruyen antes de que la médula ósea pueda remplazarlos. Puede estar causada por una enfermedad sanguínea.
  • Por enfermedades de la médula ósea. Patologías como la leucemia y mielofibrosis pueden interferir en la producción de sangre en la médula ósea.
  • Talasemia y anemia palúdica. Formas raras y poco comunes de anemia.

Factores de riesgo

Todas las personas pueden sufrir un episodio de anemia en algún momento de su vida. Sin embargo, hay determinados factores que elevan el riesgo de padecerlo. Los más frecuentes son:

  • Una dieta pobre en nutrientes esenciales, especialmente hierro, ácido fólico y vitamina B12.
  • Trastornos intestinales que afectan la capacidad de absorción de nutrientes (como la enfermedad de Crohn y la enfermedad celíaca).
 
  • Menstruación, especialmente mujeres que tienen menorragia.
  • Embarazo.
  • Enfermedades crónicas como el cáncer, insuficiencia renal, VIH, entre otras.
  • Pérdida lenta y crónica de sangre por úlceras o heridas.
  • Antecedentes familiares de anemia.
  • Antecedentes de enfermedades de la sangre y trastornos autoinmunitarios.
  • Exposición a sustancias químicas tóxicas.
  • Uso de medicamentos que afectan la producción de glóbulos rojos.
  • Ser mayor de 65 años de edad.

Síntomas

Las manifestaciones clínicas de la anemia pueden variar en función del tipo de anemia y de su causa. De hecho, los casos más leves pueden trascurrir de manera asintomática. Sin embargo, a nivel general la persona puede experimentar los siguientes síntomas:

  • Dolor de cabeza y de pecho
  • Mareos y vértigos
  • Falta de aire o dificultad para respirar
  • Frío en las extremidades
  • Piel pálida
  • Fatiga prolongada
  • Mala memoria
  • Palpitaciones o irregularidades del ritmo cardíaco
  • Agrandamiento de los ganglios linfáticos
tratamiento de la anemia
La disminución de glóbulos rojos en la sangre afecta la capacidad del organismo para transportar el oxígeno. Por eso, además de la fatiga, la persona experimenta dolores de cabeza, mareos y vértigos.

Complicaciones

Los glóbulos rojos intervienen en muchos procesos vitales del organismo. Por eso, cuando la anemia no se trata de manera oportuna, es frecuente que se presenten graves problemas de salud. Estos pueden incluir:

 
  • Cansancio intenso, a punto de interferir en las actividades cotidianas.
  • Complicaciones en el embarazo, como por ejemplo parto prematuro.
  • Enfermedades cardíacas, incluyendo arritmias, agrandamiento de corazón o fallo cardíaco.
  • Las anemias hereditarias conducen a complicaciones potencialmente mortales. Además, las hemorragias pueden conducir a anemias graves y mortales.

Diagnóstico

Para realizar un diagnóstico de anemia, el profesional sanitario comienza por una revisión del historial clínico y familiar y una exploración física. También se realiza un interrogatorio para conocer un poco más sobre los síntomas. Posteriormente, se sugieren pruebas como:

  • Hemograma completo: para hacer un conteo de las células sanguíneas en la sangre.
  • Ferritina sérica: revela la cantidad de hierro almacenada en el cuerpo.
  • Capacidad total de fijación del hierro (CTFH):utilizada para medir la capacidad de una proteína llamada transferrina para transportar hierro en la sangre.
  • Prueba de vitamina B12.
  • Prueba de folato.
  • Análisis complementarios como GI superior, enema de bario, radiografías de tórax o una tomografía computarizada del abdomen. Esto, especialmente si se sospecha de una enfermedad subyacente.

Tratamiento de la anemia

El tratamiento de la anemia varía en función de su causa. Cuando se origina pos deficiencias nutricionales, el médico puede sugerir cambios en la dieta y consumo de suplementos de vitamina B12, ácido fólico y hierro.

En los casos de anemia perniciosa es necesario el suministro de inyecciones de vitamina B12, ya que no se puede absorber de manera adecuada en el tracto digestivo. El profesional será quién estime las dosis adecuadas de cada nutriente.

 

Los casos de anemia grave requieren otros tratamientos como las inyecciones de eritropoyetina para aumentar la producción de glóbulos rojos en la médula ósea. También puede ser necesaria para administración de oxígeno, analgésicos y líquidos orales e intravenosos con el  fin de evitar otras complicaciones.

Si hay hemorragia o si el nivel de hemoglobina es demasiado bajo puede ser necesaria una transfusión de sangre. Para el tratamiento de la anemia drepanocítica, una forma rara de la enfermedad, resulta útil un trasplante de médula ósea y una droga llamada hydroxyurea (Droxia, Hydrea).

Los alimentos ricos en hierro son claves en el tratamiento de la anemia ferropénica. Además, es importante aumentar el consumo de otros nutrientes como la vitamina B12, los folatos y la vitamina C.

Pronóstico

El pronóstico de la anemia depende mucho de su causa y de las respuestas al tratamiento que se le brinde. La mayoría de los casos son tratables y muestran mejorías en poco tiempo. Sin embargo, es bastante peligrosa cuando no se le da un tratamiento oportuno.

Es muy importante prestar atención a la alimentación, ya que resulta clave para su prevención y tratamiento. Asegurar las dosis adecuadas de hierro, vitamina B12 y ácido fólico puede disminuir su recurrencia. Por eso, es conveniente informarse sobre los alimentos que los contienen.

 

Tras experimentar algunos de los síntomas de anemia es importante acudir al médico, especialmente si hay antecedentes familiares. El profesional tiene las facultades para asesorar sobre una dieta y régimen de suplementos para controlar o evitar la enfermedad.

La anemia puede ser el signo de otras enfermedades más graves. Por eso no se debe subestimar ni el caso más leve. Aunque pueda tratarse desde la dieta, lo ideal es solicitar pruebas para descartar complicaciones.

Prevención

Hay algunas formas de anemia que no se pueden prevenir. Sin embargo, para la mayoría de los casos existen dos medidas básicas que disminuyen los riesgos: la nutrición y los chequeos médicos. Si bien las necesidades nutricionales pueden variar en cada persona, a nivel general se recomienda:

  • Incrementar el consumo de hierro a través de alimentos como las carnes, legumbres, cereales fortificados, vegetales verdes y frutos secos.
  • Aumentar las dosis de vitamina B12 consumiendo alimentos como productos lácteos, carnes, soja y derivados y cereales fortificados.
  • Asegurar un buen aporte de folatos, presente en vegetales verdes, jugos de fruta, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
  • Tomar más vitamina C, nutriente que ayuda a mejorar la absorción de hierro. Se encuentra en alimentos cítricos, pimientos, bayas, brócoli, entre otros.
 

Complementos vitamínicos

No es necesario atravesar un cuadro de anemia para ingerir complementos vitamínicos. De hecho, son ideales para aquellos que dudan de obtener suficientes nutrientes a través de la dieta. Sin embargo, lo ideal es consultar al médico para elegir la mejor opción.

Asesoramiento genético

Un asesor en genética puede evaluar el riesgo de anemia en caso de antecedentes familiares de anemia congénita, talasemia o anemia drepanocítica. Asimismo, este profesional puede determinar el riesgo de transmitirlo a los hijos.

Visitas médicas periódicas

Los chequeos médicos regulares son claves en la prevención de la anemia, especialmente cuando hay algún factor de riesgo significativo. Las pruebas sanguíneas regulares y la atención de los síntomas más leves facilitan el diagnóstico.

Resumiendo…

La alteración en los niveles de glóbulos rojos o hemoglobina debido a la anemia puede conducir a graves complicaciones. Dado que estos son claves para un óptimo transporte del oxígeno hacia las células, es primordial atenderlo oportunamente. Aunque los síntomas pueden ser leves, la falta de un tratamiento puede resultar fatal.