Infarto de miocardio

El infarto de miocardio sigue siendo una de las enfermedades cardiovasculares más frecuentes y peligrosas. Aprender a reconocer sus síntomas y buscar atención inmediata puede ser clave para evitar desenlaces fatales.

El infarto de miocardio, también conocido como ataque cardíaco, es la consecuencia de un riego sanguíneo insuficiente a causa de la obstrucción de una arteria. A menudo, este bloqueo es producto de una acumulación excesiva de grasa, colesterol y otras sustancias que forman una placa en las paredes arteriales.

Según la Fundación Española del Corazón, esta enfermedad es una de las principales causas de muerte de hombres y mujeres en todo el mundo. Además, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades​ (CDC, por sus siglas en inglés), advierten que cada 40 segundos alguien en los Estados Unidos padece un ataque al corazón.

El desenlace de un infarto puede ser fatal cuando no hay una intervención oportuna. Sin embargo, el tratamiento ha mejorado mucho en los últimos años. Por eso, es importante aprender a reconocer sus síntomas y acudir a emergencias ante cualquier señal de alerta.

¿Qué es un infarto de miocardio?

Coloquialmente el término infarto se relaciona de manera directa con el infarto agudo de miocardio. No obstante, en general, un infarto es la muerte celular que se produce en el tejido de un órgano o músculo debido a una interrupción del flujo sanguíneo.

Durante un infarto de miocardio, el suministro de sangre que alimenta al corazón con oxígeno sufre un bloqueo y, en consecuencia, el músculo cardíaco comienza a morir. Así, cuanto más tiempo pase sin un tratamiento para restablecer el flujo sanguíneo, mayor es el daño que sufre el corazón.

Esta condición es una emergencia médica grave que debe ser atendida lo antes posible. Si bien muchos casos se dan de manera asintomática, casi siempre hay algunas señales de alerta que son determinantes para lograr una intervención que evite daños irreparables.

Un infarto de miocardio se origina cuando hay un bloqueo en el flujo sanguíneo que lleva el oxígeno hacia el músculo cardíaco. Debido a esta interrupción, los tejidos mueren y sufren daños irreparables. Inclusive, la falta de intervención puede ser mortal.

Causas del infarto de miocardio

Un infarto de miocardio se origina por la obstrucción de una o más arterias coronarias. Esto ocurre frecuentemente debido a la acumulación de residuos de colesterol, triglicéridos y otras sustancias que forman una placa que estrecha las arterias.

El buen funcionamiento del corazón depende en gran medida del flujo de sangre que circula a través de las arterias coronarias. Por eso, cuando estas se estrechan, el músculo cardíaco debe hacer un sobreesfuerzo que, finalmente, puede conducir a infartos y otros trastornos graves.

El ataque cardíaco suele ocurrir cuando un coágulo de sangre (trombosis coronaria) bloquea una arteria semiobstruida o estrechada. Al privar el músculo cardíaco de oxígeno y nutrientes, sus tejidos mueren o sufren daños irreparables.

Otra causa menos frecuente de esta condición es un espasmo de los vasos sanguíneos o arterias coronarias. Al cerrar el paso del flujo sanguíneo en una de las partes del músculo cardíaco, conlleva al ataque. Este último suele ser más frecuente entre los consumidores de tabaco o drogas ilícitas como la cocaína.

En la mayoría de los casos, el infarto no se produce de manera repentina. A menudo los pacientes empiezan a tener molestias días u horas antes del ataque. Si el diagnóstico y tratamiento es oportuno, el pronóstico es más alentador.

Factores de riesgo

La acumulación de depósitos de grasa en las arterias (aterosclerosis) y el estrechamiento de las mismas puede ser el resultado de una combinación de factores biológicos, genéticos y ambientales. En muchos casos, es posible evitar o mejorar estos factores para reducir el riesgo de infarto de miocardio.

  • Edad. Para los hombres aumenta el riesgo a partir de los 45 años y para las mujeres a partir de los 55. Sin embargo, en general, el riesgo se multiplica aún más después de los 65 años.
  • Sexo. Los hombres tienen más probabilidades de padecerlo que las mujeres.
  • Antecedentes familiares. tener un historial familiar de enfermedades cardíacas, hipertensión, obesidad y diabetes eleva el riesgo.
  • Consumir tabaco. Incluyendo fumar y estar expuestos al humo del cigarrillo (fumador pasivo).
  • Presión arterial alta. Un aumento de la presión puede dañar las arterias coronarias. El riesgo es más alto cuando la hipertensión se presenta de manera simultánea con trastornos como el síndrome metabólico.
  • Niveles altos de colesterol o triglicéridos en la sangre. Los niveles altos de lipoproteínas de baja densidad (LDL o colesterol malo) pueden estrechar las arterias. Esto mismo puede ocurrir por la acumulación de triglicéridos. En cambio, un nivel alto de lipoproteínas de alta densidad (HDL o colesterol bueno), disminuye los riesgos.
  • Sedentarismo. La inactividad física contribuye a tener niveles altos de colesterol en la sangre. Además, también incide en la obesidad, factor relacionado con un mayor riesgo de ataque cardíaco.
  • Estrés. Un mal manejo del estrés puede incidir significativamente en un mayor riesgo de infarto.
  • Consumo de drogas ilegales. Las drogas estimulantes, como la cocaína y anfetaminas, pueden detonan un espasmo en las arterias coronarias, lo que a su vez conduce a un infarto.

Síntomas

No todas las personas que sufren un infarto de miocardio presentan los mismos síntomas. Hay quienes experimentan un leve dolor de pecho, mientras que otros sienten un dolor grave. Incluso, muchos casos son asintomáticos y otros, por su parte, se dan de manera repentina y rápida.

La mayor parte de las veces los pacientes experimentan síntomas de advertencia con varias horas, días e incluso semanas de anticipación. El problema es que muchas de estas señales se malinterpretan o son confundidas con enfermedades menos graves.

Los síntomas de un infarto de miocardio pueden incluir:

  • Dolor torácico, repentino y prolongado
  • Incomodidad en brazos y hombros (sobre todo en la parte izquierda)
  • Dificultades para respirar y sudoración
  • Sensación de angustia
  • Náuseas, mareos o vértigos
  • Fatiga prolongada

Infarto
El dolor de pecho es el síntoma más conocido del infarto de miocardio. Sin embargo, simultáneamente se pueden presentar otras molestias como sudoración excesiva, mareos, vértigo, náuseas y sensación de ahogo.

Manifestaciones atípicas:

El infarto no siempre se presenta como dolor en el pecho. Aunque la presentación típica del infarto es la más habitual, en algunas ocasiones, sobre todo en ancianos y diabéticos, el cuadro clínico que aparece es diferente.

  • Infarto de miocardio sin dolor (30%). Cursa con una debilidad extrema e inexplicable, sudor, náuseas y vómitos, palidez, dificultad respiratoria ... pero no hay dolor.
  • Infarto con dolor, pero con características atípicas. Algunos pacientes sienten dolor en el abdomen, en el cuello y la mandíbula.

Complicaciones

Las complicaciones de un infarto de miocardio pueden variar en función del daño que sufre el músculo cardíaco durante el ataque. Considerando esto, los pacientes que lo padecen pueden llegar a sufrir lo siguiente:

  • Arritmias cardíacas (ritmos cardíacos anormales).
  • Insuficiencia cardíaca, que puede ser temporal o crónica.
  • Paro cardíaco repentino, que resulta mortal cuando no se trata de inmediato.

Diagnóstico

Para llevar a cabo el diagnóstico de infarto de miocardio, el médico realizará una exploración física y revisará el historial clínico. Si hay síntomas evidentes como el dolor, el profesional puede sugerir un electrocardiograma (ECG) para controlar la actividad eléctrica del corazón.

Otras prueba frecuente es el análisis de sangre, que permite identificar una serie de proteínas cardíacas que se filtran en el torrente sanguíneo después de tener un daño por ataque al corazón. Asimismo, también pueden ser necesarias pruebas complementarias como:

  • Radiografía de tórax. Para evaluar el tamaño del corazón y sus vasos sanguíneos. Además, ayuda a determinar si hay líquido en los pulmones.
  • Ecocardiograma. Ayuda identificar si determinada área del corazón sufrió daños o no está bombeando con normalidad.
  • Cateterismo coronario (angiografía). Revela cuáles son las áreas de las arterias que se encuentran obstruidas.
  • Prueba de esfuerzo. Se realiza en los días posteriores al infarto. Su objetivo es evaluar cómo responde el músculo cardíaco y los vasos sanguíneos al esfuerzo.
  • Tomografía computarizada cardíaca o imágenes cardíacas por resonancia magnética. Son herramientas ampliamente utilizadas para diagnósticas problemas cardíacos y la magnitud del daño causado por los infartos.

Tratamiento

El tratamiento del infarto de miocardio debe ser inmediato. Cada minuto que pasa después del ataque es determinante para evitar daños irreversibles o la muerte del paciente. Por eso, el objetivo principal será restablecer el flujo sanguíneo con la mayor rapidez posible para evitar el daño cardíaco.

Medicamentos

Los medicamentos que se utilizan para tratar un infarto de miocardio cumplen varias funciones. Sin embargo, la mayoría tienen como finalidad reducir la coagulación de la sangre o ensanchar los vasos sanguíneos para que la sangre circule sin tanta dificultad. Los más comunes son:

  • Aspirina o ácido acetil salicílico (250mg), que disminuye los coágulos sanguíneos.
  • Trombolíticos, también llamados "destructores de coágulos" porque sirven para disolver un coágulo de sangre que bloque el flujo sanguíneo hacia el corazón.
  • Inhibidores de agregación plaquetaria, para evitar la formación de nuevos coágulos y detener el crecimiento de los coágulos existentes.
  • Heparina, un medicamento que se administra vía intravenosa para hacer que la sangre sea menos pegajosa.
  • Analgésicos, incluyendo la morfina.
  • Nitroglicerina, que se emplea para calmar el dolor de pecho y dilatar los vasos sanguíneos.
  • Betabloqueadores,  empleandos para relajar el músculo cardíaco, controlar la presión arterial y regular el ritmo cardíaco.
  • Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, que disminuye la presión arterial elevada y, por ende, minimiza el esfuerzo del músculo cardíaco.
  • Estatinas para controlar el nivel de colesterol en la sangre.

Cirugía y otros procedimientos

En la actualidad hay algunos procedimientos quirúrgicos y no quirúrgicos que ayudan significativamente al tratamiento de los pacientes que han tenido un infarto de miocardio. Los mismos resultan claves para aliviar el dolor y prevenir un nuevo ataque al corazón. Estos incluyen:

  • Angioplastia: emplea un catéter que en su punta tiene un balón especial para abrir la arteria obstruida. Tras ser posicionado, se infla para que cumpla su función.
  • Stent: es un pequeño tubo de malla de alambre que se inserta en la arteria para mantenerla abierta a largo plazo tras realizar la angioplastia.
  • Cirugía de bypass cardíaco: en este procedimiento, el médico redirige la sangre alrededor de la obstrucción. Tras su realización, se requiere un periodo de hospitalización.
  • Cirugía de válvula cardíaca:  en este tipo de cirugía, las válvulas con fugas se reemplazan para que el corazón pueda bombear sin dificultades.
  • Marcapasos: este dispositivo se emplea para ayudar a mantener el ritmo cardíaco en niveles estables.
  • Transplante de corazón: este procedimiento solo se sugiere cuando el infarto de miocardio produce muerte permanente de gran parte de los tejidos del músculo cardíaco.

El objetivo principal del tratamiento del infarto de miocardio es restablecer el flujo sanguíneo hacia el corazón para minimizar los daños sobre el músculo cardíaco. El médico puede sugerir algunos medicamentos y procedimientos que disminuyen la obstrucción. Sin embargo, si el corazón sufre daños graves, puede ser necesario un trasplante cardíaco.

Rehabilitación cardíaca

Todos los pacientes que sobreviven a un infarto de miocardio deben participar en los programas de rehabilitación cardíaca. Esto contribuye a incrementar la expectativa de vida y, por supuesto, evita que se presenten otras complicaciones.

La rehabilitación cardíaca implica:

  • Consumir ciertos medicamentos (recetados por el médico).
  • Hacer cambios en el estilo de vida, especialmente en cuanto a dieta y ejercicio físico.
  • Manejar problemas emocionales.
  • Retomar las actividades cotidianas de forma gradual.

Pronóstico

Los pacientes que sufren un infarto de miocardio tienen más riesgo de tener otro ataque que una persona sana. El pronóstico después de un primer ataque puede variar en función del daño que sufre el músculo cardíaco y las arterias. También incide la localización del daño del corazón y los cuidados médicos que se aplican tras tener el ataque.

Muchos pacientes sufren insuficiencia cardíaca después de atravesar por un infarto agudo de miocardio. Esta condición impide que el corazón bombee sangre como solía hacerlo, lo cual detona alteraciones del ritmo cardíaco que pueden ser mortales.

Cuando hay una intervención oportuna y exitosa, la mayoría de los pacientes pueden volver a hacer sus actividades cotidianas, incluyendo lo relacionado con su vida sexual. Por lo anterior, es importante diseñar un plan de rehabilitación con ayuda profesional.

Prevención

Aunque hay muchos factores de riesgo de infarto de miocardio que no se pueden controlar, existen algunos cuidados básicos que contribuyen a mantener un corazón sano. De hecho, es imprescindible ponerlos en práctica después de sufrir un primer ataque, ya que son claves para mejorar la salud cardíaca y evitar un nuevo infarto. Las recomendaciones incluyen:

  • Evitar fumar o ser fumador pasivo.
  • Mantener un plan para controlar la presión arterial alta y los niveles de colesterol.
  • Adoptar una alimentación balanceada y saludable, rica en fuentes de omega 3, antioxidantes, fibra, proteína y vitaminas y minerales.
  • Hacer ejercicio regular, teniendo en cuenta el estado físico, la edad y el estado de salud actual.
  • Acudir a los controles médicos regulares y solicitar pruebas cuando sea necesario.
  • Cuidar el peso corporal, ya que el sobrepeso y la obesidad sobrecargan al corazón.
  • Limitar el consumo de grasas saturadas, grasas trans, azúcares y otras sustancias perjudiciales para la salud cardíaca.
  • Controlar la diabetes siguiendo las recomendaciones médicas.
  • Aprender a manejar correctamente las situaciones de estrés y practicar terapias de relajación.
  • Evitar el consumo de bebidas alcohólicas. En caso de tomarlas, hacerlo con moderación.

Saber cómo reaccionar ante un infarto de miocardio es clave para evitar un desenlace fatal. Por lo anterior, es primordial tener presente cómo se manifiesta la enfermedad, cuáles son sus factores de riesgo y en qué casos se debe solicitar atención médica inmediata.

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