Las decepciones ayudan a madurar

Las decepciones cumplen una función en la vida. Sirven para empezar a mirarlas y a mirarte, a ponerte en el primer lugar y dejar de esperar de los demás. Las decepciones son un aprendizaje.

¿Sabes para qué sirven las decepciones? Seguramente, en un primer momento te sientes muy mal. Incluso puedes tomar decisiones que no te beneficiarán en nada. Todo eso porque te encuentras dolido porque esa persona en la que confiabas te falló. Pero, ¿y si te estaba haciendo un favor? Quizás no lo puedas ver en un principio.

Tendemos siempre a culpar al otro por hacernos sentir mal, por destrozar la confianza que teníamos puesta en esa persona. No obstante, tenemos que aprender a ver más allá de lo instantáneo para comprender cómo las decepciones nos pueden ayudar a madurar.

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Las decepciones te alertan sobre un exceso de expectativas

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Todos tenemos expectativas. No obstante, dejarnos llevar por ellas a veces es un grave error. Creer que ese trabajo será nuestro o que esa persona nos llamará, puede provocar luego una gran decepción si no sucede.

Consideramos que los demás deben actuar tal y como nosotros lo haríamos. O que, si nos prometen algo, ¡tendrían que cumplirlo! Sin embargo, esa amiga que no te llama tal vez se haya olvidado porque tenía otras cosas que hacer. O ese trabajo que no te han dado es porque había otra persona mejor preparada para el puesto. Y quizás, te esté esperando algo mucho mejor para tí.

No obstante, las expectativas que tenías hicieron que te vinieras abajo y la tristeza hiciera acto de presencia. Un exceso de expectativas puede hacer que tu vida se llene de malos momentos, sin dejar ver los buenos.

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Nadie va a actuar como nosotros lo haríamos porque ¡somos personas diferentes! No podemos asegurar nada. La vida da mil vueltas y nos sorprende a cada instante. Asegurar o esperar algo nos augura un doloroso sufrimiento.

Por lo tanto, las decepciones que estás viviendo te gritan que dejes de esperar tanto de los demás. No te hagas ilusiones antes de tiempo y acepta lo que venga tal y como se presente.

¿Te brindas demasiado a los demás?

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La mayoría de las decepciones surgen en el ámbito de las relaciones. Quizás porque, en ocasiones, gozamos de una tan baja autoestima que nos apoyamos demasiado en los demás.

De repente, buscamos la aprobación externa, somos felices si el resto también lo es. Empezamos a depender de las personas que consideramos importantes para nosotros. Si un amigo no puede quedar contigo, te vienes abajo. Si alguien te cambia los planes a última hora, lo ves como un drama.

Tu autoestima está tan baja que buscas refugio en otras persona. Crees que para que te aprueben y puedas ser feliz a través de ellas, debes brindarte a ellas sin límite.

Las decepciones te están diciendo que dejes de pensar tanto en los demás y que empieces a dirigir el foco hacia ti.

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Deja de buscar la aprobación externa, deja de alimentar esa baja autoestima que tanto daño te está haciendo. Es el momento de priorizarte, de buscar esa felicidad que reside en tu interior. Porque si hay algo que te está causando mucho sufrimiento es el hecho de creer que solo puedes ser feliz a través de los demás.

La vida está repleta de aprendizajes

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Cuando algo nos duele, cuando nos hace tanto daño que no nos queda otra que intentar sanar esa gran herida, entonces aprendemos.

Para eso están las decepciones, el sufrimiento, el dolor… Para darnos cuenta de que hay algo que tenemos que solucionar en nosotros.

La vida está llena de múltiples aprendizajes. A veces, caeremos en buscar culpables o en interpretar el papel de víctimas. Sin embargo, todo esto no solucionará el problema. El problema llegará a su fin cuando empieces a tratarte bien, a quererte, a ponerte en primer lugar.

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Aunque cueste, llegará un momento en que te cansarás de recibir decepciones y empezarás a despertar para que dejen de afectarte. Porque solo a través de tropezarnos una y otra vez contra la misma piedra podemos aprender y superar esa situación que nos estaba haciendo tanto daño.