Entrevista a Gemma del Caño: "debemos conocer qué es la seguridad alimentaria"

Maite Córdova Vena·
10 Agosto, 2020
Sabemos que es importante hacer una buena compra para poder comer sano y obtener beneficios. Ahora bien, ¿por qué deberíamos tener en cuenta también la seguridad alimentaria?

En la actualidad, cuando hablamos de ir a la compra, resulta cada vez más común que nos preocupemos por elegir “lo mejor” para gozar de salud y bienestar. También resulta frecuente escuchar el término “seguridad alimentaria”.

Queremos que los alimentos sean de calidad, que tengan un valor nutricional adecuado y que nos beneficien al máximo. Además, queremos tener variedad e inmediatez y elegir bien siempre. Sin embargo, para hacerlo, debemos informarnos y observar con detenimiento aquello que decidimos llevarnos en la cesta, no solo lo que se lee en letras grandes.

Gemma del Caño nos cuenta más sobre la Seguridad Alimentaria

Gemma del Caño –mejor conocida como @farmagemma en sus redes sociales– es licenciada en farmacia, con especialidad en farmacia industrial e I+D, máster en innovación, biotecnología y seguridad alimentaria, divulgadora científica y auditora BRC (seguridad alimentaria). Hoy nos ayudará a exponer y despejar algunas de las inquietudes más comunes de los consumidores.

P. ¿Cómo le definirías a alguien que no conoce el término “seguridad alimentaria” y lo que supone?

Sería interesante hacer una diferenciación entre “seguridad alimentaria” e “inocuidad”, pese a que se utiliza el primer término de forma habitual, cuando en realidad nos referimos al segundo.

Seguridad en los alimentos se refiere a la disponibilidad de alimentos e inocuidad se refiere a que los alimentos que consumimos sean seguros, que no sean dañinos para la salud. No obstante, habitualmente nos referimos a seguridad en vez de inocuidad.

Los avances en seguridad han salvado millones de vidas y eso, sobre todo, supone para nosotros una tranquilidad a la hora de ir a comprar alimentos, porque sabemos que no vamos a encontrarnos con una toxiinfección, un cuerpo extraño o una contaminación química.

Evidentemente, el riesgo cero no existe, pero hoy por hoy comemos los alimentos más seguros de la historia.

Hombre mirando productos lácteos en el supermercado.
Hoy por hoy, comemos los alimentos más seguros de la historia, nos dice Gemma.

P. ¿Consideras que a pie de calle existe suficiente conocimiento sobre lo que se hace realmente en la industria alimentaria?

No, y la responsable es la propia industria alimentaria, que durante años no ha sido transparente y, en muchas ocasiones, ha optado por ceder a la desinformación para aprovecharse de los consumidores. Esto ocurre, por ejemplo, con los aditivos. Cualquier aditivo autorizado es seguro (lo que no significa que sea necesario); si promocionamos como algo bueno un producto “sin aditivos” damos a entender al consumidor que uno con aditivos es malo, cuando no es así en absoluto.

El problema es el producto, no el aditivo. Hay alimentos con aditivos que son fantásticos (como las legumbres en conserva) y productos que sin aditivos seguirán siendo una mala opción (como la bollería ultraprocesada).

P. ¿A dónde se puede recurrir para salvar los vacíos de conocimiento? ¿Cuáles serían tus recomendaciones para el público general?

Las agencias de seguridad alimentaria (AESAN en España), la Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria (EFSA) o la FDA en USA son fuentes correctas de información.

De lo que tenemos que huir es de las noticias falsas y los bulos que llegan por Whatsapp o Facebook que tergiversan información o directamente mienten para ganarse unos clics.

La realidad es mucho más aburrida de lo que algunos nos intentan hacer ver y el miedo vende. No deberíamos ceder a teorías alarmantes. En su lugar, deberíamos acudir siempre a las fuentes oficiales. Ahora mismo hay muchos divulgadores también en Seguridad Alimentaria intentando derribar mitos.

La Guía didáctica de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria indica que “hay que enseñar a obtener y seleccionar información: distinguir publicidad de información, deducir efectos de las causas, sacar conclusiones a partir de datos…”.

P. Leer el etiquetado es una recomendación que hacen muchos expertos para ayudar a las personas a saber qué compran y consumen, y desarrollar un criterio propio. Pero muchas veces hay dudas sobre cómo leerlo correctamente. ¿Cuáles son tus recomendaciones?

Mujer con yogures en el supermercado revisando la seguridad alimentaria
La experta nos recomienda leer el etiquetado, ya que allí no se puede mentir sobre la composición real de los productos.

El orden de ingredientes va siempre de mayor a menor. Deberíamos poder identificar el producto que estamos viendo en el envase con lo que leemos en la lista de ingredientes.

Si leemos QUESO y en los ingredientes lleva: leche, sal, cuajo y fermentos, es que es correcto. En cambio, si parece queso, pero en sus propios ingredientes lleva “queso y más cosas” habría que sospechar.

No nos dejemos llevar por las letras grandes de los envases “con vitaminas”, “sin aceite de palma”. Hay que tener en cuenta que siempre hay que leer el etiquetado y no el envase. En el etiquetado no se miente. Por ende, las letras grandes no deben hacer que obviemos las pequeñas.

P. [Una vez más] ¿Por qué no todos los aditivos y conservantes son malos?

Es que los aditivos no son malos. De hecho, los conservantes, emulsionantes, etcétera, mejoran las características del producto, disminuyen el desperdicio alimentario. En cambio, otros –como los edulcorantes– puede que no sean necesarios, ya que inducen una sensación de dulzor que a lo mejor no es necesaria, pero eso está lejos de ser tóxico.

El mismo caso ocurre con los potenciadores de sabor, los tomates, el parmesano, las nécoras. Todos ellos tienen glutamato y son productos correctos. En cambio, un snack sin glutamato será igual de insano que cuando lo tenía. El problema seguirá siendo el producto y no el aditivo.

P. ¿Por qué no todo lo que se hace a nivel industrial es malo? ¿Cuáles son los puntos a favor que debemos considerar para no caer en pánico?

Lo industrial permite que podamos consumir los productos que queramos a mejor precio y cuando queramos. Recordemos que hay muchos alimentos correctos que se elaboran a nivel industrial: el pescado congelado, las legumbres, la pasta, el pan integral.

El hecho de que algo sea industrial no significa que sea malo. Únicamente que debemos elegir el producto correcto, priorizando siempre los alimentos que no llevan etiquetas.

P. ¿Crees que es importante que los padres le transmitan a sus hijos ciertas ideas de seguridad alimentaria? 

Es fundamental por varios motivos. Primero, porque la seguridad alimentaria empieza en la industria, pero termina en nuestra casa. Casi la mitad de las toxiinfecciones alimentarias se producen en nuestras casas, así que los niños deberían conocer cómo tratar a los alimentos para que continúen siendo seguros. Por otro lado, deberían venir con nosotros al supermercado para que aprendan que todos los alimentos son seguros 

P. ¿Cuál crees que es el “ciclo de vida” de los mitos sobre salud y alimentación? 

Muchos vuelven de forma recurrente y debemos desmentirlos una y otra vez. Vídeos como el de la manzana “con plástico” –cuando en realidad son ceras comestibles que protegen de mohos y golpes– u otros sobre “cómo nos engaña la industria” se hacen virales de nuevo, un par de veces al año, desinformando a la gente sobre la realidad de los alimentos. 

P. [Una vez más] ¿Tener criterio y conciencia sobre lo que se come a diario supone una preocupación o un verdadero alivio? ¿Por qué?

Hombre eligiendo verdura en el supermercado.
Es importante tomarse el tiempo para hacer la compra a conciencia, nos aconseja Gemma, pues así nos ahorramos tiempo en la próxima vez.

En realidad, supone responsabilidad. Si comemos varias veces a diario, deberíamos ser conscientes de algo que hacemos de forma tan frecuente. Sin caer en mitos, pero con cabeza. 

Leer las etiquetas y no dejarnos llevar por los “zero”, “sin”, sino por una buena información, parece que lleva tiempo, pero solo ocurre una vez. Cuando ya hemos elegido el alimento correcto, a la siguiente vez que vayamos a hacer la compra lo haremos mucho más rápido y barato porque ya eliminamos productos superfluos.

Si llenamos la cesta de alimentos sin etiquetas y si elegimos los correctos en los que las llevan, será un verdadero alivio y garantizamos una alimentación segura y, además, sana.

Si sabemos lo que compramos, comeremos mejor

Como hemos podido ver, al momento de hacer la compra es importante que aprendamos mirar las etiquetas de los productos y que no nos quedemos solamente con las letras grandes o con la publicidad que hemos visto en los medios. De hacerlo así, no solo dejaríamos pasar por alto aquello que es más adecuado para nosotros, sino la oportunidad de entender más sobre lo que nos llevamos a casa.

Como nos indica Gemma del Caño, una vez que hayamos hecho el primer ejercicio, se nos hará más fácil saber qué debemos descartar y qué nos conviene incluir regularmente en la cesta. La cuestión está en darnos la oportunidad de hacer el ejercicio y en darle siempre prioridad a las fuentes de información oficiales.