Epilepsia infantil: causas y detección

10 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el médico Leonardo Biolatto
La epilepsia infantil no es una patología menor. Su gravedad y condición, que tiende a la cronicidad, la conforman como una enfermedad con severas alteraciones en la calidad de vida del niño y de sus padres.
 

Pensar en la epilepsia infantil como una alteración de la calidad de vida es complejo. Toda la familia del paciente con la enfermedad están implicados en su cuidado, en la toma de los medicamentos y en la modificación de hábitos que podrían ser nocivos.

La epilepsia es un desorden de la transmisión neuronal, en el cual muchas células nerviosas realizan descargas eléctricas al mismo tiempo. De acuerdo al sitio de localización de la actividad eléctrica, serán los tipos y la clasificación de la misma. A continuación, haremos un repaso de sus causas y métodos de detección.

Prevalencia y clasificación de la epilepsia infantil

Los datos que tiene recolectados la Child Neurology Foundation establecen que, de todos los niños con epilepsia diagnosticada,  alrededor del 40 % posee la enfermedad sin convulsiones. Esto es importante para la diferenciación diagnóstica, ya que no son lo mismo.

Un pequeño puede tener convulsiones sin ser epiléptico. En caso de aparecer el síntoma, se realizarán los métodos complementarios necesarios para establecer la causa, pero quizás el trastorno es por otra patología neurológica o vascular.

 

También se sabe que cerca del 20 % de los niños epilépticos poseen, además, una discapacidad intelectual. Esto repercute en la escolarización de los infantes con el trastorno, que no solo deben cuidarse de los ataques epilépticos, sino que ven retrasada su formación y alfabetización.

Pero no todas las epilepsias infantiles son iguales. Según la clasificación internacional, hay algunas que inician en la parte frontal del cerebro y otras en los laterales.

Además, se pueden presentar con o sin convulsiones, con síntomas agregados, con pérdida de consciencia o sin desmayo. Incluso, dentro de aquellas convulsivas, los ataques pueden ser generalizados o focalizados en un miembro, por ejemplo.

Prevalencia y clasificación de la epilepsia infantil
Muchos de los niños afectados por epilepsia tienen discapacidad intelectual. Por eso, su formación y alfabetización resulta retrasada.

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Causas y factores de riesgo

Más que establecer un origen de las epilepsias infantiles, lo mejor es entender que hay factores de riesgo y situaciones causales de las mismas. El mecanismo intrínseco de la descarga neuronal no se conoce aún por completo, pero sí hay registros de contextos que favorecen el trastorno.

Dentro de la edad de la infancia, el mayor riesgo está en las edades tempranas. Allí, hasta los 4 años, se pueden confundir las convulsiones febriles con los episodios epilépticos. La perspicacia de los neurólogos y pediatras es fundamental en este punto.

La genética y la historia familiar también son importantes. Cuando los padres o los abuelos son epilépticos, es más probable que un niño desarrolle la patología. Algunos genes se han catalogado como gatillos, pero siempre deben ser estimulados por factores externos que determinen su expresión. Esto quiere decir que no siempre la portación hereditaria se traducirá en síntomas.

Infecciones cerebrales y de las meninges son otra causal en la infancia. Muchas veces no al mismo tiempo que el cuadro agudo, pero sí como consecuencia y secuela de una encefalitis, a veces meses y hasta años después.

 

Del mismo modo, los traumatismos craneales pueden derivar en secuelas epilépticas. Esto es de cuidado en la práctica deportiva, sobre todo de ejercicios de contacto, como el fútbol, por ejemplo. Un niño golpeado en su cabeza puede recuperarse con rapidez, con plena consciencia, y tiempo después ser diagnosticado con epilepsia.

Por último, las enfermedades vasculares forman otro grupo causal. Nos estamos refiriendo a las alteraciones de la circulación cerebral, como malformaciones arterio-venosas o accidentes cerebrovasculares.

Dichos trastornos no son tan frecuentes en los niños como en los adultos, pero deben sospecharse si hay síntomas indicativos, como convulsiones o deficiencias en la movilidad de los miembros.

Un apartado especial es el de las condiciones prenatales. Durante la gestación, las toxinas pueden pasar de la madre al feto, afectando su desarrollo neuronal. El tabaco y el alcohol son dos drogas que, al atravesar la placenta, provocan síndromes en el bebé, lo que llega a alterar la transmisión eléctrica.

 

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¿Cómo se detecta la epilepsia infantil?

La sospecha de una epilepsia infantil comienza con los síntomas. En general, el primer indicativo es una convulsión que no se asocia a fiebre en un pequeño. A partir de allí, comienzan una serie de métodos complementarios, guiados por el pediatra y el neurólogo. Entre estos, los más importantes son los comentados a continuación.

Electroencefalograma

El electroencefalogramae es un estudio que mide la actividad eléctrica del cerebro. Se colocan electrodos que, desde fuera del cuerpo, registran en una línea la transmisión neuronal. Ese registro se lee por especialistas para saber si hay descargas anómalas. No hace falta realizarlo en específico durante una convulsión.

Electroencefalograma
El electroencefalograma es uno de los métodos complementarios para la detección de la epilepsia infantil.
 

Tomografía de cerebro

La tomografía axial computarizada (TAC) del encéfalo es capaz de detectar anomalías en las estructuras del cráneo que pudiesen ocasionar convulsiones. Un tumor, un aumento de la presión en el líquido cefalorraquídeo o una malforación arterio-venosa.

Resonancia magnética

Del mismo modo que la tomografía axial computarizada TAC, la resonancia magnética es un complemento para observar otras estructuras más blandas.

Tomografía por emisión de positrones (PET)

La tomografía por emisión de positrones  (PET) ha ganado terreno en el último tiempo como método complementario para varias patologías, entre ellas la epilepsia infantil.

Inyectando en el paciente una sustancia metabólica, que es tomada por las células que se quieren estudiar, es posible ver esa actividad en forma de colores en una tomografía o resonancia. Esto podría detectar tumores o áreas neuronales con alta actividad, por encima de lo esperable, marcando focos epilépticos.

Ante la menor duda, lo mejor es consultar con el pediatra

 

La epilepsia infantil no es una enfermedad que pueda dejarse sin abordar. Cuanto antes se establezcan medios de tratamiento y prevención, mejor será la calidad de vida del pequeño y de su familia. La sospecha no es fácil en muchos casos, pero si sucede una convulsión, debe imponerse la evaluación profesional.

Los tratamientos son variados y han cambiado con el paso de los años. Hoy se cuenta con herramientas diagnósticas más específicas y de mejor sensibilidad, así como con protocolos de seguimiento y rehabilitación que son más accesibles.

 
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