Psicopatía infantil: entender el trastorno

Raquel Lemos Rodríguez · 4 noviembre, 2017
Si creemos que nuestro descendiente tiene rasgos de psicópata no podemos mirar hacia otro lado, sino que debemos facilitarle ayuda para poder mejorar su comportamiento.

El trastorno de psicopatía infantil se caracteriza por la falta de empatía y la inexistencia del sentimiento de culpa ante un acto que daña física o psicológicamente a otra persona.

Este problema también es conocido como trastorno antisocial de la personalidad. Lo cual sienta como base de la afectación el hecho de que el niño no se esté relacionando adecuadamente a nivel social.

Las causas pueden tener un componente genético. Aunque también se ha percibido que determinadas lesiones en el lóbulo frontal del cerebro, así como experiencias traumáticas, pueden derivar en este trastorno.

Es necesario tener en cuenta que el psicópata no siempre es ese ser demente, violento y criminal que las películas suelen enseñar. Simplemente se podría tratar de una persona con falta de empatía o escasa sensibilidad.

psicópata

La psicopatía en la niñez

Es necesario comprender que, aunque desarrollar una psicopatía en la niñez puede causar una gran preocupación, hay que eliminar la idea de que los hijos, debido al trastorno, vayan a convertirse en asesinos de película.

Es necesario que un profesional realice un seguimiento en el caso en el que el niño presente ciertos síntomas. Como en todas las enfermedades, es necesario un buen diagnóstico y una correcta evaluación del caso concreto.

Si no se trata de la manera adecuada, pueden desencadenarse complicaciones que supongan un riesgo para la persona.

A continuación, desarrollamos determinados síntomas que suelen darse en niños con tendencia a la psicopatía infantil.

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Síntomas básicos de la psicopatía infantil

1. Falta de emociones

Los niños que desarrollan este trastorno, difícilmente expresarán emociones. En contraste con aquellos que están sanos, en los que estas emociones son muy evidentes. Si un niño exterioriza poco este tipo de respuestas al ambiente, puede ser una señal de una psicopatía.

Además, como se ha mencionado anteriormente, tienen a sentir poca empatía. Esto significa que presentan una importante dificultad a la hora de identificar e interpretar las emociones de los demás.

A consecuencia, en la mayor parte de los casos, estos niños desarrollan una gran insensibilidad. Por lo que no sienten culpa, ni remordimiento a raíz de realizar malas conductas.

De este modo, pueden exteriorizar y mostrar su curiosidad y falta de empatía, por ejemplo maltratando animales. Llegando en ciertos casos a la mutilación o incluso matanza de alguno. Es importante consultar cada síntoma o comportamiento que el niño lleve a cabo con un profesional.

2. Falta de remordimiento

Niño remordimiento

De forma habitual, cuando a un niño se le explica que ha hecho algo mal, siente algún tipo de remordimiento.

Los niños no nacen sabiéndolo todo y, en ocasiones, se equivocan. Por eso, hay que enseñarles con paciencia y constancia, poco a poco, comportamientos sociales y de buena educación.

Sin embargo, en los niños que desarrollan psicopatías, esto no suele ocurrir. Esto se debe a que no son capaces de sentir culpa por lo que hacen.  No pueden sentir el dolor de la otra persona o tenerle compasión, porque es algo que no entienden. Incluso cuando se trata de sus seres más cercanos.

Como se ha mencionado anteriormente, la violencia no tiene por que ejercerse únicamente de modo físico. Si no que también puede tratarse de actos psicológicos o verbales.

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Diagnóstico y tratamiento

Tal como ocurre con los trastornos mentales en general, la psicopatía no presenta una causa única y específica. Si una persona desarrolla la enfermedad, es posible que se deba a una combinación de factores.

A día de hoy, existen determinadas tecnologías con las que se pueden detectar con relativa sencillez algunos síntomas físicos. Esto es gracias al constante avance en tecnología, ciencia y medicina.

Así, por ejemplo, se pueden identificar ciertos rasgos psicopáticos mediante un estudio denominado tomografía por emisión de positrones. 

Por supuesto, las terapias psicológicas son muy recomendadas. Así como el apoyo familiar, especialmente de los progenitores. Estos supondrán el mayor punto de apoyo para el pequeño, quien necesitará sentir su amor y acompañamiento para enfrentarse al trastorno.

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Madre con su hijo en el psicólogo

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