¿Es posible cambiar determinados rasgos de personalidad?

Francisco María García · 6 diciembre, 2017
En ocasiones, hacemos consciencia de que ciertos rasgos de nuestra personalidad nos están perjudicando en distintas áreas de nuestra vida. Lo cierto es que superarlos es completamente posible. Hay factores clave para lograrlo

Impulsividad, egoísmo, celos, introversión, inclinación hacia cuadros depresivos, entre otros, son rasgos de personalidad. Cuando un rasgo está arraigado en determinada persona, va más allá de la patología o la simple reacción.

“Loro viejo no aprende a hablar”, sentencia un popular dicho latino. En el fondo, muchas personas utilizan esta expresión para indicar que aquello que forma parte de la personalidad es difícil o imposible de cambiar. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Es imposible cambiar la personalidad?

Las tendencias psicológicas actuales están convencidas de que es completamente factible. De no ser así, el estudio de la psicología no tendría el sentido que sigue teniendo en nuestra sociedad. Por supuesto, el asunto es tan complejo como la mente humana.

¿Qué es la personalidad?

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La personalidad es en esencia un conjunto de características psicológicas o conductuales del individuo. Sin embargo, no es algo tan sencillo como la agrupación de características de un signo zodiacal, para quienes creen en ello. En realidad, el origen y la dinámica de los rasgos de personalidad es un asunto a todas luces relativo.

Son variados los factores externos que forjan la personalidad, tales como el aprendizaje, los traumas, las experiencias y la influencia social. Referir estos causales nos indica, de plano, que los rasgos de personalidad son en gran medida modificables. También, los juicios y las creencias están en constante revisión.

Sin embargo, a pesar de que los rasgos de personalidad son dinámicos, suelen estar arraigados. Ese arraigo puede generar una gran resistencia al cambio. Adicional a ello, hay aspectos genéticos que se cree nos hacen más propensos a ciertas conductas.

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Rasgos de personalidad: ¿Cuándo cambiarlos?

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Este es un asunto relativo. Bajo una visión practica y moral, se supone que los comportamientos autodestructivos y los dañinos para con terceras personas deben ser sometidos a cambios. Esto es lo que se considera en cuanto a los ataques de ira, la depresión o la acumulación compulsiva, por ejemplo.

El planteamiento anterior da lugar a otra importante pregunta: ¿Existe una personalidad “buena”?  La psicología plantea diversas posturas que buscan describir cómo es la personalidad en los individuos. Una de estas es la teoría de Eysenck, según la cual rasgos como ser extrovertidos, impulsivos o estables deben ser examinados.

Lo cierto es que algunos comportamientos que podrían parecer inapropiados o negativos, pueden constituir un mecanismo de defensa. En todo caso, el fin último que se persigue con cambiar rasgos de personalidad es lograr la estabilidad mental y emocional de la persona desde joven. Por lo general, el objetivo es mejorar el autoconcepto y la sociabilidad.

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¿Qué se necesita para cambiar un rasgo de personalidad?

actitud

Al parecer, todo depende de la persona que quiera cambiar determinado rasgo de su personalidad. Los psicólogos creen que existen cinco factores que intervienen en la modificación de un rasgo de personalidad:

1. Creer que el cambio es posible

Quienes creen que la personalidad es inmutable muy probablemente sabotearán toda terapia o estrategia de modificación del rasgo o comportamiento.

2. Se debe desear el cambio

Hay conductas que aun siendo negativas son del gusto de la persona. Ningún cambio es posible si parte de una petición de terceros. En definitiva, la persona debe desear el cambio.

3. Estar consciente de que el cambio es progresivo

No existen fórmulas instantáneas para desarraigar o transformar aquello que es costumbre en nosotros. Por ello, la determinación y la persistencia de la persona es fundamental para el cambio.

4. No desistir, aunque se caiga en el error

Incluso las personas que deciden cambiar vuelven repetidamente a comportarse como no desean. La persistencia es importante, así como el apoyo familiar. Los cambios no son fáciles, sobre todo a determinadas edades. Cuando nos hacemos mayores, más que cambiar, nos afianzamos en nuestra forma de ser.

5. Debemos imaginar que somos diferentes

Al final, el cambio es un asunto de autodeterminación. Si visualizamos que somos diferentes, poco a poco nos habituaremos al nuevo rasgo que deseamos incorporar. Con una imagen del objetivo siempre es más fácil llegar a este.

En este sentido, lo principal es determinar el rasgo o comportamiento negativo que estamos teniendo, así como nuestro deseo de cambiar. Justo cuando internalizamos la conducta indeseada y entendemos los efectos devastadores de la misma, veremos el cambio como una oportunidad. El objetivo principal es crecer.