Esguince de rodilla: causas, síntomas y recomendaciones

09 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el médico Leonardo Biolatto
El esguince de rodilla es una lesión que se asocia al deporte, pero no es exclusiva de los atletas. Puede aparecer en un mal movimiento de los miembros inferiores o en un traumatismo casero.

Un esguince de rodilla es, en realidad, un nombre genérico para otras patologías más específicas que se localizan en esta articulación. No existe como tal, ya que su tratamiento depende del ligamento lesionado. Estamos ante una región corporal compleja, sobre todo en sus tejidos blandos.

Se dice que hay un esguince cuando los ligamentos se estiran más allá de lo que deberían. Vencen su límite y se lesionan, lo que conlleva a la pérdida de su elasticidad característica. En el caso de la rodilla, se pueden distender los ligamentos cruzados (que están dentro de la articulación), los laterales externos (por la parte de afuera) o los laterales internos.

Causas del esguince de rodilla

El esguince de rodilla tiene múltiples causas, sobre todo si se tiene en cuenta que cada ligamento tiene su mecanismo particular por el que se lastima. No es lo mismo lo que le puede suceder a los cruzados que a los laterales.

Los deportistas son los más expuestos y, dentro de cada disciplina, hay mayor o menor riesgo de distender uno u otro tejido. Pero como bien adelantamos, en el hogar y en los traumatismos por accidentes cotidianos es posible padecer el trastorno.

Pensemos, por ejemplo, en un pie que se engancha en una baldosa floja y promueve que el miembro inferior gire sobre sí mismo. Entre tanto, deportes de contacto como el fútbol, resultan de alto riesgo para la lesión de los ligamentos cruzados.

Otra causa frecuente está presente en los accidentes automovilísticos frontales que concurren con apretamiento de las extremidades. En el caso de los ligamentos laterales, un deporte como el rugby es propenso a ocasionar el esguince, por los topes de costado entre jugadores.

Causas del esguince de rodilla
El esguince de rodilla es una lesión frecuente entre deportistas. Sin embargo, también puede ocurrir por accidentes domésticos o automovilísticos.

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Grados de la lesión

El esguince de rodilla se clasifica en grados, según su severidad. Esta clasificación es habitual en las distensiones ligamentarias y determina los tratamientos.

Primer grado

El esguince de rodilla de primer grado es la forma más leve. En general, la persona que cursa el cuadro clínico tiene síntomas soportables que no pasan de un dolor suave y un poco de inmovilidad. Sucede por el estiramiento de algunas fibras de los ligamentos, aunque no todas. Tampoco hay rotura, por lo que es improbable que aparezca un hematoma en la zona.

Segundo grado

Según la clasificación traumatológica, este grado de esguince de rodilla implica una rotura de más de la mitad del ligamento comprometido. La impotencia funcional es moderada y la actividad no puede continuarse. El dolor incapacita, al punto de obligar al reposo.

Tercer grado

La forma más grave es la rotura de los ligamentos. Con frecuencia, puede tratarse de una ruptura completa de alguno de los cruzados, o de los laterales. La situación reviste gravedad e implica una intervención quirúrgica para reparar el daño.

La rodilla queda inhabilitada hasta tanto se logre el reposo y la cicatrización. Es posible que los hematomas se hagan presentes denotando la destrucción.

Síntomas del esguince de rodilla

Podemos decir que el dolor es el signo característico de estos esguinces, sin importar el ligamento involucrado. Lo que sí puede variar es la localización de la molestia y su aparición por uno u otro movimiento. Los cruzados se resienten ante el ir y venir hacia delante y atrás, mientras que los otros lo hacen en la lateralización.

De acuerdo al grado de severidad será la impotencia funcional. En las formas leves se puede seguir caminando, aunque no corriendo. Desde el segundo grado el reposo es casi obligatorio.

Se puede inflamar la rodilla y sus tejidos blandos. Esto cambiará con la posición que adopte la persona. Cuando el miembro inferior está extendido y en alto, los líquidos se redistribuyen y, gracias a la gravedad, desinflaman la zona, lo que también alivia el dolor. Por otro lado, si no se realiza reposo, la inflamación aumenta y presiona los nervios y las arterias.

El hematoma es variable. Los ligamentos no tienen vascularización, por lo que su rotura no acarrea salida de sangre subcutánea, aunque sí contribuyen a esto los tejidos circundantes. En el segundo y tercer grado es habitual observar cambios de coloración en la piel por la extravasación sanguínea.

Tratamientos posibles

Si bien el tratamiento del esguince de rodilla depende del ligamento afectado y del grado de severidad, hay medidas que son bastante comunes para todas las formas:

  • Medicación: los analgésicos y los antiinflamatorios son prescritos por los médicos tratantes como alivio para los síntomas. No solucionan el problema de base.
  • Reposo: esta es una de las claves de la recuperación. La articulación debe reposar para favorecer la cicatrización natural, en el caso que sea posible. Cuando hay rotura completa, el reposo se indica para esperar la cirugía.
  • Inmovilización: el uso de un vendaje puede contribuir a la reabsorción de los líquidos que se extravasaron, así como a contener la rodilla para aliviar el dolor. En casos más graves se opta por un enyesado rígido o algún sistema con guías externas que asegure estabilidad. Las rodilleras elásticas son una opción accesible para las lesiones de primer grado.
  • Cirugía: el tercer grado del esguince de rodilla necesita cirugía. Hay que reparar los ligamentos rotos con una intervención. Será el cirujano traumatológico quien decida la mejor técnica para favorecer la recuperación posterior. Como estamos ante una variante complicada, se asume que la recuperación será lenta.
Tratamientos posibles
El tratamiento para el esguince de rodilla varía en función de la severidad de la lesión. Mientras que algunos casos mejoran con reposo, otros requieren una intervención quirúrgica.

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Recuperación

El proceso de recuperación de un esguince de rodilla atraviesa diferentes etapas. La primera es el reposo, casi obligatorio para todos. Los pacientes deberían respetar esto para asegurarse una evolución que les devuelva su calidad de vida.

De todas maneras, hay que considerar la lentitud de estas cicatrizaciones. Un mes es el tiempo habitual, pero si se atravesó una cirugía, es posible que ese periodo se prolongue por el doble. Mucho más si hablamos de retomar actividades deportivas exigentes, lo que implica un plan de rehabilitación que podría abarcar desde 3 a 6 meses.

En cuanto a la fisioterapia, es el kinesiólogo quien define el abordaje. Se pueden realizar maniobras mecánicas y manuales o incorporar ultrasonido y magnetismo. Las sesiones, como mínimo, son 10.

¿Se puede prevenir el esguince de rodilla?

En el ámbito deportivo, la prevención de las lesiones asociadas a la práctica es un tópico que acarrea mucha bibliografía. Lo cierto es que sí se puede prevenir el esguince de rodilla si se toman recaudos en el ejercicio, el precalentamiento y el agotamiento muscular.

De todas maneras, hay accidentes que, como su nombre lo indica, son inevitables. La mala pisada puede reducirse en riesgos si tenemos un calzado adecuado, pero eso no quita que nos puedan colisionar de frente, por ejemplo.

El estado físico también es un factor de protección. Los individuos con músculos de los miembros inferiores tonificados tienen menos probabilidad de esguince porque estos tejidos funcionan como estabilizadores de la articulación.

Ante la aparición de dolor o inflamación de la rodilla, es conveniente consultar. Puede que no hayamos notado el esguince de primer grado al instante y el mismo se esté desarrollando con lentitud. La consulta oportuna es otra forma de prevenir la evolución para no dañar el ligamento más de lo que ya se dañó.

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