En esta casa damos abrazos, decimos “lo siento” y ofrecemos segundas oportunidades

Es conveniente que en nuestra casa todos los miembros se sientan a gusto y con la confianza y libertad suficientes para expresar sus sentimientos y emociones sin temor a ser juzgados

Una casa es un espacio donde pueden habitar muchos tipos de dinámicas. Aquellas que más nos ayudan a construir vínculos felices y significativos tiene como esencia el respeto, la reciprocidad y la inteligencia emocional.

Algo que nos resulta tan curioso como cierto es lo que nos dejó reflejado Virginia Woolf en uno de sus diarios personales: una casa es como una fortaleza. Una vez se cierran puertas y ventanas, nadie sabe lo que acontece en ese interior.

Esta imagen nos ocasiona, sin duda, una mezcla de tranquilidad e inquietud.

Ahora bien, a pesar de que todos conocemos algún caso donde dichas dinámicas traen consigo la infelicidad de los miembros de esa familia, es necesario promover en las nuestras un tipo de “energía” más saludable e intuitiva donde el amor sea el auténtico protagonista en los hogares.

En esta casa nos respetamos y nos cuidamos

Un hogar puede estar conformado por varios tipos de vínculos: el de la pareja, los hijos, hermanos y, en ocasiones, el de generaciones más mayores como es el caso de los abuelos.

No resulta nada fácil armonizar todas estas dinámicas, intereses y necesidades personales, donde siempre existen claras diferencias de poder. Ahora bien, este tipo de poder se sustenta en la prioridad por proteger, educar y consolidar ese vínculo familiar.

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El modo en que lo llevemos a cabo garantizará que esa casa disponga de un ambiente con sabor a bienestar y felicidad o, por lo contrario, una atmósfera donde los miembros no puedan disfrutar de un adecuado crecimiento personal.

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Aquí se aceptan todas las opiniones

Algo que siempre resulta muy complicado en el seno de una familia es que se respeten todas y cada una de las opiniones, pensamientos y decisiones.

  • En el momento en que alguien desea imponer sus valores por encima de todos y vetando, además, cualquier aspecto que se escape a estos moldes, aparece el problema.
  • La casa respetuosa, el hogar donde habita, por encima de todo, la reciprocidad, es aquella donde se atienden todas las opiniones y donde existe libertad a la hora hablar.

No es necesario que todos los miembros estén de acuerdo, basta con que exista escucha, respeto y, ante todo, confianza.

En esta casa todos contamos y todos nos cuidamos

En una familia no deben existir diferencias, todos deben contar por igual, sean quienes sean y piensen lo que piensen. No hay que hacer distinciones a la hora de educar a nuestros niños, y debemos evitar caer, por ejemplo, en estereotipos de género.

  • Asimismo, un error que en ocasiones se comete cuando hay varios hermanos es el de hacer distinciones según la edad. Se exige responsabilidad al mayor y hay cierta permisividad hacia el pequeño solo por haber nacido el último.

No es lo adecuado.

  • Hay que educar en igualdad pero, ante todo, atendiendo las necesidades personales de cada uno.

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En nuestro hogar todos decimos lo que sentimos

En una casa feliz existe no solo libertad de expresión y un adecuado respeto por todos los miembros de esa familia. También debe promoverse un adecuado desahogo emocional y una buena asertividad, ahí donde todos podamos decir lo que nos molesta cuando nos moleste.

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  • Hay familias donde nunca existen momentos propicios para hablar.
  • A veces, no hablamos los unos con los otros no solo por la falta de tiempo sino, más bien, por la clara sensación de que vamos a ser constantemente juzgados por nuestras palabras o comportamientos.
  • Este tipo de “vetos” invisibles consiguen que, con el paso del tiempo, nuestros hijos, por ejemplo, elijan quedarse en sus habitaciones.

Poco a poco, y casi sin darnos cuenta, va a ser el ordenador o el móvil su mejor canal de comunicación con otras personas ajenas al círculo familiar, ese que de pronto, se convierte en un enemigo y no en un aliado.

  • En una casa respetuosa sus miembros deben sentirse cómodos para hablar de sus emociones.

Si bien es cierto que en nuestro espacio te hablamos muy a menudo de la importancia de los abrazos u otras muestras afectivas cargadas de cariño, todos sabemos que este tipo de gestos no son cómodos para muchos de nuestros hijos.

  • Así pues, no te preocupes si ya no son tan cariñosos como antes. Lo más importante es que te muestren cercanía emocional expresándote sus preocupaciones y pensamientos.
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La mejor casa no es aquella donde existen muchos lujos, habitaciones amplias y bonitos jardines.

El mejor hogar es aquel donde vive la felicidad y el respeto por todos sus miembros, sin importar que sea una casa en un árbol, una caravana o un pequeño piso de unos pocos metros cuadrados.

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