A veces no es fácil estar alegres, pero podemos estar en paz

Valeria Sabater·
24 Julio, 2020
Estar alegres es momentáneo y puede parecer fruto de algún hecho casual y que no tiene por qué ser continuo. La calma y la paz interior, en cambio, son estados más inalterables.
 

A pesar de que no siempre es fácil estar alegres, no deben faltarnos motivos para estar en paz. Porque estar en paz es vivir lejos de los conflictos y libres de ataduras externas que vetan por completo nuestra tranquilidad.

Si lo pensamos bien, formamos parte de una sociedad donde ‘se nos vende’ la idea de que debemos ser felices siempre, pase lo que pase. Sin embargo, las presiones externas y muchos de nuestros hábitos de vida nos alejan bastante de ese ideal en el que se inscribe la alegría.

Ahora bien, es necesario enfocar el bienestar de otro modo. Así, la alegría no tiene porqué asociarse a la obligación de conseguir todo lo que deseamos, a cumplir las metas que tenemos en mente y que no siempre podemos alcanzar.

Para estar alegres basta con estar tranquilos, en equilibrio con los nuestros, con lo que nos define. La paz interior es la calma del corazón que se siente bien con lo que le envuelve sin necesitar nada más. Reflexionemos sobre ello.

Para estar alegres no necesitamos tanto

 

La alegría es el reflejo de la felicidad más intensa. Hay días en que, casi sin saber por qué, nos sentimos más receptivos, ‘conectados’ con el entorno. Somos felices y lo disfrutamos.

En otras ocasiones, sin necesidad de que las cosas se tuerzan o salgan mal, no nos sentimos igual, dejamos de estar alegres, dejamos de sentirnos bien y aparece casi al instante el rumor de esos pensamientos limitantes que tanto destruyen nuestro bienestar. Por ello, sería muy adecuado pensar durante unos instantes en estas dimensiones.

Mujer caminando en la naturaleza

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La paz interior empieza aceptándonos a nosotros mismos

Mientras la ansiedad es esa cuerda que tira de nosotros para recordarnos “todo lo que debemos hacer y que aún no hemos hecho”, la depresión es ese lazo que nos encalla en el ayer, en lo perdido, lo frustrado, lo lamentado y no alcanzado.

 

¿Por qué nos olvidamos de atender al presente? Este es el error en el que todos caemos. Lejos de aceptar nuestra persona, así como el aquí y ahora, nos alejamos de nuestra esencia, y menguamos nuestra autoestima.

  • Aceptemos todo lo vivido, con cada error, pérdida y fracaso, pero también cada logro, cada triunfo. Son nuestras raíces, lo que nos ha ayudado a ser quienes somos ahora. Así, integrarlo es el primer paso para encontrar la calma.
  • Ahora, dejemos de focalizarnos en el futuro de forma obsesiva. No existe, no ha ocurrido, no está. El aquí y ahora es lo que podemos sentir, ver y tocar. Eso es lo importante.
  • Somos quienes vemos ante el espejo hoy, así que tomemos aire y dejemos escapar toda ansiedad, toda inquietud. La calma y la paz interior se hallan en ese punto donde encontramos nuestro propio equilibrio, aceptándonos a nosotros mismos.

La felicidad es la ausencia del miedo

Si relacionamos el estar alegres con ser felices, es necesario tener en cuenta que, para ello, basta con dejar de tener miedo.

 
  • Dejemos a un lado el miedo a no ser lo que otros esperan que seamos. SEAMOS NOSOTROS MISMOS SIEMPRE.
  • Olvidemos el miedo al fracaso. Las personas aprendemos de los errores y es necesario cometerlos.
  • Olvidemos el miedo a estar solos. La soledad puede ayudarnos a conocernos mejor y así, aprender a cuidarnos mejor, estemos donde estemos.
  • Apaguemos también el temor al paso del tiempo, a la aparición de arrugas, canasA lo único a lo que deberíamos temer es a una vida no vivida.

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No busquemos la paz en el exterior, sino en el interior

La felicidad no se halla en bolsillos ajenos, ni en la acumulación cosas. El bienestar está dentro de uno y, para alcanzarlo, es necesario trabajar muchos aspectos psicológicos y emocionales.

 
  • Aprendamos a alejarnos de todo aquello que nos produce ansiedad y que nos obliga a ser lo que no sentimos. En ocasiones, hasta es necesario alejarnos de ciertas personas.
  • Pensemos que para estar en calma no necesitamos demasiadas cosas. Así, lo más esencial es tener a nuestro lado a las personas que amamos y que nos permiten ser siempre nosotros mismos.
  • Perdonemos. El perdón es una forma de liberación que no todo el mundo sabe llevar a cabo. Hay que tener en cuenta que todo pensamiento cargado de ira o rabia nos esclaviza y, por tanto, nos aleja de esa paz mental que merecemos.
  • Entendamos también que todo pasa y todo cambia. Ningún dolor es permanente ni nada dura para siempre.
  • Aceptando esto nos centraremos en lo que es importante: nuestro interior, el presente y el hecho de conectar con todo lo positivo y enriquecedor que nos rodea.

Permitámonos ir con calma

Por último, desaceleremos el ritmo y permitámonos ir con más calma. De este modo, estaremos mucho más receptivos a lo que esta a nuestro alrededor y, a su vez, podremos atender mejor nuestras propias necesidades.

 

A pesar de que no siempre es fácil estar alegres, recordemos que sí podemos estar en paz. Y para ello, no hace faltan objetos ni retiros en el Tíbet, sino calma y lucidez.