¿Estoy en una relación madura o inmadura?

La relación madura es aquella en la que ambos miembros saben estar solos y amarse a sí mismos y, sin embargo, han decidido compartir sus vidas para crecer juntos

Quizás te haya surgido alguna vez la duda de si te encuentras en una relación madura o inmadura.

Sin duda, existen grandes diferencias entre ambas, y cada una de ellas determinará el éxito o el fracaso de ese vínculo establecido.

Una relación inmadura siempre traerá dolor, sufrimiento y mucho daño que ambos miembros experimentarán.

Esto no ocurre en una relación madura. No obstante, de la primera uno puede aprender a reorientar futuros vínculos para que se establezcan de manera sana.

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Diferencias entre una relación madura y otra inmadura

Puedo vivir sin ti, pero elijo vivir contigo

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Uno de los primeros síntomas de una relación inmadura es que ambos miembros creen que no pueden vivir el uno sin el otro.

Este tipo de relaciones tienen un alto grado de dependencia que provoca que, tarde o temprano, la pareja se haga daño.

En cambio, en la relación madura las dos personas saben ser independientes. No se apoyan en el otro para ser felices, ni hacen que su bienestar dependa del otro.

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Cada uno de los miembros de la relación son plenamente responsables de ellos mismos. No tienen miedo a estar solos.

Pueden vivir sin estar juntos, pero en su madurez eligen, con sabiduría, compartir su vida con la otra persona.

Necesito que tú me ames, porque yo no puedo hacerlo

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En las relaciones inmaduras la pareja necesita del otro para sentirse querida y amada. No se han cultivado, no se han sanado y precisan de otra persona para completar su vacío.

Estas personas gozan de graves carencias emocionales a las que nos les han prestado atención ni le han buscado solución.

La única salida, fácil, que han encontrado ha sido ponerles parches en forma de parejas.

Esto no ocurre en las relaciones maduras donde cada uno de los miembros sabe que para amar a la otra persona tienen que amarse primero ellos mismos.

De esta manera, se establece un vínculo sano donde no se hacen cosas que gustan solo por agradar y obtener el amor del otro.

Todo pasará como tenga que pasar

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Cuando nos sumergimos en relaciones inmaduras la preocupación está a la orden del día. Calculamos las horas en que estamos juntos o no, planificamos hasta el último detalle y no damos espacio para la improvisación.

En resumen, hay un exceso de control para compensar un miedo que puede ser temor a que la pareja nos deje, a que el amor se acabe, etc. Esta es una relación inmadura.

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¿Cuál es la variante en la relación madura? Se fluye y la pareja se deja llevar sin necesidad de controlar lo que ocurre.

De esta manera, la relación satisface, no causa necesidad ni angustia, no hay prisas, se vive el momento.

Te culparé y te juzgaré hasta el fin

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Esto es algo habitual en las relaciones inmaduras, el hecho de juzgar y culpar al otro casi de forma constante.

No aceptan a la pareja, se la cuestiona, incluso se la juzga por errores que ha cometido incluso antes de haberse conocido.

Sin embargo, la relación madura sabe perdonar, no guarda rencor y cada uno de los miembros se hace responsable de sus actos. Sin embargo, en vez de juzgarse, se ayudan para aprender y crecer mutuamente.

No es necesario vivir en un pasado que no se puede cambiar y, además, esta es una actitud muy tóxica. Una pareja tiene que avanzar, impulsarse hacia adelante.

Solo así podrá hacer gala de una plena madurez.

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Haber pasado por una relación inmadura no es algo que debamos considerar como malo o negativo. Sencillamente, es una experiencia que tenemos que superar, observarla y así aprender.

Todo lo que nos ocurre en la vida nos ayuda a mejorar, siempre y cuando seamos conscientes de ello y estemos dispuesto a resolver los conflictos.

El mundo de la pareja aún guarda muchos secretos. A veces es un terreno árido, otras uno mucho más amable.

La clave se encuentra en ese equilibrio que solo una relación madura proporciona al vínculo.

 

 

 

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