Claves sobre el estrés familiar: cuando la familia ahoga

El estrés familiar no tiene porque venir únicamente por parte del vínculo sanguíneo, por lo que también debemos aprender a gestionar estas emociones con otros seres cercanos, como amigos o compañeros

El estrés familiar es el que más suele afectar a la población, después del laboral.

Las relaciones que establecemos con nuestras parejas, hijos y parientes cercanos nos colocan en ocasiones en situaciones muy complejas que no sabemos muy bien cómo abordar.

Una idea cultural que a todos nos han inculcado es que “la familia siempre está ahí para nosotros”.

Ahora bien, para construir un vínculo intenso y enriquecedor, a veces, no es necesario que exista un componente genético.

Familia es todo aquel capaz de ejercer un rol significativo de madre, padre, hermano

Un aspecto que también es conveniente recordar es que todos deberíamos ser buenos gestores emocionales.

Pilares como el respeto, la comprensión, la reciprocidad y el crecimiento personal son detalles que pueden ayudarnos mucho a fortalecer nuestras relaciones familiares.

Te invitamos a reflexionar sobre ello.

La familia y el estrés familiar: el complejo paradigma del bienestar afectivo

Así es, una idea mantenida de forma tradicional a lo largo de nuestra historia es que la familia es el paradigma del bienestar afectivo. Una imagen como esta puede suponer en ocasiones una problemática personal elevada ante situaciones como el maltrato, la anulación personal, las críticas o el egoísmo.

Decía Friedrich Schiller que es el corazón y no la carne ni la sangre lo que nos convierte en familia, y esto es lo único que deberíamos atender.

El hecho de no ser felices, que nos vulneren y que no haya respeto hacia el vínculo establecido puede llegar a ser traumático.

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Es en estas situaciones más extremas y dañinas es cuando deberemos tomar decisiones más serias. Algunas de estas puden ser mantener las distancias.

Ahora bien, lo más común, aquello con lo que podemos enfrentarnos de forma más habitual en nuestro día a día, son esas situaciones basadas en el estrés familiar.

Adoramos a los nuestros, los queremos y son nuestra prioridad pero, en ocasiones, nuestras relaciones son muy complicadas. Entonces, ¿de qué manera podemos gestionar estas situaciones de estrés o ansiedad?

Te lo explicamos.

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Lo que tú quieres, lo que yo quiero

Hay personas que ven el mundo a través de unas gafas de visión muy limitada. Su campo de interacción es tan estrecho que solo abarcan sus propias necesidades, sus propias opiniones, juicios y valoraciones.

  • Para combatir el estrés familiar necesitamos llegar a un equilibrio entre lo que tú quieres y lo que yo quiero. Entre lo que ambos necesitamos y lo que nos permite conseguir una adecuado bienestar.
  • Lograrlo no es sencillo, se requiere de una alta implicación, voluntad y de un claro deseo por construir, no por mirar en exclusiva por uno mismo.

El cansancio emocional

El cansancio emocional tiene como fuente principal el invertir mucho y obtener muy poco a cambio. A veces, renunciamos a muchas cosas por atender a nuestros padres, por hacer felices a nuestras parejas y por dar lo mejor a nuestros hijos.

Ello es, sin duda, lo correcto. Ahora bien, si alguna de estas personas nos devuelve estas inversiones con desprecios, malas palabras o egoísmos, nos sentiremos heridos.

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Para hacer frente al estrés familiar y al cansancio emocional hay que invertir en los demás pero también en nosotros mismos. Deja claro que también necesitas respeto, afecto, consideración y reciprocidad.

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Se toleran poco los fallos de los demás

¿Te ha ocurrido alguna vez? Hay quien tiene una vista de lince para señalarnos nuestros defectos o nuestros fallos. Sin embargo, disponen de un arte excepcional para obviar nuestras virtudes o esfuerzos.

Cuando solo nos señalan nuestros errores, al final, podemos llegar a creer que todo lo hacemos mal. No debemos “caer” en estas situaciones donde se vulnera nuestra autoestima. No lo hagas.

La familia tiene todo el derecho a decirnos todo aquello que no hacemos bien, pero sin juzgar. Al mismo tiempo, toda relación saludable debe saber propiciar a su vez la fortaleza emocional del ser amado, apoyando, dándonos fuerzas y alientos.

Porque quien vulnera, hiere y crea distancia.

Cuando nos olvidamos de las respuestas afectivas y las palabras positivas

Esta dimensión se relaciona a su vez con la idea anterior. Algo que nunca deberíamos olvidar es que el refuerzo positivo nos permite conectar con los demás y fortalecer el vínculo para dar seguridad a la persona.

Todo niño necesita de esas respuestas afectivas para crecer, al igual que toda madre, padre o hermano; y puesto que tú las ofreces con libertad y felicidad, no dudes tampoco en la necesidad de recibirlas también de los demás.

Los espacios personales

Toda dinámica familiar saludable y feliz debe ser capaz de respetar los espacios personales de todos sus miembros. Ese bienestar personal, esa libertad, nos ayuda también a invertir en la propia relación familiar.

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Compartir tiempo de calidad

Una forma de combatir el estrés familiar es “desconectar”. Cambiar de rutinas y romper esos hábitos donde acaba apareciendo el agobio, el cansancio, los reproches y la ansiedad…

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¿Cuándo fue la última vez que compartiste tiempo de calidad con los tuyos? Piensa en ello, intenta hacer cosas nuevas, una excursión, una reunión distendida en el campo…

Romper con las rutinas es, sin duda, una forma estupenda de hacer frente al estrés.

  • American Psychological Association. (2012). Stress in America: Our health at risk. Washington DC, American Psychological Association.
  • Cook, E., & Dunifon, R. (2012). Do Family Meals Really Make a Difference?. Cornell University, College of Human Ecology, http://www. human. cornell. edu/pam/outreach/upload/Family-Mealtimes2. pdf (accessed October, 30, 2014.
  • Hammons, A. J., & Fiese, B. H. (2011). Is frequency of shared family meals related to the nutritional health of children and adolescents?. Pediatrics, 127(6), e1565-e1574.