¿Qué es la eventración y cómo tratarla?

La eventración es uno de los riesgos más comunes de la cirugía de abdomen. Hay ciertos factores que predisponen a desarrollarla; sin embargo, el tratamiento es relativamente sencillo.

La eventración puede llamarse también hernia ventral, hernia incisional, ventrocele o laparocele. Consiste en la protrusión de vísceras a través de una zona defectuosa de la pared abdominal. Generalmente esta circunstancia la favorece la mala cicatrización de heridas quirúrgicas.

Para entender lo que quiere decir “pared abdominal defectuosa”, primero explicaremos cómo es una pared abdominal normal.

Anatomía de la pared abdominal

Pared abdominal.

En el abdomen existen varias capas desde las vísceras, por dentro, hasta la piel, por fuera. En este orden quedan las vísceras, el peritoneo, los músculos abdominales, el tejido celular subcutáneo y la piel.

El peritoneo es una capa serosa que recubre gran parte de las vísceras. Tiene dos capas, entre las cuales está alojada una pequeña cantidad de líquido lubricante. La capa más externa se encuentra adherida a los músculos abdominales. Estos están envueltos por la aponeurosis, una capa de tejido conjuntivo que los fija.

Inmediatamente por debajo de la piel está el tejido celular subcutáneo, una capa grasa. En la eventración sucede que la capa muscular se abre, desapareciendo su función protectora. Las vísceras, envueltas en el peritoneo, se escapan por el hueco que deja la ausencia de músculos.

Visita este artículo: ¡Increíble! Parche proteico capaz de crear nuevo tejido muscular tras un infarto

Predisposición a padecer una hernia ventral

Cirugía abdomen.

La eventración, como ya se ha comentado antes, se produce por una mala cicatrización después de una incisión abdominal. Sin embargo, existen varias causas que pueden predisponer a esta circunstancia.

La primera que desarrollaremos será la obesidad. Un exceso de peso en el interior del abdomen puede empujar hacia afuera provocando la hernia. A esto se le une la edad avanzada, durante la cual las heridas tardan más en curarse.

También puede intervenir en el proceso la malnutrición. Provoca, entre otras, debilidad muscular y alteración en el flujo de líquidos corporales. En cuanto a los líquidos, también pueden suponer un problema en pacientes con alteraciones hepáticas o renales. En su curso pueden llegar a acumularse fluidos en el abdomen.

Ocurre lo mismo con la ascitis, que aparece en el curso de multitud de patologías. Consiste en la acumulación de líquido seroso en la cavidad peritoneal.

Están predispuestas a eventraciones también mujeres que han experimentado embarazos múltiples. Ocurre porque el espacio y el peso que ocupan los fetos distiende las paredes abdominales, debilitándolas.

En cuanto al tiempo inmediatamente después de la cirugía, existen varias circunstancias que predisponen a sufrir esta patología. La primera es el hematoma o bien la infección de la herida quirúrgica, que pueden provocar que se salten los puntos. Por otra parte, esfuerzos físicos intensos o tos crónica pueden hacer también que se salten los puntos.

Lee también: Descubre la nueva técnica para tratar la obesidad grave sin cirugía

Síntomas y signos

Obstrucción intestinal.

El signo más evidente de todos es la deformidad que aparece en la zona de la cicatriz o alrededores. Sin embargo, además de esto, pueden crearse adherencias entre las vísceras y el saco herniario, produciendo obstrucción intestinal.

Asimismo, si las vísceras quedan atrapadas en un orificio estrecho, puede producirse la llamada incarceración. El paciente experimenta entonces un dolor intenso, asociado a considerable inflamación de la zona y fiebre.

La situación más extrema es el estrangulamiento, cuando el intestino gira sobre sí mismo, disminuyendo la circulación de la zona estrangulada. En última instancia se produce necrosis (muerte del tejido), llegando incluso a perforarse el intestino.

Tratamiento

El objetivo de este tratamiento es solucionar la falta de músculo en una región del abdomen. Por ello, el único procedimiento posible es la cirugía. Generalmente se realiza la llamada hernioplastia sin tensión, mediante la cual se coloca una prótesis sustitutiva de esta capa.

Se trata de una cirugía mínimamente invasiva. El ingreso suele ser de unas pocas horas, y la incisión de mínimo tamaño. Se intenta que sea lo más pequeña posible porque otro de los objetivos es lograr el mejor resultado estético posible.

Para resultados estéticos óptimos, la cirugía podría llevarse a cabo por laparoscopia. Mediante esta técnica, se introduce el instrumental necesario por medio de orificios. Sin embargo, la elección de esta técnica depende del centro y de las características de cada paciente y su lesión.

En nuestros días, debido al vasto conocimiento y práctica de la técnica, la reaparición de la eventración es altamente improbable.