Evitar conflictos externos deriva en conflictos internos - Mejor con Salud

Evitar conflictos externos deriva en conflictos internos

Hay veces en las que, por evitar conflictos con los demás, y actuamos en contra de nuestra voluntad. De tanto ceder, podemos acabar explotando en el momento menos pensado
evitar conflictos

¿Te has parado a pensar alguna vez en las consecuencias de intentar evitar conflictos?

Una discusión, una negativa por no querer hacer algo… Si es así, no merece la pena todo lo que esto acarrea.

Aunque te estés esforzando por no generar una disputa, esto no evitará que se produzca. Es decir, en tu interior se labrará una batalla aún peor en la que, en la mayoría de las ocasiones, saldrás perdiendo

Evitar conflictos te hace daño

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Ese “no” que has evitado decir por ese miedo a cómo podrá reaccionar la otra persona empezará a activarse en ti de una manera que podemos considerar negativa.

En tu cabeza se librará una disputa de “sí” y de “no”. Sentimientos encontrados que te llevarán a hacer aquello a lo que te comprometiste de mala gana.

No hay nada peor que hacer algo sin que de verdad te apetezca. Te sentirás mal, muy triste, pero ¿sabes por qué? Porque en tu interior sabes bien que te estás fallando.

Es una manera de hacerse daño a uno mismo. Siempre buscas no fallarle a los demás o que estos no te fallen a ti. Pero, en cambio, no tienes ese igual respeto contigo mismo.

Evitar conflictos no merece la pena. Tienes que darte la prioridad que te mereces, eliminar ese miedo al que podrá pasar, al “qué dirán”, a lo enfadados que se pueden poner los demás.

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Esto ya no es problema tuyo. Tienes que escuchar a tu corazón y transmitir lo que en verdad quieres.

Porque, si no lo haces, esto se transformará en una constante y, entonces, empezarás a decepcionarte a ti mismo una y otra vez.

La represión de las emociones

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En todo este “evitar conflictos” las emociones tienen un papel protagonista. De forma agresiva las reprimimos, las encerramos para no soltarlas y que no se suceda lo que tanto tememos.

Sin embargo, hacer esto no significa que las emociones no vayan a salir libremente al exterior. Ellas, como bien sabes, por mucho que las retengas, acaban abriéndose paso a codazos.

No decir lo que en verdad quieres decir, no manifestar tu opinión por miedo a cómo te verán, no decir lo que te está molestando de tu pareja, amigo, hermano, etcétera provocará que, tarde o temprano, pierdas el control.

Estas situaciones, una tras otra, provocarán que vayas acumulando sentimientos en una bolsa. Los irás almacenando ahí hasta que esté completamente llena.

Todos estos sentimientos son negativos y, cuando ya rebosan, la bolsa esta explota. En un momento inesperado, en la circunstancia menos adecuada y de la peor forma posible.

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Haber tragado tanto ocasiona que termines perdiendo el control. Una mera diferencia puede transformarse, de repente, en todo un caos.

¿Alguna vez te han dicho “pero si no es para tanto”? O, “¡no te pongas así, estás exagerando!”. Quizás esta sea una muestra de que tu bolsa ha terminado explotando.

No te envenenes

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Guardar emociones en tu interior puede provocar que tu cuerpo grite. Fuertes dolores de cabeza, malestares estomacales sin motivos… Todo esto es producto de una represión.

Tus miedos están provocando que no te muestres tal y como eres. Te conviertes en tu propio veneno, siéndote desleal, infiel a tus principios y a lo que quieres.

Basta ya de agradar a los demás solo por evitar conflictos. Esa reacción que se generará por una negativa tal vez nunca se produzca y exista solo en tu imaginario.

O, tal vez, sí suceda porque las demás personas ya saben que nunca te niegas a nada.

Cambia, no te hagas más daño y no temas a cómo reaccionarán los demás. Tu bienestar está en primer lugar, tu felicidad y lo que quieres también.

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Antes de irte lee: La peor tormenta es la que se forma en nuestra mente

Los demás no son más importantes que tú, así que, si vas a hacer algo sin ganas, si vas a decir algo de lo que luego te arrepentirás, simplemente, no lo hagas.

No pienses tanto, no te preocupes tanto. Las peores tormentas se forman en nuestra mente.

 

Ilustraciones: Agnes Cecile