Cómo evitar los brotes de ira

Realizar ejercicio es una de las mejores formas de generar endorfinas y controlar los posibles brotes de ira, ya que descargamos las tensiones durante la sesión de entrenamiento

Un atasco en la autopista, una discusión con la pareja o la cancelación de un vuelo puede provocarnos un enojo tan grande que nos dan ganas de arrojar cosas o gritar sin control.

Los brotes de ira o de agresividad son un problema que afecta a muchas personas, sobre todo en las grandes ciudades donde el estrés y las preocupaciones están a la orden del día.

En este artículo te damos algunos consejos para evitar o reducir los ataques.

¿Qué es y por qué se produce la ira?

Qué es y por qué se produce la ira

Se trata de una emoción en la cual el ritmo cardíaco se acelera rápidamente, así como también la presión arterial y los niveles de adrenalina en sangre. Entre los principales síntomas de la ira encontramos:

  • Sudoración
  • Enrojecimiento
  • Tensión en los músculos
  • Respiración entrecortada

Este impulso agresivo por gritar, golpear o arrojar objetos es la respuesta del cerebro cuando considera que está frente a un peligro o una amenaza.

La ira puede estar causada por diferentes motivos y en la mayoría de los casos sucede cuando no podemos afrontar una situación como queremos.

Cuando estamos frustrados o nos sentimos impotentes por una situación la mente puede reaccionar de diferentes maneras.

Algunos lloran, otros disparan sus pensamientos y están los que se encolerizan. La ira es automática y en muchos casos no nos permite ver claramente lo que sucede.

Existen diferentes tipos de ira:

Ver también: ¿Sabías que la ira reprimida daña el hígado?

1. Ira instrumental

La conducta agresiva y la violencia aparecen cuando no somos capaces de lograr nuestros objetivos o vemos un obstáculo que no permite continuar. Esta conducta se asocia a un problema con las habilidades comunicativas.

2. Ira explosiva

Aparece cuando se “aguanta” mucho tiempo una situación perturbadora o injusta. Las pequeñas frustraciones diarias se acumulan y explotan en determinado momento.

Por ejemplo, una persona que ha tenido un día horrible en el trabajo y, al llegar a casa, por algo mínimo, se enoja.

3. Ira defensiva

Si se percibe un ataque o una dificultad la ira puede “servir” como protección. Por ejemplo, no querer hacernos cargo de un problema o no intentar una solución ante la adversidad.

Tips para evitar los ataques de ira

Como primera medida debemos tomar conciencia de las consecuencias de nuestros hábitos y reacciones.

Gestionar el enfado y racionalizar las emociones o impulsos irracionales puede ser de gran ayuda para que la agresividad y la ira no formen parte de nuestra vida.

Algunos consejos que pueden servir en estos casos son:

1. Observa los detonantes

Observa los detonantes

¿En qué situación o momento del día eres más propenso a un ataque de furia? ¿Sueles padecer este problema con una persona en particular?

La ira puede ocultar otras emociones como, por ejemplo, miedo, tristeza o angustia. Analiza por qué tienes brotes cuando llegas tarde al trabajo, cuando hablas ciertos temas con tu pareja o cuando hay algo que no te sale como querías.

2. No acumules sentimientos negativos

Uno de los principales causantes de la ira es guardar rencor y resentimiento. Somos como un vaso que se va llenando con gotas de agua. Hasta que en un momento nuestra capacidad rebalsa y el líquido se vierte.

Algo similar sucede con la agresividad o la furia. El enojo que has acumulado todo el día, semana o mes “rebasará” tarde o temprano. Para evitar esto es mejor afrontar los problemas a medida que van surgiendo.

No dejes que estos sentimientos negativos se reproduzcan en tu interior.

3. Cuenta hasta 10 (o el número que quieras)

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Si bien muchas veces no podemos darnos cuenta del momento exacto en que explotará nuestra ira, tenemos la capacidad para analizar los síntomas o estadios que vamos atravesando.

Aprovecha esos segundos de lucidez para calmarte antes de que se desate la tormenta.

  • Puedes contar hasta diez, cien (o lo que necesites para reducir la ira) o bien cerrar los ojos y enfocarte en tu respiración.
  • Hazla cada vez más pausada y consciente. Así equilibrarás los latidos del corazón y te tranquilizarás pudiendo ver las cosas en perspectiva.

4. Realiza ejercicio

Una buena manera de liberar endorfinas y calmarnos es practicando actividad física. Cuando el cuerpo está en movimiento transpira y equilibra la respiración y latidos cardíacos.

Puedes elegir disciplinas de mayor descarga como, por ejemplo, el boxeo o el kickboxing, o bien optar por rutinas relajantes como pilates, yoga y taichí para reducir la ira.

5. Descansa

Los-riñones-también-descansan

No hay nada más reparador que dormir varias horas. Si has tenido una jornada extensa en la oficina lo mejor que puedes hacer apenas llegas a casa es darte un baño y acostarte hasta el otro día.

Evitarás así enfrentamientos con tu familia (porque probablemente descargues tu ira con los que tienes más cerca) y la mente se relajará.

Duerme entre 6 y 8 horas cada noche y podrás estar más preparado cuando la ira quiera dominarte.

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6. Medita, lee o baila

Estas actividades relajantes son sumamente recomendables para evitar la agresividad.

Quizás en el momento en que la frustración se apodera de ti no puedas meditar pero, si realizas esta técnica a diario, tendrás más herramientas para hacerle frente a la furia.

Aprovecha tus tiempos libres para leer, bailar, jugar con tus hijos o cualquier otra tarea que te traiga serenidad.

7. Evita situaciones (o personas) irritantes

transformar lo negativo en positivo

Si sabes que los lunes por la mañana tu jefe es el peor del mundo o que cuando tu pareja tiene exámenes es más proclive a las peleas, no te acerques a ellos si pueden desatar tu ira.

Si el tráfico te enfurece sal de casa antes o toma el metro. Así no estarás en contacto con aquellas situaciones o personas que aumentan las posibilidades de sufrir un brote.

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