8 formas de desarrollar tu resiliencia en el día a día: ¡Aprende a afrontar la adversidad!

La resiliencia es esa capacidad que, frente a las adversidades, nos permite ser flexibles como el bambú en la tormenta: que se dobla, pero no se parte, sino que se hace más fuerte

El término resiliencia tiene una raíz etimológica muy interesante:  viene del participio latino resiliens, que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar o rebotar.

A su vez, siempre es conveniente recordar que esta palabra tiene su origen en el mundo de la física, ahí donde se hace referencia a esos materiales que tienen la propiedad natural de doblarse sin romperse para volver a su forma original.

Pensemos, por ejemplo, en un arco. En cómo lo doblamos para impulsar la flecha y cómo, al poco, vuelve a su estado anterior.

Por otro lado, es importante destacar que la palabra resiliencia, esa dimensión que ahora tanto nos inspira en el día a día, fue popularizada por el neurólogo, etólogo y psicoanalista Boris Cyrulnik, conocido sobre todo por su libro “Los patitos feos”.

Estamos, sin duda, ante una estrategia esencial que va mucho más allá del simple crecimiento personal: es una herramienta de vida, es ese trampolín que debe levantarnos en cada instante de flaqueza, en cada desánimo y, ante todo, en cada adversidad.

A continuación, te damos 8 claves para que empieces a profundizar y a potenciar mucho más en esta dimensión que todos disponemos. ¡Solo hay que despertarla, que fortalecerla!

1. Siente tus emociones

hueco-emocional

No inhibas tus miedos, tus frustraciones, no escondas tu tristeza o tu rabia: canaliza todas estas emociones haciéndolas presentes primero y entendiéndolas después.

Se trata de encontrar ese punto intermedio donde no permitir que ellas nos controlen ni obligarnos tampoco a esconderlas.

Para conocernos, para potenciar nuestras resiliencia en el día a día, es necesario convertirnos en adecuados gestores de nuestro vasto y a veces complejo universo emocional.

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2. Recuerda ese momento de tu pasado en que afrontaste una dificultad

Todos, a lo largo de nuestro ciclo vital, hemos sido héroes de la adversidad, hemos salido triunfantes de un instante complejo, de una decepción, de una encrucijada, de un abandono, una enfermedad o un contratiempo.

Casi sin saber cómo, lo logramos. De nuestro interior surgió una fortaleza inesperada que hizo fácil lo difícil, que nos aportó recursos personales que no sabíamos que teníamos…

Ten presente esos instantes de tu pasado en que saliste victorioso: son tu inspiración para el aquí y ahora.

3. Sal a caminar cada día

Caminar

 

Puede parecer una simpleza, y puede que más de uno no entienda qué relación tiene salir a caminar con la resiliencia.

El ejercicio suave pero constante genera adecuados cambios en nuestro cerebro: libera endorfinas, nos aporta calma, nos ayuda a relativizar la realidad, a oxigenar el cerebro, a reducir el nivel de cortisol en sangre…

Ese equilibrio interno mejora nuestras emociones y nos permite también aprender a ser más resistentes, a la vez que flexibles.

4. Cultiva relaciones positivas

Tener alguien con quien hablar, alguien de nuestra confianza con quien compartir preocupaciones, con quien permitirnos abrir nuestro corazón sabiéndonos entendidos y respetados es, sin duda, una ayuda mágica en el día a día.

Este apoyo emocional cotidiano es una raíz de poder que alimentará también nuestra capacidad de ser resilientes.

5. Tener días para nosotros solos

Tener días para nosotros solos

Disfrutar de un día para nosotros solos o de un par de horas en nuestras jornadas donde poder conectar con nosotros mismos, con nuestros pensamientos y necesidades es otra estratégica básica para gestionar ese mundo interior.

Los espacios personales, privados y esos rincones que solo nos pertenecen a nosotros mismos son también bocados de salud de los que nutrirnos de forma regular.

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6. Hacer cosas que nos son significativas, que nos aportan y nos importan

Hay veces en que, cuando lo pasamos mal, el simple hecho de hacer algo que nos gusta, que nos identifica o que nos define es una forma de canalizar el estrés y de hacer frente uso de la resiliencia.

Si nos gusta nuestro trabajo, si tenemos una afición muy relevante, es importante volver a ellas en esos momentos en que sentimos cierto bajón o la sombra del desánimo.

Por curioso que parezca, las rutinas, en ocasiones, actúan como motores vitales que nos empujan a avanzar, a seguir adelante.

7. Escribe, lleva un diario para potenciar tu resiliencia

escribir mejor con salud

En nuestro espacio ya te hemos hablado en alguna ocasión sobre los beneficios de llevar un diario personal.

Es un modo muy terapéutico de desahogar emociones, de ordenar ideas, de proyectar, de decidir, de aclarar la mente, de reflexionar y  hallar esa necesitada intimidad con nosotros mismos.

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8. Siente tus pies en contacto con la tierra

Esta imagen tan metafórica de “tener los pies en la tierra”, en realidad, nos trasmite una serie de ideas básicas sobre las que reflexionar:

  • Tienes unas raíces que te nutren, que te permitirán ser fuerte de nuevo: tu autoestima, tu historia personal, las personas que te quieren.
  • Debes mantenerte en equilibrio en todo momento, fuerte pero flexible como el bambú, en contacto con aquello que te alimenta y te inspira, con ese sustrato emocional que te inspira y te reconforta.
  • Formas parte de un todo, eres como un árbol más en este entorno complejo y, como los árboles, tus raíces se hacen más fuertes en las tormentas.

No dudes en aplicar todas estas estrategias y reflexiones en el día a día para potenciar tu resiliencia.