Mi fortaleza no se mide por lo que soporto, sino por todo lo que he dejado atrás

Debemos aprender a poner nuestros empeños en aquello que merece la pena, y muchas veces deberemos renunciar a lo que queremos para lograrlo. Es ahí donde debemos mostrar nuestra fortaleza

Quien piense que la fortaleza se mide por todo lo que uno carga a sus espaldas y en su corazón se equivoca.

Fuerte no es quien calla, quien otorga, quien aguanta desprecios y ofensas. Fuerte es quien las afronta, las supera y las deja atrás.

En nuestras sociedades, y más en la educación que recibimos, queda implícito que sufrir es de valientes y de ahí que, en ocasiones, acabemos soportando más de lo que debemos, hasta el punto de creer que decir “no” es de cobardes o reflejo de una personalidad débil.

Esta característica es especialmente habitual en la educación que reciben muchas mujeres. “En el matrimonio hay que aguantar”, “las buenas hijas nunca dicen que no a la familia, y deben priorizar a los suyos por delante de sí mismas”.

Ideas como estas provocan a menudo que se creen situaciones personales de gran vulnerabilidad que nos van convirtiendo en sombras de nosotras mismas. 

Por mucho que nos halaguen diciéndonos lo buenas que somos por todo lo que hacemos por los demás o lo fuertes que somos por “soportar tanto a cambio de nada”, recuerda que todo tiene un precio: tu autoestima, tu salud.

Tu auténtica fortaleza es tu valentía

Fuerte es la mujer que cuida de su hijo enfermo esperando que algún día pueda valerse por sí mismo, que alcance toda la felicidad que merece habiendo superado esa época difícil.

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Fuerte es la mujer que dice “basta” al maltrato, a los comentarios irónicos que desprecian; fuerte es quien es capaz de poner límites y de cortar ese vínculo porque es consciente de que merece algo mejor.

Fortaleza es entender las propias prioridades y comprender que hay esfuerzos y renuncias que sí valen la pena. Porque nos importan las personas que nos rodean, porque entendemos que, a veces, es necesario olvidar lo que sentimos para recordar lo que merecemos.

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Cuando nos enseñan a ser débiles

Puede que esta frase te haya sorprendido. ¿Quién nos enseña a ser débiles? Y, aún más, ¿por qué razón alguien desearía que fuéramos manejables y obedientes?

  • Existen muchos tipos de crianza y de patrones educativos donde queda implícito el concepto de obediencia.
  • Hemos de tener claro que a los niños hay que educarlos en respeto, no en obediencia, porque esta última dimensión se consigue a través del miedo, y el respeto, por su parte, se inculca a través de la comprensión y una adecuada inteligencia emocional.
  • La educación que nos quiere obedientes y débiles busca, ante todo, tenernos controladas para cumplir un propósito: ser obedientes a la familia o a una figura de autoridad. Algo muy habitual en la sociedades patriarcales.

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Se nos hace entender que somos más dignas de ser amadas si somos “obedientes”. Todos estos esquemas de pensamientos nos harán creer también que somos fuertes por seguir cada dictado, por ceder en cada orden, por ser capaces de decir “sí” cuando nuestro corazón siente un “no”.

A nivel de pareja también es común que, en ocasiones, cedamos al chantaje emocional, hasta el punto de convertirnos en personas frágiles, orientadas a cumplir cada deseo del ser amado. Tampoco esto es “ser fuerte”.

mujer-bailando representando su fortaleza

La fortaleza implica, ante todo, aprender a renunciar

Lo creas o no, nadie te va a enseñar cómo se aplica el decálogo de la fortaleza.

La sociedad, la familia e incluso el propio mundo de la moda o el márketing nos prefieren solícitos y débiles, lo bastante influenciables para consumir sus productos, para decir que sí a todo y así, aspirar a cierta felicidad.

Ahora bien, nada de esto nos aporta un bienestar real, trascendente y duradero. Es posible que al hacer un favor a un amigo te haga sentir pleno, pero cuando debas hacerlo todos los días te darás cuenta de que hay algo que no va bien.

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Priorizar y renunciar para invertir nuestras energías en lo que vale la pena sí es fortaleza, sí es valentía. No dudes en poner en práctica estas sencillas estrategias con las que aprender a ser más fuerte.

  • Antes de realizar una acción, valora qué consecuencias puede tener.
  • Antes de decir sí, piensa en cómo te vas a sentir si tu corazón lo que necesita es un no.
  • Valientes no son los que se pasan el día acumulando amarguras o llorando a escondidas. Valientes son los que miran a la vida con esperanza, sabiendo que, para ser felices, hay que tomar decisiones.
  • Invierte tu tiempo y tus esfuerzos en quienes lo merecen de verdad. Solo entonces te sentirás bien contigo mismo y te verás como una persona realmente fuerte, alguien que batalla cada día por lo suyo, por sus raíces, por su dignidad y lo que ama de verdad.

Nadie tiene por qué decirte cómo vivir la vida o cómo ser feliz. El arte del bienestar personal es una decisión propia y eso también es reflejo de valentía.

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