Frostine Shake: o cómo amar tu cuerpo “perfectamente imperfecto”

A pesar de no encajar en el mundo de la danza clásica, Frostine Shake no se dio por vencida y no dejó de luchar por su sueño de seguir bailando

Frostine Shake es un ejemplo más de esas mujeres que han sido capaces de dejar a un lado las ofensas, las críticas y las humillaciones de la sociedad para luchar por aquello que es esencial: la felicidad de uno mismo.

Cada uno de nosotros encontramos nuestro bienestar, nuestro equilibrio y nuestra alegría de vivir de un modo. Esta joven de 30 años ha hallado siempre estas dimensiones a través del baile.

A lo largo de toda su vida siempre ha tenido unos kilos de más, su constitución corpulenta venía de familia y, a pesar de realizar un intenso ejercicio físico desde que tenía 6 años, su figura nunca ha podido encajar en los férreos moldes que demanda la danza clásica.

La historia de Frostine Shake es un bonito reflejo de ese despertar interior que, en ocasiones, nos vemos obligados a ejercer.

Porque, a veces, nos limitamos a dejarnos llevar por los dictámenes externos, esos que nos dicen qué puertas debemos abrir y a cuáles es mejor ni acercarse porque “no encajamos”.

Esta mujer acabó decidiendo que, si ella no estaba hecha a la medida del mundo, crearía un mundo a su medida. Te lo explicamos.

Frostine Shake y la danza de la libertad

Frostine se apuntó a clases de danza cuando tenía 6 años. Su familia no dudó un momento en satisfacer sus sueños, en darle paso a ese mundo que le fascinaba desde que tenía uso de razón.

Ahora bien, aquellos años fueron, sin duda, los más duros de su vida. Al principio el centro la aceptó con la idea de que aquella niña gordita iría estilizándose a medida que creciera.

Tal vez la pubertad le acabaría quitando unos kilos, tal vez el ejercicio de la danza y unos hábitos adecuados de vida afinarían un poco su cintura.

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Los años pasaron y Frostine nunca tuvo la oportunidad de ser primera bailarina en los certámenes del colegio. Aquella niña siempre era apartada, vista con incomodidad e ironía.

Aún más, las profesoras esperaban incluso que ella misma se diera por vencida y abandonara la danza.

La suya fue una infancia dura, habitada por los desprecios, las miradas desconsideradas y las risas a escondidas. Llegó la adolescencia y Frostine no bajó de peso.

Era ágil, tenía una gran resistencia, gracia y elasticididad, pero no era delgada; jamás sería una bailarina de danza clásica. Así que, finalmente, acabaron echándola.

Frostine Shake

La metamorfosis interior

Frostine Shake había conocido a adolescentes que, por la necesidad de encajar en el mundo del ballet, desarrollaban conductas relacionadas con los trastornos alimentarios: dejar de comer, provocarse el vómito…

Eran situaciones tan dramáticas que, por un lado, sintió alivio al dejar aquel mundo un tanto oscuro.

Desde los 16 años cuando dejó las clases de baile clásico hasta los 18 experimentó una época de grave crisis personal. Se sentía perdida, arrancada de lo que, hasta entonces, había sido su mundo y su propósito.

El baile le confería libertad y felicidad.

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Tenía claro que no deseaba volver al ballet, que cambiar de centro o de ciudad no iba a mejorar las cosas. Tampoco deseaba caer en la bulimia. Su cuerpo era el que era.

Tenía buena salud, se sentía bien, pero ahí estaban esos kilos de más… ¿Qué podía hacer?

Si no tenía un lugar para la danza clásica, buscaría su espacio dentro de otro tipo de baile. Otra modalidad que le permitiera sentirse bien con sus líneas, con sus formas, con sus caderas y con aquel cuerpo del que se sentía orgullosa.

Fue entonces cuando Frostine Shake descubrió el burlesque.

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La celebración del propio cuerpo en el burlesque

No hay nada como descubrir un nuevo camino donde, de pronto, armonizan todos nuestros sueños, todos nuestros proyectos, ilusiones y curiosidades.

El burlesque le abrió las puertas a un mundo que hasta entonces Frostine desconocía. Aquí no tiene demasiada importancia que uno tenga o no un cuerpo espectacular. Aquí cuenta el atractivo, el descaro, la sutileza, la fantasía y el carácter.

Esta mujer contaba con todos estos aspectos en grandes cantidades. Solo faltaba afinar algunos detalles, disciplinas en las que se formó de manera magistral.

Estudió teatro, canto, se convirtió en maquilladora profesional y afianzó otro tipo de baile donde resultó ser toda una artista.

Frostine Shake baile

Se esfuerza cada día en ofrecer arte, belleza y, ante todo, un desafío a todo aquel público que aún cree que la belleza está en la delgadez.

A día de hoy Frostine es toda una referencia en Instagram, donde cuenta con 14 000 seguidores. Trabaja en teatros y en salas de baile y, por encima de todo, es feliz con lo que hace.

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Es una mujer con grandes curvas que ya no esconde. No odia su cuerpo, no desea cambiarlo y se enorgullece de esa belleza que va de la mano de la salud y que, además, le ofrece libertad y bienestar.