Gastroparesia: todo lo que debes saber

Andrea Flores 24 febrero, 2018
La ausencia o carencia de movimientos peristálticos, como ocurre en los pacientes que padecen gastroparesia, puede conducir a cuadros de estreñimiento crónico.

La gastroparesia es una enfermedad que afecta a la musculatura que forma el estómago. Así se altera la contracción involuntaria de este tejido, que desplaza a los alimentos digeridos hacia el intestino delgado.

Por tanto, estos movimientos (denominado peristálticos) se ralentizan e incluso pueden llegar a detenerse por completo y los alimentos se acumulan en este órgano.

Síntomas de la gastroparesia

Asimismo, podemos encontrar una serie de señales frecuentes que nos permiten identificar esta enfermedad:

  • Náuseas y vómitos. Cuando se producen los vómitos, se expulsan alimentos que no han sufrido una digestión apreciable.
  • Falta de apetito. El paciente pierde peso en poco tiempo y empieza a demostrar ciertos déficits nutricionales. Se puede producir hipoglucemia. La falta de apetito puede llevar a la reducción de líquidos, provocando la deshidratación del paciente.
  • Inflamación abdominal acompañada de una molestia que varía en intensidad con el tiempo. Esto se debe a la acumulación excesiva de los alimentos en el estómago. Este síntoma también es denominado distensión abdominal.

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Causas de la gastroparesia

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Asimismo, las causas de esta patología no están determinadas actualmente. Sin embargo, según a estudios clínicos se cree que existe una relación entre el daño al nervio vago y este trastorno.

De esta manera, este nervio provoca las contracciones involuntarias que se desarrollan en este órgano y que empujan a los alimentos hacia el intestino delgado. Por otra parte, las condiciones médicas que provocan lesiones y alteran las funciones del nervio vago son las siguientes:

  • Diabetes
  • Hipotiroidismo o disminución de la actividad de la glándula tiroidea
  • Enfermedades del Sistema nervioso Central (SNC). Por ejemplo,  la enfermedad de Parkinson
  • Intervenciones quirúrgicas en el esófago, el estómago o el intestino delgado
  • Determinados fármacos. Por ejemplo los medicamentos opiáceos o los anticolinérgicos
  • También se puede originar por una infección en el tejido estomacal.

Diagnóstico de la gastroparesia

Por otra parte, el equipo médico puede llevar a cabo una serie de pruebas médicas para identificar este trastorno:

  • Escaneo del vaciamiento gástrico con radioisótopos. En ella el paciente consumirá unos alimentos que contendrán bajos niveles de un elemento químico. Una máquina procesará imágenes a tiempo real, lo que permite identificar el trastorno.
  • Radiografía del abdomen. El individuo permanece 12 horas en ayuno e ingiere en la consulta un líquido que contiene una pequeña cantidad de elementos radioactivos. Así podemos comprobar si el líquido sigue almacenado en el estómago tras un reducido periodo de tiempo.
  • Manometría gástrica. En ella se introduce un fino cable por la garganta hasta el estómago del paciente. Asimismo, un sensor eléctrico conectado a un extremo del mismo mide la energía eléctrica (impulsos nerviosos) que estimulan los movimientos estomacales.
  • Otras pruebas médicas. Son utilizadas para detectar otro tipo de alteraciones que pueden provocar problemas en la digestión del paciente. Por ejemplo el análisis de sangre y de orina, ecografías abdominales o endoscopia del tracto superior.

Tratamiento de la gastroparesia

Algunos fármacos

Por otra parte, el equipo médico puede recomendar una serie de prácticas para aliviar al paciente:

  • Dieta controlada. Normalmente se aconseja el consumo de una pequeña cantidad de comida triturada varias veces al día. Estos alimentos serán bajos en grasas y fibra.
  • Uso de ciertos fármacos. Estos medicamentos alivian el dolor que pueda padecer el sujeto y fomentan el movimiento estomacal para que se realice una digestión normalizada. Asimismo, reducen las náuseas que pueda sentir el individuo.

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Prevención de la gastroparesia

sigo una dieta sana

Actualmente no existe una medida que podamos adoptar para evitar por completo el riesgo a padecer esta enfermedad. Sin embargo podemos realizar ciertos hábitos que reduzcan esa probabilidad.

Por ejemplo, consumir una dieta equilibrada y sana realizando una actividad física moderada para mantenernos en forma.

Así, se controlan los niveles de azúcar en sangre (glucemia), que podrían derivar en el desarrollo de diabetes. También es recomendable el abandono de ciertos hábitos insalubres como el tabaquismo, el alcoholismo y el consumo de sustancias tóxicas (como las drogas).

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