Cuanto más grande es la herida más privado es el dolor

Por mucho que ahora nos duela, debemos tener la certeza de que esa herida que sentimos en nuestro interior y que afecta a todo nuestro universo terminará sanando

Cuanto más grande es la herida más privado es el sufrimiento y más sola se siente la persona.

Las emociones negativas son esos enemigos habituales en la mente del ser humano que tanto nos afectan, que tanto nos impiden avanzar.

Habitualmente, entendemos “heridas” psicológicas como esos hechos acontecidos a lo largo de nuestro ciclo vital que han dejado una huella traumática en nuestro cerebro.

Los traumas son dolores excesivos que la persona no es capaz de gestionar y de afrontar y que, por tanto, quedan latentes en nuestro interior hasta el punto de afectar a nuestro comportamiento, y al modo en que vemos el mundo.

Cabe decir además que las heridas no se superan de igual modo si las experimentamos en la niñez o en la madurez. Un niño carece de recursos propios para gestionar un daño, una agresión, una decepción.

No obstante, hay un aspecto que suele ser común en niños y adultos. Cuánto más intenso es el trauma o la herida, mayor es la sensación de soledad.  Te invitamos a reflexionar sobre ello.

La herida que llevamos en nuestro interior

Una decepción, una traición, un desengaño, el dolor emocional que alguien nos produjo… Todo ello rompe nuestro equilibrio y la percepción que hasta el momento teníamos de lo que era “seguro”, de lo que nos ofrecía bienestar.

Podríamos decir también que esas heridas que suelen llevarse en silencio en el interior, tienen muchas formas y distintos orígenes. No obstante, los psicólogos nos explican que los traumas suelen tener las siguientes características:

mujer triste por la herida interna

Tipos de traumas, tipos de heridas emocionales

  • La ruptura con el sentimiento básico de seguridad: Puede ocurrir en la infancia o en la edad adulta. De pronto, todo aquello que nos definía, aquellos que nos son significativos y pilares en nuestro día a día, nos traicionan.

Con ello, perdemos todo lo que hasta el momento nos ofrecía seguridad.

  • Carencia de interacción afectiva: Es muy común en los niños que no reciben un apego adecuado, ese que fortalece el vínculo. Común también en esas parejas que no sienten el apoyo y el cariño de sus compañeros.

Son vacíos que dejan una profunda herida.

  • Ser víctima de determinadas agresiones: Las agresiones a nuestro físico, a nuestra autoestima, la vulneración de nuestras voluntades como persona con derecho a tener una opinión, unos valores y una conducta, son agresiones muy comunes que suelen originar graves traumas.

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Cómo nos afectan estas heridas traumáticas

  • El impacto de una agresión, de las carencias afectivas o de la ruptura de esa seguridad que toda persona necesita afecta directamente a la química de nuestro cerebro.
  • Un trauma crea un tipo de estrés postraumático que pone en alerta continua a nuestro cerebro. El miedo, la desconfianza y la ansiedad tejen ese caos neuroquímico que nos puede abocar a una depresión.
  • Las alteraciones en la norepinefrina, la epinefrina o la dopamina pueden provocarnos insomnio, hacer que siempre nos sintamos cansados, que suframos cambios de humor…

A pesar de que cada persona suele presentar una sintomatología concreta y que ningún caso es igual a otro, a nivel cerebral esta alteración en los neurotransmisores es algo común.

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Las heridas y el sentimiento de soledad

Las heridas emocionales, cuanto más intensas son, más inmovilizan a la persona y, en consecuencia, mayor es la sensación de aislamiento.

  • La persona herida siente que nadie puede entender por lo que está pasando, lo que está sufriendo.
  • La sensación de aislamiento también viene dada por la alteración de los neurotransmisores, los cuales intensifican la percepción de soledad y negatividad.
  • El malestar emocional incluye también malestar físico. El cansancio, la apatía, los dolores musculares y de cabeza tienden también  a “desconectarnos del mundo”.

También debemos tener en cuenta que no es tan fácil compartir nuestras heridas emocionales. Uno puede comentar lo mal que le ha ido el día, la discusión que ha tenido con su pareja…

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Ahora bien, revelarle a otra persona que nuestra pareja nos humilla o que de pequeños fuimos abandonados es algo complejo que no es tan fácil de comunicar y compartir.

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Cómo afrontar las heridas emocionales más intensas

Siempre nos será interesante comprender un aspecto sobre las emociones humanas. Las emociones negativas nos sirven para entender que algo va mal y para reconstruirnos. Nunca deben “paralizarnos”.

A su vez, las emociones positivas tienen como finalidad el poder “conectar” con aquellos que nos rodean. Con todo esto queremos decir lo siguiente:

  • Tienes derecho a estar triste, abatido y lleno de ira. Ahora bien, estas emociones no deben ser permanentes, nos deben permitir comprender que estamos mal y que debemos reaccionar, luchar.
  • No eres débil por pedir ayuda, por decir que no te encuentras bien, que te han ocurrido cosas que te impiden avanzar. Así pues, no dudes en hablar con alguien que de verdad pueda escucharte y ayudarte.

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Entiende que lo ocurrido ya no tiene vuelta atrás. Está hecho, la herida es profunda y probablemente, nunca terminará de curarse del todo hasta desaparecer. No obstante, hemos de entender que:

  •  La memoria no olvida, pero nos permite vivir de nuevo sin que duela de forma tan intensa.
  • Las heridas cicatrizan revistiéndolas de nuevas ilusiones, de nuevos proyectos que nos permitan ser más libres de ese pasado.
  • Apóyate en quienes te quieren de verdad, y lucha por cuidarte y quererte cada día como mereces.

Lo que alguien te hizo en el pasado, no debe definirte.