Grasas trans: mitos y realidades

4 enero, 2014
Este artículo fue redactado y avalado por la pedagoga en educación física y nutricionista Elisa Morales Lupayante
Las grasas trans artificiales estarían presentes sobre todo en alimentos ultraprocesados. Diferentes organismos internacionales recomiendan su consumo esporádico y moderado. Descubre por qué.

¿Quién no ha untado el pan con margarina en lugar de mantequilla durante una dieta? Durante años se ha difundido que el aceite vegetal es mucho más sano que el de origen animal, especialmente para el colesterol. Pero el procesamiento de este tipo de aceites para aumentar su duración y darles solidez podría generar grasas trans artificiales.

Esto no sucede con todas las grasas vegetales ni todos los productos, pero algunas veces en la etiqueta no se advierte claramente de que es una grasa vegetal trans (grasa vegetal hidrogenada).

En este artículo, te presentamos fundamentos científicos para derribar mitos sobre las grasas trans e informarte sobre las realidades científicamente probadas sobre estos ácidos grasos que tan mala fama tienen.

Grasas trans artificiales: ¿un problema?

Según un estudio de Acta Médica Costarricense, este tipo de grasa “artificial” propiciaría la formación de placas de ateroma en las arterias en un grado muy superior a las grasas de origen animal (grasas saturadas), con lo que incrementarían el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Por eso, sería importante consultar las etiquetas si se consumen determinados productos con frecuencia. Según los criterios de la Organización Mundial de la Salud, el consumo de grasas trans debería representar menos del 1% de las calorías diarias ingeridas.

Las estimaciones de la OMS señalan que cada año morirían unas 500.000 personas a causa de enfermedades cardiovasculares producidas por la ingesta de grasas trans.

Las grasas trans artificiales se encuentran con frecuencia en snacks y aperitivos salados, productos precocinados, galletas, margarinas y bollería industrial. Se forman al procesarlos para poder solidificarlos a temperatura ambiente. De otra forma, estos aceites serían líquidos y no podríamos untarlos.

 

Alimentos ricos en grasas trans artificiales

Una breve explicación química

Más en detalle, los ácidos grasos trans artificiales son ácidos grasos insaturados hidrogenados. Provienen de aquellos aceites que se hidrogenan con el fin de poder usarse industrialmente con mayor facilidad. El tratamiento industrial les confiere mayor durabilidad, solidez y sabor.

El proceso de hidrogenación consiste en tratar el aceite vegetal con hidrógeno para cambiar su estructura química y solidificarlo a temperatura ambiente.

La hidrogenación modifica la posición de los átomos de hidrógeno alrededor de los dobles enlaces moleculares característicos de las grasas insaturadas. Este cambio de configuración química transforma artificialmente los ácidos grasos insaturados «cis» en ácidos «trans», lo que los convertiría en un peligro para la salud.

Aunque las grasas trans naturales presentes en los lácteos no son un peligro, y pueden incluso ser beneficiosas, lo cierto es que existe un consenso científico acerca del peligro para la salud que suponen las artificiales.

Las grasas trans artificiales aumentarían exponencialmente el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, interferirían en la regulación de la glucosa, aumentarían el riesgo de diabetes y serían inflamatorias. Además, se han relacionado con problemas en el desarrollo del sistema nervioso en niños.

Para saber más: Colesterol alto: por qué es un peligro para la salud y cómo reducir sus niveles

 

Estructura molecular de los ácidos grasos hidrogenados

Mitos y realidades

Algunas veces, la publicidad y el marketing de los diferentes alimentos se hacen eco de que «contienen aceites vegetales». De esta manera, se genera en el imaginario social la idea de que se trata de productos saludables y, por este motivo, muchos de nosotros los escogemos para nuestra diaria.

Ahora bien, si se omitiese que el proceso de hidrogenación transforma los ácidos cis en ácidos grasos trans, se podría causar un enorme daño a la población.

Los consumidores podrían, por ejemplo, desviar el consumo de mantequillas elaboradas con leche entera de vaca sin procesar, a las margarinas, elaboradas con aceites vegetales hidrogenados. Frente a un consumo esporádico, no se verían incrementados los riesgos pero si se tratase de una ingesta diaria y habitual, la historia cambiaría.

De hecho, la legislación en muchos países prohíbe el uso de ácidos grasos hidrogenados en pastelería y bollería industrial, pero no sucede así en todos. En países del llamado primer mundo que aún no tienen restricciones al respecto, han comenzado a observarse algunos trastornos y problemas asociados a la obesidad y al colesterol, con el consiguiente riesgo cardiovascular.

En conclusión, algunas veces no basa con leer en la etiqueta frontal que un producto contiene aceites vegetales sino que, como consumidores responsables, deberíamos tomarnos el tiempo de analizar los ingredientes para corroborar si poseen o no grasas trans hidrogenadas.

Comida basura

¿Qué podemos hacer?

La solución sería disminuir el consumo de grasas trans artificiales. Esto no debería resultar excesivamente traumático, puesto que la mayoría de estas grasas perjudiciales se encuentran en dulces y productos procesados, que no son de primera necesidad, como la margarina, las galletas y repostería industrial, los helados, etc., fabricados con aceite vegetal refinado.

Recordemos que los alimentos procesados, dulces y bollería se encuentran en la punta de la pirámide alimenticia, recomendándose su consumo esporádico y moderado.

Descubre más: 7 alimentos que parecen saludables pero pueden arruinar tu dieta

Realidad: estudios científicos

En un estudio publicado en el New England Journal of Medicine, se demostró que las personas que ingerían mayor cantidad de grasas vegetales hidrogenadas, tenían el doble de probabilidad de sufrir un infarto de miocardio. Se estima que cada año podrían morir unas 30.000 personas en EEUU únicamente a causa de las grasas trans.

Entre los últimos datos científicos, se ha demostrado que este tipo de grasas no solamente afectan a los adultos, sino también a los niños e incluso, a los embriones y fetos.

En la Universidad de Maryland, la Dra. Beverly Teter ha podido constatar la reducción de la leche materna en ratones criados con margarinas industriales, lo que lo relaciona con determinados trastornos de la lactancia humana en madres en cuya dieta están muy presentes, motivando la imposibilidad de dar el pecho más allá de las dos o tres semanas después del parto.

Por supuesto, más investigaciones serían necesarias para poder extrapolar los resultados a humanos, además de tratarse de un estudio realizado ya hace varios años.

Además, se ha encontrado una relación con un menor peso del bebé en el nacimiento, como indican los estudios del Dr. Gerald Hornstra de la Universidad de Limburg en Maastricht.

La comida basura puede ser mortal

Alimentos con mayor concentración de grasas trans

Aquí tienes una lista de diez alimentos con alto contenido de grasas trans artificiales. De esta forma podrás hacer una selección de los alimentos que compras e ingieres, sin olvidar que consumir más de 5 gramos de esta grasa al día podría aumentar tu riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares:

  • Patatas fritas (150 g): .7 g de grasas trans.
  • Bollo industrial (1 unidad): 5-6 g de grasas trans.
  • Hamburguesa industrial (200 gr.): 3 g de grasas trans.
  • Quesito (1 unidad): 2,2-5,2 g de grasas trans.
  • Magdalena industrial (1 unidad): 1-2,1 g de grasas trans.
  • Galletas industriales (2 unidades): 1,3 g de grasas trans.
  • Margarina (1 cucharada): 0,9 g de grasas trans
  • Panecillo comercial (1 unidad): 0,85 g de grasas trans
  • Una tableta de chocolate (80 gramos): 0,75 gramos de grasas trans.
  • Barrita de cereales (1 unidad ): 0.4 g de grasas trans.

En resumen…

Hay suficientes evidencias científicas que demuestran cómo las grasas trans artificiales podrían ser perjudiciales para el organismo. En concreto, su consumo habitual podría causar enfermedades cardíacas y síndrome metabólico.

También se relacionarían con el exceso de inflamación, diabetes tipo 2 y otra amplia variedad de enfermedades crónicas. Por lo tanto, sería primordial identificar los productos que las contienen y evitarlos en la dieta regular.

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