Guía y remedios para bajar de peso

28 noviembre, 2013
Recuerda que si vas al supermercado con hambre puedes caer en la tentación de comprar más comida de la necesaria y más dulces.

Adelgazar es una necesidad imperativa actualmente, no solo para corregir los excesos navideños ni para ponernos el bañador en la playa. Es una cuestión de salud por el ritmo de vida y la forma de entenderla que llevamos. Pero ¡atención!, no es lo mismo adelgazar que bajar de peso saludablemente, lo sano es reducir nuestro índice de grasa corporal, y esto no siempre es lo que hacemos cuando adelgazamos de la primera forma que se nos ocurre.

Para nuestra salud y de paso nuestra figura, lo que realmente más nos importa es eliminar o reducir los acúmulos de grasa en nuestro organismo, este exceso es lo realmente perjudicial. El problema es que no solamente son factores socioeconómicos los que inciden en el aumento de peso, a ellos se le van sumando otras formas de entender la vida que conllevan, directamente, un incremento desproporcionado de nuestra masa corporal.

Nos referimos al sedentarismo, las inadecuadas costumbres alimenticias y a la tendencia excesiva que cada vez más se tiene a no sacrificarnos, a no sufrir lo más mínimo, a satisfacer en todo momento nuestros deseos. Todo ello hace que a medida que nuestro cuerpo va perdiendo capacidad metabólica por la edad y otros factores, se vayan acumulando todos aquéllos productos que éste no usa y no puede excretar a la suficiente velocidad, aumentando así, de forma inevitable, nuestro índice de grasa corporal y consiguientemente, nuestro peso.

Así pues, para reducir nuestro peso de forma duradera y a largo plazo y que el sacrificio realizado merezca la pena, no es suficiente que hagamos esporádicamente determinadas “dietas milagro” (se suele olvidar que, durante ese régimen, puedemos estar propensos a enfermarnos por la falta de vitaminas y otros elementos esenciales para mantener la salud.), sino que es necesario un cambio radical de nuestra forma de vida. Si no, pronto podríamos estar recuperando lo perdido.

En todas las fórmulas mágicas para adelgazar hay un escaso componente de sacrificio, es decir, casi nadie está dispuesto a realizar algo tan sencillo como equilibrar el consumo con el gasto.

Ayuno intermitente. Como “quemar” nuestra grasa acumulada

Hay un tipo de dieta de reciente descubrimiento y que supone una buena solución de compromiso: el ayuno intermitente. Este tipo de  “dieta” es simple y realmente supone un menor sacrificio, y se basa en ayudar a que nuestro cuerpo cambie el modo de consumo energético. Como si pretendiéramos que nuestro coche queme otro combustible distinto, pasaremos del “modo quema azúcares/carbohidratos”, al “modo quema grasa”, constituyéndose la grasa en su combustible principal. Vamos a explicarlo mucho mejor.

Esta sencilla forma de dieta consiste en programar bien nuestras comidas, de manera que ampliemos los intervalos de tiempo en los que ingerimos alimento. Obligamos así a nuestro cuerpo a usar la grasa acumulada en vez de hacer uso inmediato de los azúcares que ingerimos.

Eso sí, para “obligar” a nuestro cuerpo a realizar este cambio, debemos dejar un intervalo mínimo de 16 horas sin ingerir alimentos. No os asustéis, es más simple de lo que parece.

Sabed que el cuerpo necesita unas 6 a 8 horas para metabolizar nuestras reservas de glucógeno (energía rápida almacenada como azúcares), tras ese tiempo, el cuerpo ha consumido nuestras “reservas de azúcar” y entonces intentará conseguir energía quemando nuestra grasa acumulada. Por esto, si reponemos este glucógeno perdido comiendo antes de cada ocho horas, el cuerpo nunca usará las reservas de grasa como combustible. Si pasamos al “modo quema grasa”, esto producirá una paulatina reducción de peso y un aumento proporcional del bienestar físico.

Perder peso

Hay distintas formas de hacerlo posible. Una de las opciones es no desayunar y que nuestra primera comida diaria sea el almuerzo (obviamente podamos tomar un café por la mañana, pero sin leche y con algún edulcorante natural tipo kaa-hee, para no introducir azúcar en nuestro cuerpo). Evidentemente, no debemos comer más en el almuerzo por no haber desayunado.

No hemos de olvidar que ayunar no significa que después podamos ingerir cualquier cosa: hay que eliminar radicalmente la comida basura, hemos de reducir al mínimo los azúcares y reemplazarlos con grasas “buenas”, como el aceite de coco, el de oliva, mantequilla, huevos, aguacates, aceite de moringa y nueces.

Por ejemplo, podemos tomar una cucharada sopera de aceite de coco en la tarde, una vez alcanzadas ocho horas sin ingerir alimentos. Esto estimula el proceso metabólico “quema grasas” y además, tiene un efecto directo de estímulo tiroideo, con lo que incrementamos también el metabolismo, potenciando el consumo de la grasa.

El efecto no es inmediato, se demora un par de semanas en comenzar, pero cuando el cuerpo comience a realizar el cambio del modo quema azúcares al modo quema grasas, veremos cómo los antojos por los alimentos dulces y poco saludables van desapareciendo (ya que el cuerpo usa la grasa como combustible, y no pide azúcares)

Recomendaciones y Remedios populares

Como indicamos en la introducción, modificar nuestros hábitos es vital para conseguir bajar de peso y cuidar nuestra salud física y emocional. Para ello hemos de seguir unas recomendaciones.

  • Tomar mucha agua facilita el proceso de adelgazar, ayuda al organismo a descomponer las grasas y ayuda a eliminar la sensación de hambre. Tomar entre 8 y 10 vasos de agua (2 litros) mínimo.
  • Eliminar los azúcares y bebidas alcohólicas.  Se debe eliminar chocolates y dulces. En su lugar consumiremos frutas, sobre todo naranja y pomelo. El alcohol se debe evitar, ya que se metaboliza como azúcar.
  • Evitar el consumo de medicamentos diuréticos con el fin de adelgazar. Eliminar demasiados líquidos del organismo hace que se baje la presión arterial (hipotensión), esto ocasiona que la persona se sienta cansada, mareada y agotada lo que dificulta la pérdida de kilos.
  • Cuidar la alimentación y la forma de cocinar.  Para ello se debe eliminar el consumo de “comida basura” y  grasa saturada, y reducir al mínimo harinas, papas, arroz… (digamos todo lo blanco) y carnes rojas. En su lugar, consumiremos carne de pollo, pescado y todo tipo de vegetales. Si no se puede evitar comer algo entre comidas, se puede tomar una infusión, 100 g. de pepinillos encurtidos, un tomate o zumo de tomate o algo de cereales (copos de maíz o avena). No solo cuenta lo que se come, también es importante como se cocina, preferiremos asados y cocidos a fritos, las preparaciones más ligeras son el vapor, el hervido, el horno y la plancha.
  • Evitar estar sentados frente al televisor o el ordenador mucho tiempo. Llevar una vida sedentaria, pasar más de 4 horas sentados, influye negativamente en los niveles de glucosa y grasas del organismo. Según diversos estudios, cada hora que pasamos sentados aumenta el riesgo de patología cardiaca en un 18%. Si precisamos estar sentados mucho tiempo, es necesario romper esta dinámica cada media hora o cada hora al menos con cinco minutos de actividad o ejercicio moderado.
  • Comer en platos pequeños. Según estudios de la Universidad de Utah, hay un desfase entre el instante en que una persona ha terminado de comer y el momento en que su estómago se siente lleno. Al usar platos pequeños se sirven porciones menores. En este sentido, al vaciar el plato, el cerebro recibe la señal de haber terminado de comer y nos llegará la verdadera sensación de estar saciados o no. Así evitaremos comer “de más”.pimienta
  • Aderezar las comidas con pimienta, jengibre, curry y ají. Estos alimentos termogénicos activan el metabolismo, con lo que se quema calorías más rápido. Además, estas especias combaten la acidez, hinchazón y mejoran las digestiones.
  • Hacer ejercicio. Media hora de caminata durante el día puede ser muy efectivo. Siempre que sea posible, elegiremos subir por las escaleras a tomar el ascensor.
  • No ir a comprar alimentos con hambre. No es tontería, comprar en el supermercado con hambre estimula la gula y podemos estar  tentados a adquirir más comida de lo necesario, e incluso consumir alimentos más golosos y menos adecuados.

Los remedios naturales centran su actuación en estimular de forma natural el hígado y el sistema digestivo, lo que facilita el proceso de pérdida de peso.

  • Tomar 1 cucharadas diluidas de vinagre de manzana con una pizca de bicarbonato en un vaso de agua 30 minutos antes de cada comida.
  • Consumir perejil, vinagre de manzana y huevo duro, colabora al adelgazamiento ya que consumimos más energía para metabolizarlos que lo que aportan.
  • Infusión de marrubio: 1 cucharadita en 1 taza de agua caliente. Tomar 2 tazas diarias durante 15 días bien calentita.  Evitar en caso de embarazo, gastritis o úlcera péptica.
  • Infusión de té rojo y cardamomo. Se calienta 1 litro de agua y se añaden 2 cucharadas de té y 5 cucharaditas de cardamomo. Tomar 1 taza al día. Evitar en caso de embarazo, gastritis o úlcera péptica.
  • Zumo de zanahoria. Licuar o batir 3 zanahorias sin pelar. Beber tres veces diarias entre comidas.
  • Agua de alcachofa. Cocer 3 alcachofas en medio litro de agua durante 15 minutos.  Beber a lo largo del día.
  • Preparado de apio, nabo y perejil. Lavar y picar 3 ramas de apio, un puñado de perejil y 2 nabos.  Hervir en medio litro de agua durante 15 minutos.  Tomar  a lo largo del día.
  • Licuado de manzana verde y zumo de piña. Lavar y cortar una manzana verde en cuadrados y licuar con un vaso de zumo de piña. Tomar todas las mañanas.
  • Fucus, Diente de León y cúrcuma. Las algas Fucus vesiculosis son ricas en minerales como el yodo, potasio, magnesio, calcio y hierro lo que permite una respuesta de la tiroides que potencia el consumo energético. El Diente de León estimula de forma natural el hígado y el sistema digestivo, y la cúrcuma es un gran antioxidante. Estos tres alimentos combinados facilitan muy eficazmente el proceso de pérdida de peso.
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