Hábitos dietéticos cardiosaludables

19 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el nutricionista Saúl Sánchez Arias
Los hábitos dietéticos cardiosaludables son una serie de estrategias nutricionales que nos ayudan a promover la salud del corazón. ¿Te interesa saber más al respecto? En este espacio ampliamos la información.

Las enfermedades del corazón son una de las principales causas de muerte de este siglo. A pesar que la cirugía y la medicina han avanzado mucho, lo que permite salvar vidas, la mejor estrategia sigue siendo la prevención. En este sentido, nos conviene conocer los hábitos dietéticos cardiosaludables.

Se trata de una serie de estrategias nutricionales que nos permiten cuidar la salud del corazón a partir de la alimentación. Aunque deben complementarse con otros hábitos como el ejercicio físico regular, en general son uno de los pilares básicos para cuidar el sistema cardiovascular.

Hábitos dietéticos cardiosaludables: ¿en qué consisten?

Tener unos hábitos dietéticos cardiosaludables es saber hacer buenas elecciones alimentarias para promover la salud cardíaca. Como lo detalla un estudio publicado en International Journal of Molecular Sciences, las dietas de tipo occidental inciden en niveles más altos de inflamación y, por ende, mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.

Por su parte, y según esta misma publicación, otros modelos de alimentación, como el que propone la dieta mediterránea y la dieta DASH pueden tener un efecto beneficioso. Sabiendo esto, proponemos unos hábitos dietéticos básicos que pueden ayudar a promover el bienestar cardíaco. ¡Ponlos en práctica!

Mantener un peso saludable

Mujer comiendo sano para bajar de peso
Si la persona tiene sobrepeso y obesidad es necesario hacer un plan dietético hipocalórico para intentar volver a una composición corporal adecuada.

Uno de los mayores enemigos del corazón es la obesidad. Tener un peso corporal y un porcentaje de grasa por encima de lo normal supone un grave riesgo para el desarrollo de enfermedades del corazón. De este modo, es fundamental asegurar el mantenimiento de una dieta normocalórica si el peso corporal actual es el adecuado.

En caso de sufrir sobrepeso, la idea principal es llevar a cabo un plan dietético hipocalórico con vistas a volver a una composición corporal adecuada. Una estrategia interesante sería comenzar un plan de ayunos intermitentes. De este modo, se pueden reducir considerablemente las calorías de la dieta sin demasiado esfuerzo.

Eliminar el desayuno suele ser un hábito positivo por dos motivos: en primer lugar, por los mecanismos hormonales que se producen al ayunar en las primeras horas del día, que favorecen la quema de lípidos; en segundo lugar, porque el desayuno supone la principal comida de riesgo, junto con el picoteo entre horas, cuando hablamos de la introducción de alimentos procesados y azucarados.

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Cuidado con el azúcar

Otro de los factores precipitantes de las enfermedades del corazón es la diabetes. A pesar de no ser una enfermedad mortal por sí misma, si que lleva una serie de complicaciones asociadas que pueden resultar fatales. Una de ellas es el incremento de la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Un mal control de la glucosa puede venir derivado de una sobreingesta crónica de azúcares simples y de un peso corporal por encima de lo adecuado. El consumo frecuente de alimentos procesados, azucarados y refrescos supone un factor de riesgo para el desarrollo de patologías de tipo pancreático.

Cabe tener en cuenta que la diabetes es una enfermedad crónica que no tiene cura conocida, a pesar de que es tratable para minimizar la sintomatología. Por ello, es necesaria una prevención y una concienciación desde las primeras etapas de la vida. La educación nutricional resulta primordial.

Consumo adecuado de grasas

Grasas saludables.
Las grasas saludables son las mejores aliadas para promover la salud del corazón. Sin embargo, su consumo debe ser moderado.

La grasa es el nutriente protector del sistema cardiovascular por excelencia. Un consumo adecuado de grasas mono y poliinsaturadas permite regular el perfil lipídico y los triglicéridos en sangre, reduciendo el riesgo de complicaciones. Por ello, en la dieta deben de aparecer de manera frecuente grasas saludables como el aceite de oliva, el pescado azul, los frutos secos y el aguacate.

De todos modos, estos alimentos hay que consumirlos con cierta moderación, ya que las grasas son un nutriente muy energético, y su descontrol resultaría en un aumento de peso derivado de una dieta hipercalórica.

Sin embargo, no todas las grasas son positivas para el organismo. En los últimos años, se ha comenzado a cuestionar si las grasas saturadas son tan nocivas como antaño se creía. Pese a esto, lo que sí se sabe a ciencia cierta es que reducir al máximo el consumo de grasas trans es un acierto cuando hablamos de prevención de enfermedades.

Estas grasas son las resultantes de freír aceites vegetales a altas temperaturas, y están ampliamente presentes en la industria. Por ello, resulta un hábito saludable utilizar la plancha como método principal de cocción en lugar de freír. Además, es positivo reducir al máximo el consumo de alimentos procesados y azucarados en favor de los alimentos frescos.

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Sin olvidarse de los antioxidantes

Estas sustancias suponen una protección frente a la creación de radicales libres y a la oxidación. Se encuentran principalmente en frutas y verduras, y previenen contra el desarrollo de muchas enfermedades, incluidas las cardíacas y el cáncer.

Por ello, es importante asegurar un consumo mínimo de frutas y verduras a diario. No obstante, son sustancias que también se encuentran en muchas especias y sustancias como el café. Incluir todos estos alimentos en la dieta diaria ayudará a luchar contra el envejecimiento y será clave para la prevención de enfermedades crónicas.

Conclusión

Un binomio entre ejercicio regular y hábitos dietéticos saludables resulta crucial para disminuir la incidencia de enfermedades del corazón. Mantener un peso saludable es uno de los mejores consejos que se pueden dar cuando se habla de prevención.

Reducir el consumo de productos procesados e incrementar el de alimentos frescos, junto con un adecuado consumo de grasas saludables resultan prácticas muy cardiosaludables. De todos modos, la prevención pasa por la educación alimentaria en las primeras etapas de la vida, lo que permitirá arrastrar costumbres saludables según pasen los años.

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