Hábitos que te enferman (y no lo sabías)

Aunque creamos que son de lo más sano, o los llevemos practicando toda la vida, hay determinados hábitos que es mejor desechar para no poner en riesgo nuestra salud

Sabemos que salir desabrigados en invierno nos puede hacer coger un resfriado. O que comer en exceso nos provoca indigestión.

No obstante, hay muchos más hábitos que nos enferman y que repetimos a diario sin saberlo. En este artículo te los contamos para que trates de evitarlos (o, al menos, sepas las razones de ciertas enfermedades).

¿Qué haces para enfermarte?

Por supuesto que nadie quiere estar enfermo, padeciendo síntomas y sufriendo dolores. Sin embargo, al desconocer las consecuencias de ciertos hábitos es cuando aparecen las molestias o la necesidad de consumir antibióticos.

Entre las cosas que dañan la salud se encuentran:

Tender la ropa dentro de la casa

Tender la ropa dentro de la casa

Cuando llueve y lavamos la ropa solemos colocarla o bien cerca de la estufa o en el baño. Quizás en la cocina, al lado del horno, o en la sala para que, al menos, se airee con la ventana entreabierta.

Sin embargo, dejar la ropa húmeda crea un ambiente enfermizo. Esto se debe a que las esporas de moho y los ácaros de polvo se reproducen mucho más rápido en este tipo de ambientes.

Saltarse el desayuno

Algunos por falta de tiempo otros por costumbre… Lo cierto es que muchas personas no desayunan antes de salir de casa. Y eso es un error.

Primero, porque el organismo necesita energía para afrontar la jornada, y segundo, porque al no comer temprano el estómago necesitará más nutrientes en las horas siguientes.

Como consecuencia se almuerza copioso o se “pica” a todo momento. Esto conlleva un aumento de peso y enfermedades relacionadas, como el colesterol, la hipertensión, etc.

Te recomendamos leer: Los 6 errores que te impiden disfrutar un desayuno saludable

Mentir al médico

Sea al especialidad que sea, es probable que le digamos alguna “mentira piadosa” en la consulta. Si esto sucede el médico no podrá ayudarte a curar tu molestia o sanar tu enfermedad.

También ocasiona diagnósticos erróneos y mal suministro de medicamentos. Todo ello podría empeorar el cuadro e incluso poner en riesgo tu vida.

Usar zapatos incómodos

Usar zapatos incómodos

Las mujeres prefieren verse bonitas con unos tacones de 30 cm antes que cuidar sus pies. O quizás haya hombres que usan unas deportivas como ven en la televisión pero que les provocan hongos.

El calzado siempre tiene que ser cómodo, más allá de las modas o la publicidad. De lo contrario aparecen los problemas: callos, pie de atleta, descamación, mal olor, hinchazón y hasta torceduras de tobillos.

Cepillar los dientes al terminar de comer

Es verdad que la limpieza bucal es imprescindible, pero el problema radica el momento en que la llevamos a cabo.

Si inmediatamente después de almorzar o cenar vas rápido a cepillarte los dientes evitarás que la saliva neutralice bien el pH y el esmalte de los dientes se irá dañando por los ácidos de los alimentos.

Espera al menos 30 minutos para hacerlo (mientras tanto puedes beber agua).

Comer justo antes de acostarse

Terminar con el último bocado y ya estar tapado y con el pijama puesto en la cama no es una buena idea. ¿Las razones? Muchas.

En primer lugar, porque padecerás indigestión; en segundo término, porque no podrás conciliar el sueño y en tercerom porque probablemente engordes (el proceso de digestión es más lento si se está acostado).

Además es malo comer demasiado en la cena sobre todo si queremos evitar el insomnio y las consecuencias nefastas para nuestro organismo.

Comer sin apetito

Otro de los malos hábitos que están relacionados con la alimentación tiene que ver con el hecho de comer cuando se está aburrido, triste o ansioso.

Sin darnos cuenta podemos ingerir grandes cantidades de alimentos, mezclar ingredientes y acabar con una gran indigestión. Comer por nervios, depresión o estrés no solo provoca aumento de peso, sino malestares estomacales de todo tipo.

Trabajar toda la noche

Trabajar toda la noche

O estudiar. Si bien hay muchas personas que dicen que en las horas de la madrugada rinden mejor, lo cierto es que por las noches el cerebro y el organismo ralentizan su metabolismo.

Además, no es lo mismo dormir de día si queremos descansar tras una trasnochada. Trabajar por la noche es sinónimo de desequilibrios en el reloj biológico y eso puede causar estrés, irritabilidad y hasta exceso de peso.

Guardar las patatas en el refrigerador

Esta verdura tan popular en muchos hogares guarda un secreto que vale la pena revelar. El almidón que contiene se convierte en azúcar cuando se refrigera.

El problema de ello es que, al ser cocinado, se vuelve cancerígeno.

Por ejemplo, algunos estudios han revelado que las patatas que han sido guardadas en la nevera y posteriormente fritas forman una sustancia relacionada con el cáncer.

Morderse las uñas

Este es un hábito perjudicial no solo para la belleza de las manos (al ocasionar deformidades en los dedos, por ejemplo) sino también para la salud de tus dientes.

El esmalte se va desgastando al “rasparse” con las uñas. Como si fuera poco, nos podemos contagiar de todo tipo de enfermedades, ya que los dedos sucios están en contacto con las mucosas de la boca.

Abrir las ventanas por las mañanas

Abrir las ventanas por las mañanas

Seguro que tu madre o abuela te han dicho que es necesario “airear” la casa al levantarnos, sobre todo si ha amanecido soleado o tras muchos días de lluvia.

Ese consejo era bueno para las épocas pasadas o para aquellos que no viven en la ciudad. Aunque pensemos que el aire que ingresa es fresco, está repleto de contaminación que nos puede enfermar.

Ver también: Cómo proteger la piel de la contaminación

Calentar la comida en recipientes de plástico

Es muy común llevarse la comida a la oficina para ahorrar algo de dinero. Los envases utilizados de plástico también hacen de plato y de cazo. Por ello se colocan directamente en el microondas para calentar.

Más allá de que el uso de ese horno es malo para nuestra salud, las cosas se complican cuando introducimos la fiambrera: el plástico contiene Bisfenol A, un compuesto químico que, a altas temperaturas, se vuelve tóxico y que indefectiblemente pasa a la comida.

 

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