¿Has interpretado la verdad como un insulto?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 28 febrero, 2019
Raquel Lemos Rodríguez · 28 febrero, 2019
Para que la verdad no te duela, intenta aprender a reconocer y aceptar tus defectos. Si eres consciente de que no eres perfecto no te molestará que te lo recuerden.

¿Alguna vez has interpretado una opinión sincera o un consejo como un insulto? En esos momentos, el ego se ha hecho presente y ha enturbiado tu percepción de las cosas. Esto se produce porque, en el fondo, no te es agradable reconocer las equivocaciones. El ego se ve dañado por la sinceridad.

Aquello que interpretaste como un insulto, es posible que no lo sea. Simplemente, tú te has enfadado cuando lo que deberías hacer es tomar cartas en el asunto.

No tienes razón. Te están diciendo la verdad.

¿Eres realmente responsable?

Enfado amigas

¿Te consideras muy responsable? Seguro que sí, pero solo de lo que eres consciente. De todas aquellas cosas que te avisan y que tú te tomas como algo personal, esas, las ignoras completamente.

Sí, te cuesta hacerte responsable de tus errores porque, aunque no lo quieras aceptar, los has cometido. No eres perfecto.

En todas las  relaciones valoras la sinceridad o, al menos, eso es lo que dices. No te gusta que te mientan, pero tampoco que te digan toda la verdad. Y tanto en un extremo como en el otro, te sientes dolido y con rabia hacia la otra persona, incluso cuando tú mismo le has pedido que te dé su punto de vista.

Nadie ha nacido siendo perfecto y cada día, a base de equivocaciones, se aprende a ser un poco mejor. Sin embargo, se puede saber esto y seguir actuando como hipócritas. Ofendiéndonos y rechazando las verdades.

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Una opinión no es un insulto

Esa amiga que te dice que no le gusta tu atuendo, cuando previamente le has pedido su opinión, ya te ha amargado todo el día. Y cuando tu madre reflexiona sobre tu forma de comportarte, aunque sea por un momento, te hace fruncir el entrecejo.

Si tu pareja te comenta que hay aspectos que le rechinan un poco, empiezan a asomarte por la mente frases del tipo: pues si no le gusto que me deje; me tiene que aceptar tal y como soy. No obstante, ¿estás aceptando tú lo que te dice?

Aceptar la verdad puede ser difícil de llevar a la práctica.

  • No pasa nada por no gustarle a los demás: la ropa, la forma de ser, no tiene por qué agradarle a todo el mundo. Este hecho no implica que no te quieran o que te rechacen.
  • No eres perfecto. Tu ego siempre se sentirá dolido en el momento en que señalen tus defectos y equivocaciones. Sin embargo, todos sabemos que somos imperfectos y que de todo podemos aprender.
  • No seas incoherente, no puedes pretender que los demás sean sinceros contigo si cuando lo hacen, te enfadas. Aprende a escuchar y a valorar la sinceridad de los demás. Anímate también a sincerarte contigo mismo.

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Para gustos, los colores

Para gustos, los colores. No te tomes las opiniones como un insulto.

Si al pedirle su opinión tu amigo te dice: ¡qué camisa más fea! no te lo tomes como un insulto. Como bien sabes, todos tenemos gustos diferentes. No pasa nada. Él solo te está dando su opinión y no hay por qué estar de acuerdo en todo, todo el tiempo.

Ahora piensa en cómo tú ves la ropa de los demás. ¿Cuántas veces no has dado tu opinión acerca de lo que te parece una prenda u otra? Si has sido sincero, puede que tus comentarios no siempre hayan sido positivos. Sin embargo, esto no quiere decir que hayas sido malo. Simplemente, has dicho la verdad o, mejor dicho, has dado tu opinión.

No a todo el mundo le gusta la personalidad, ropa y actitudes de los demás. Y siempre habrá alguien a quien no puedas gustarle, aunque lo intentes. Así que, no te ofendas cuando esto ocurra. Sigue fluyendo y no malgastes tus energías molestándote por todo. 

Por otra parte, reflexiona: ¿de verdad quieres ser un camaleón para poder agradarle a todo el mundo? Intentar esto puede llevarte al agotamiento y a que te pierdas a ti mismo.

No te tomes la verdad como un insulto. Tómatela como una apreciación de alguien que está viendo la realidad de una forma diferente a ti. Aprovecha el punto de vista del otro para ampliar tu visión de las cosas. 

  • Goleman, D. (2002). Inteligencia Social: la nueva ciencia de las relaciones humanas. Kaidós.