¿Has interpretado la verdad como un insulto?

Raquel Lemos 25 noviembre, 2016
Para que la verdad no te duela intenta aprender a reconocer y aceptar tus defectos. Si eres consciente de que no eres perfecto no te molestará que te lo recuerden

¿Alguna vez has interpretado la verdad como un insulto? En ocasiones, nuestro ego se ve dañado por aquello que siempre demanda: la sinceridad.

Esto se produce porque no nos gusta reconocer que nos equivocamos, que no somos perfectos y que en aquello que nos considerábamos los mejores hemos cometido graves errores.

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Muchos insultos, en realidad, no lo son. Simplemente, tú te enfadas cuando lo que deberías hacer es tomar cartas en el asunto. No tienes razón. Te están diciendo la verdad.

La responsabilidad que recaiga en los demás

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¿Te consideras muy responsable? Seguro que sí, pero solo de lo que eres consciente. De todas aquellas cosas que te avisan y que tú te tomas como algo personal, esas, las ignoras completamente.

En todas nuestras relaciones valoramos la sinceridad o, al menos, eso es lo que decimos. No nos gusta que nos mientan, pero tampoco que nos digan toda la verdad.

Tanto en un extremo como en el otro, nos sentimos dolidos y con rabia hacia la otra persona.

Nos cuesta hacernos responsables de todos los errores que cometemos porque, aunque no lo queramos aceptar, son muchos.

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No hemos nacido siendo perfectos y cada día, a base de equivocaciones, aprendemos a ser un poco mejores.

Sin embargo, podemos saber esto y seguir actuando como hipócritas. Ofendiéndonos y rechazando las verdades hacia nosotros dirigidas.

Acepta la verdad

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Somos conscientes de que es muy difícil llevar esto a la práctica. Esa amiga que nos dice que no le gusta nuestro atuendo, cuando previamente le hemos pedido su opinión, ya nos ha amargado todo el día.

Cuando nuestra madre reflexiona sobre nuestra forma de comportarnos, por un momento, fruncimos el entrecejo.

Si nuestra pareja nos comenta que hay aspectos que le rechinan un poco, empiezan a asomar por nuestra mente frases del tipo “pues si no le gusto que me deje”, “me tiene que aceptar tal y como soy”

No obstante, ¿estás aceptando tú lo que te dice?

  • No pasa nada por no gustarle a los demás: Nuestra ropa, nuestra forma de ser, no tiene por qué agradarle a todo el mundo. Este hecho no implica que no nos quieran o que nos rechacen.
  • No eres perfecto: Tu ego siempre se sentirá dolido en el momento en que señalen tus defectos y equivocaciones. Sin embargo, todos sabemos que somos imperfectos y que de todo podemos aprender.
  • No seas incoherente: no puedes pretender que los demás sean sinceros contigo si cuando lo hacen te enfadas. Por lo tanto, lo contrario es la mentira.

En tus manos está la elección de lo que deseas escuchar.

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Para gustos, colores

Si tu amigo te dice “¡qué camisa más fea!” no te lo tomes como un insulto. Como bien sabes, todos tenemos gustos diferentes.

Está haciendo una apreciación sobre tu ropa que posiblemente le hayas pedido. Pero, no pasa nada. No te está insultando, está dando su propio punto de vista.

Piensa en cómo tú ves la ropa de los demás. ¿Cuántas veces le has dicho a tu hermano lo bien que le quedaba aquel pantalón cuando no era verdad? Sin embargo, quizás a él le gustaba.

Al igual que con las prendas o nuestra personalidad, por mucho que a los demás no les guste, no podemos cambiarlo. Aunque, a veces, lo intentamos…

Las personas manipuladoras intentan que seas alguien que no eres. Cada crítica o punto de vista que no te gusta provoca que desees ser de otra manera.

Piensa en lo mucho que hablabas cuando eras pequeño, ¡lo hacías por los codos! Sin embargo, a base de críticas, de protestas, de recriminaciones, terminaste ahogándote en el silencio.

Dejaste de expresar lo que pensabas. Preferiste escuchar a mostrar tus propias opiniones.

No a todo el mundo le gusta la personalidad, ropa y actitudes de los demás. No obstante, tenemos que aceptarlo.

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Eso sí, jamás cambies para agradar al resto. Piensa que siempre habrá alguien a quien no puedas gustarle. ¿Quieres ser un constante camaleón?

No te tomes la verdad como un insulto. Tómatela como una apreciación de alguien que está viendo la realidad de una forma muy diferente a ti.

 

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