Hay amores que, aunque breves, se quedan grabados en el alma

Muchas veces idealizamos los amores breves porque se quedan en esa etapa de enamoramiento en la que todo es perfecto, ya que no da tiempo a descubrir la parte negativa

Hay amores breves, fugaces como la brisa de un verano, como esos abrazos que nos envuelven unos instantes para, luego, dejarnos solos, pero muy llenos de emociones, sabidurías y bienestares que merece la pena experimentarse.

Algo que suele decirse a menudo es que los amores breves suelen ser siempre heridas abiertas en nuestro corazón.

Ahora bien, lejos de aferrarnos solo “a lo que pudo haber sido y no fue”, es mejor aceptar la vivencia, por muy corta que fuera, como algo enriquecedor que forma parte de lo que somos ahora y que, sin duda, valió la pena.

Siempre será mejor volver a ese rincón de nuestra alma que nos dejaron esos amores breves que lamentar no haber vivido nada de esto. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Amores que se quedaron grabados en nuestra alma

Decía Mario Benedetti que los amores eternos son los más breves.

Resulta curioso cómo nuestra memoria emocional suele acudir muy a menudo a esos rincones del hipotálamo u otras regiones cerebrales donde almacenamos estos “retazos”, estos fragmentos de nuestra vida afectiva, para recordar la felicidad de antaño.

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A veces dura más el propio recuerdo que el tiempo amado

El auténtico secreto de los amores breves es que los vivimos en esa primera fase del enamoramiento donde todo es muy intenso y perfecto, ahí donde el caos químico nos lleva a deleitarnos con esta etapa maravillosa.

  • La ruptura, ya sea acordada entre ambos o por alguna de las dos partes, eleva aún más la carga emocional.
  • Los amores breves no nos permiten consolidar del todo la relación, ni siquiera madurarla, nos quedamos en esa fase previa donde a “lo perfecto” se le añade, además, el componente trágico de la ruptura, por la brevedad de la propia relación.
  • A medida que pasa el tiempo la memoria suele idealizar muchas veces la propia realización. Pensamos en lo que pudo ser, en lo que nos quedó por vivir, en lo felices que hubiéramos sido.
  • El recuerdo y el modo en que integremos lo experimentado en esa relación hará que avancemos con mayor o menor madurez. Si nos centramos “en la pérdida” nos será muy complicado iniciar nuevos compromisos.

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Idealizar no siempre es bueno

Hay amores maravillosos, amores que nos decepcionan y amores que se enfrían con el tiempo. Sea como sea, en algo en lo que nunca deberíamos caer es en idealizar a las personas o a esas relaciones “efímeras” de nuestro pasado.

Es muy común “idealizar amores fugaces”, relaciones que apenas duraron unos días o unos meses.

  • Creamos una serie de pensamientos y razonamientos que terminan por encumbrar tan alto a algunas personas que, más tarde, cada vez que iniciamos una nueva relación, acabamos siempre haciendo comparaciones. No es lo adecuado.
  • Hay quien llega a pensar que “aquella persona” era mucho más de lo que merecíamos, que no era para nosotros y que, por ello, la relación fue tan breve. No es aconsejable.
  • Las relaciones deben ser recíprocas, y nunca son buenas aquellas donde lleguemos a pensar que la otra persona nos supera o está lejos de nuestro alcance.

Los amores breves, en realidad, nunca fueron perfectos. Porque, de haberlo sido, aún estarían a nuestro lado.

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Los amores que duraron poco, si fueron sinceros, merecieron la pena

Nunca te arrepientas de la vida experimentada con autenticidad e intensidad, aunque más tarde te trajera lágrimas y cierta tristeza.

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Si los amores breves dejan muchas veces vacíos en nuestro corazón, hemos de ser capaces de poner en la balanza todo lo que nos han aportado:

  • Emociones intensas cargadas de autenticidad.
  • Buenos recuerdos.
  • Palabras sinceras que elevaron nuestra autoestima.
  • Aprendimos a amar y a ser amados.
  • Vivimos un periodo breve que nos permitió ver la vida con positividad y nobles emociones. Todo ello son pilares para nuestro crecimiento personal, reserva cognitiva que puede acompañarnos para siempre.

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Como siempre suele decirse en estos casos, siempre será mejor lamentarse de haber perdido algo bueno que de no haberlo conocido.

  • Vivir es experimentar y también dejar ir, los amores breves son experiencias que nos ponen a prueba para demostrar si somos valientes para seguir avanzando o, por lo contrario, quedar encallados en el pasado para alimentarnos solo de la nostalgia.
  • Siempre será mejor hacerles un rincón muy especial en nuestra alma y en nuestro cerebro como parte de ese pasado experimentado y de un legado personal y emocional que nos define también como personas.
  • Cada uno de  nosotros somos “todo lo que nos ha ocurrido”, pero también somos “las valoraciones” que hacemos de dichas vivencias.
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Si percibimos los amores breves como hechos dolorosos viviremos en sufrimiento. Si los integramos como algo positivo y enriquecedor, estaremos abriéndonos a más posibilidades porque habremos entendido que nuestra finalidad en este mundo es ser felices.

Es algo que no debemos olvidar.

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