Hay pequeñas casualidades que te cambian la vida

Para que la vida nos sonría y favorecer la casualidad es fundamental tener una actitud positiva y ser receptivos. De lo contrario dejaremos escapar muchas oportunidades

Son muchos los que defienden que, en realidad, las casualidades no existen.

La voz de la ciencia y la sociología nos advierte de que la vida no es un accidente regido por la suerte. En realidad, cada uno recogería lo que siembra, porque todos estamos envueltos en un  aprendizaje constante.

Desconocemos si las casualidades son producto del azar, el destino o de cada uno de nuestros actos previos. No obstante, lo que sí sabemos es que en ocasiones la suerte está a nuestro favor y nos trae cosas e incluso personas que valen la pena. Que nos aportan la felicidad.

Te invitamos a reflexionar sobre ello para que nos ofrezcas tu opinión.

Las casualidades, coincidencias y sincronicidades

chica-con-mariposas-en-la-mano representando la magia de las casualidades

Nuestra vida es un libro que vamos escribiendo día a día porque, en cada momento, acontecen maravillosas casualidades y otras, como ya sabemos, no resultan no tan positivas.

Ahora bien, resulta curioso cómo algunos científicos y sobre todo físicos, lejos de llamarlo casualidades, prefieren hablar de coincidencias.

  • En el día a día vivimos ciertas coincidencias que para nosotros no parecen tener significado. Sin embargo, cada cosa que nos encontramos, vemos y sentimos son resultado directo de cada una de nuestras decisiones.

Si esta tarde decidimos quedarnos en casa no propiciaremos determinadas cosas: salir y encontrarnos con un amigo, comprar un cupón de lotería porque nos lo ofrece un vendedor, y que más tarde, tal vez, puede salir agraciado…

  • Las casualidades existen, pero la mayoría de las veces acontecen porque nosotros mismos somos agentes activos de nuestra realidad.

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Carl Gustav Jung acuñó el interesante término “sincronicidad” para hablarnos de otro tipo de casualidades: son la coincidencia temporal de dos o más eventos que, a pesar de estar relacionados entre sí, no son uno causa del otro.

Para entenderlo, te pondremos un curioso ejemplo. Al actor Anthony Hopkins le habían propuesto rodar una película titulada “La chica Petrovka”. Era una historia basada en un libro que ya no podía encontrarse, que estaba agotado en todas las librerías.

El actor, meticuloso en su trabajo, lamentaba no poder tener ese libro con el cual poder preparar mejor su personaje. Pasaron los días y, en una mañana en que iba a coger el metro en Nueva York, al sentarse en un banco encontró un libro que alguien se había dejado olvidado: “La chica Petrovka”. Este, es un ejemplo clarísimo de sincronicidad.

Para Jung, este tipo de casualidades podrían estar relacionadas con la física cuántica, con nuestra mente y el entorno que nos rodea. Algo sobre lo que reflexionar, no hay duda.

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Esas casualidades que nos traen la felicidad

pareja dependiente de otra
Para nosotros que nos limitamos a vivir la vida sin preocuparnos demasiado por la física cuántica, o por discusiones filosóficas sobre si es el destino, la suerte o nuestra mente quien favorece esas casualidades, lo único que deseamos es que todo lo que ocurra sea bueno.

Por ello, estaría bien reflexionar un poco sobre estas dimensiones:

Las casualidades se ven favorecidas por una actitud positiva

De todo lo que llevas puesto lo más importante es tu actitud. Es ella la que te va a dar fuerzas para hacer frente a tus días, para salir a la calle y sonreír, ver las cosas buenas de lo que te rodea y afrontar las dificultades con optimismo.

  • Si nuestra actitud no es abierta o receptiva dejaremos escapar muchas oportunidades y situaciones que, de algún modo, podrían mejorar nuestra realidad.
  • Quien opta por mantener una actitud cerrada, defensiva y negativa solo recibirá lo mismo. Es como estar inmersos en esa visión de túnel donde sólo vemos un punto final, el nuestro, sin descubrir todo lo que acontece a nuestro alrededor.

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El pilar del amor propio

¿Qué tiene que ver el amor propio en las casualidades? Muchísimo. Quien carece de amor propio se limita solo a “dejarse llevar”, a permitir que sean los demás o el propio ritmo de la vida quienes les traigan sus casualidades.

  • Es necesario ser artífices de nuestra propia realidad y, por ello, es importante disponer de amor propio, de autoestima y determinación para saber “qué sí y qué no”, qué camino tomar y que sendero evitar según nuestros propósitos y decisiones.

No temas a la incertidumbre

Las personas tenemos la necesidad de tenerlo todo bajo control. A nuestro cerebro no le gusta la incertidumbre ni lo imprevisto.

Ahora bien, es importante saber aceptar que hay cosas que no podemos dominar ni predecir y que las propias casualidades forman parte de la incertidumbre de la vida.

Se trata solo de dejarse llevar, de fijar nuestra acción en aquellas circunstancias que sí podemos controlar para que el resto acontezca a su ritmo.

Con una buena actitud, esperanzas, resistencia a la incertidumbre y una buena autoestima, la puerta de la felicidad tarde o temprano se abrirá ante nosotros para traernos aquello que soñamos.

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