Hazte con un perro para combatir la nostalgia

Cuando nos separamos de nuestros seres queridos, los echamos de menos. Creemos que vivir sin ellos es imposible. Sin embargo, un estudio ha demostrado que el mejor remedio es acompañarte de un perro para combatir la nostalgia

Podemos definir la nostalgia como el dolor o la desazón tras perder algo o a alguien que queríamos mucho.

Según Freud, cuando esto sucede, creemos que una parte de nosotros se ha ido con ellos, por lo que, a veces, dicha emoción puede empeorar hasta convertirse en una depresión.

Por tanto, merece la pena saber cómo manejarla y aprender algunas estrategias que nos ayuden a hacerlo.

La cultura popular nos señala que, en un momento de pérdida, lo mejor es buscar algo o alguien sobre el que volcar todo ese amor.

Un amor que se ha quedado sin destinatario, pero que sigue existiendo. Además de la conocida frase “un clavo saca a otro clavo”, podemos optar por otras alternativas.

Una de las más generalizadas es la de adquirir una mascota. Lo más habitual es escoger un perro, debido a su fidelidad y a su capacidad para amar.

Pues bien, estas teorías, salidas del boca a boca, tienen hoy una demostración científica.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) lo comprobó con un estudio de campo.

Aquellos estudiantes que tienen que desplazarse para cursar sus estudios universitarios, superan mejor la separación cuando tienen un perro para combatir la nostalgia.

La consecuencia directa de esto es que sus resultados académicos son mejores.

La terapia asistida con perros ayuda a superar el paso del instituto a la facultad

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Los investigadores recopilaron información en 44 universidades.

Seleccionaron a los estudiantes primerizos que afirmaban sentir nostalgia y les pidieron que rellenaran un cuestionario para medir la nostalgia, así como la conexión y la unión con la vida en el campus.

Para continuar, se escogió a un grupo para que siguieran una terapia con mascotas. Por el contrario, la otra parte quedaría a la espera de su turno, pasadas ocho semanas.

Los jóvenes que disfrutaron del tratamiento estuvieron 45 minutos semanales en contacto con pequeños grupos de perros para combatir la nostalgia.

Tras las 8 semanas, todos los individuos del estudio repitieron el formulario del principio.

Los resultados fueron esclarecedores: los del primer grupo redujeron la melancolía de manera considerable, al tiempo que mejoraron estado de ánimo.

Por su parte, las personas que no contaron con esta ayuda, agudizaron su malestar.

No olvides leer: Distimia, la melancolía que nos hace prisioneros

Gracias a esto, se ha abierto una nueva vía de intervención para estos casos. Esta buena noticia es mucho más importante de lo que puede parecer a simple vista.

Además del efecto positivo en las historias individuales de los estudiantes, puede marcar una diferencia en la nuestra.

Muchos de estos alumnos son muy inteligentes, sin embargo, sin la presencia de un perro para combatir la nostalgia, su rendimiento bajará y con este, sus resultados.

¿Quién sabe si no nos hemos perdido a algún científico revolucionario, a una economista transformadora o a una novelista rompedora?

Efectos negativos de la nostalgia

tristeza

La nostalgia nos lleva a echar la vista atrás con demasiada frecuencia. Es en el pasado donde está aquello que extrañamos y es ahí al lugar donde queremos volver.

Así las cosas, cualquier acontecimiento presente carece del brillo que presentan nuestros recuerdos. Asimismo, el futuro se nos aparece como un horizonte confuso, muy lejano.

De algún modo, estamos aún viviendo en ese ayer que tanto añoramos, por lo que ni hoy ni mañana tienen importancia.

¿Quieres conocer más? Lee: 10 cosas que los perros nos pueden enseñar acerca de la vida

Por tanto, cuando la melancolía se convierte en un estado generalizado, más que en un lugar donde transitar de vez en cuando, damos de lado a nuestros proyectos.

Así, si te atrapa la nostalgia a una edad tan temprana como son los 18 años, desaprovechas las distintas oportunidades que te ofrece la vida. No es que las deseches, lo que ocurre es que no las ves.

En este sentido, no sigues las clases con la atención que debieras, ni reflexionas con la claridad que quisieras, ni experimentas con la pasión que esperabas tener cuando decidiste emprender este nuevo viaje.

Por tanto, resulta fundamental que se aumenten las investigaciones en este ámbito, sobre todo en la población joven. La capacidad que la juventud posea para agarrarse a la vida y para amarla es esencial para las nuevas generaciones.

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