¿Qué es una hemorragia?¿Qué tipos hay?

Laura Yalba · 28 marzo, 2018
Las hemorriagias internas suelen ser las más peligrosas debido a que en muchas ocasiones son detectadas cuando ya se ha perdido demasiada sangre.

Una hemorragia es la ruptura de vasos sanguíneos (arteriales, venosos o capilares).  Se trata de una situación grave y de urgencia en la que se pierde una cantidad considerable de sangre de manera rápida, causando estragos en las zonas afectadas o que incluso puede conducir a la muerte.

En casos de lesiones con hemorragia son importantes los primeros auxilios. Toda pérdida de sangre debe ser controlada cuanto antes.

Cuando se producen hemorragias, el propio organismo se encarga de reparar el vaso sanguíneo que se ha roto, formando un “tapón” o coágulo en la herida, con el fin de que cese el sangrado. Nosotros podemos ayudar a la formación de ese “tapón”.

Existen dos tipos de hemorragias: hemorragias internas y hemorragias externas.

Tipos de hemorragias

Hemorragias internas

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En las hemorragias internas la sangre no fluye al exterior del cuerpo, sino que se queda en el interior. Se trata de una emergencia médica grave, la severidad depende de los órganos afectados. Las causas más comunes son traumas, algunas enfermedades y complicaciones en terapias médicas.

Normalmente las personas que sufren una hemorragia interna presentan los siguientes síntomas:

  • Palidez extrema
  • Mareos
  • Pulso débil
  • Hematomas en diferentes partes del cuerpo
  • Pérdida de sangre por boca, recto o vagina
  • Si la hemorragia se produce en la zona del pecho también puede presentar dificultad respiratoria

Cuando el herido tenga estos signos le debemos tumbar horizontalmente, taparlo y tranquilizarlo.  Resulta esencial controlar que el herido respira y tiene pulso. Así mismo, debemos asegurarnos de que no aparecen signos de colapso o shock hipovolémico tales como sed, ansiedad, frío o taquicardia.

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Hemorragias externas

hemorragia nasal

En las hemorragias externas la sangre fluye directamente al exterior del cuerpo.

El origen de la hemorragia se conoce gracias al aspecto de la sangre:

  • Venas: sangre oscura que fluye a gran velocidad.
  • Arterias: sangre roja que fluye rápidamente.
  • Capilar: fluye poco, propia de heridas superficiales que dañan los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de la piel.

En consecuencia las hemorragias venosas o arteriales son las más graves. Para frenar el sangrado hay que apretar fuertemente de manera directa sobre la herida, si es posible con alguna tela.

Si la herida es demasiado grande, que no podemos abarcarla con ambas manos, podemos realizar un vendaje de compresión, es decir, con una tela enrollaremos dando varias vueltas la zona afectada, intentando apretar el vendaje con la máxima fuerza posible.

Por otra parte, la elevación de la parte lesionada reduce la hemorragia. Por ejemplo, si pérdida de sangre tiene lugar en los brazos hay que levantarlos por encima de la cabeza o si es en las piernas, con la persona tumbada, la elevaremos.

Esta elevación dificulta la circulación de la sangre, ya que con esta posición hacemos que disminuya la velocidad del flujo. Al realizar estas acciones seguramente ayudemos a retrasar la pérdida de sangre masiva y las complicaciones que pueden aparecer con posterioridad al sangrado.

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Los peligros de los torniquetes

Torniquete

El método del torniquete solo debe realizarse en caso de que al comprimir la herida, no podamos detener el sangrado. Si llegara a ser necesario este tratamiento, debería hacerse de la siguiente manera:

  • El torniquete siempre se coloca por encima del foco sangrante (más o menos cuatro dedos por encima del borde de la herida).
  • Si es posible, poner el torniquete sobre una zona almohadillada. Tiene que atarse en torno a una zona en la que palpemos hueso, para evitar lesiones nerviosas.
  • Hay que hacer una compresión fuerte.
  • Vigilar constantemente al herido y el aspecto de la lesión y el torniquete. El tiempo máximo de colocación de torniquete es de hora y media o dos horas.
  • No se debe quitar el torniquete de forma rápida. Es preferible esperar a la ayuda sanitaria para que lo valoren.

A veces se utilizan objetos rígidos y alargados, como palos, para poder usarlos a modo de molinete y hacer más presión con el torniquete. En este caso introduciremos el palo en el nudo que hagamos con la tela y daremos vueltas hasta que el herido pierda la sensibilidad por la presión ejercida.

Finalmente deberemos asegurar el palo sujetándolo con otra venda para evitar que el torniquete pierda fuerza.

Ante un accidente que cause este tipo de hemorragias sería necesario llamar de inmediato a urgencias y realizar estas acciones para evitar dificultades en la recuperación del paciente.