Hemorragia: Qué es y cómo detenerla

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Maricela Jiménez López el 8 noviembre, 2018
Una hemorragia es una pérdida de sangre importante. Es necesario saber identificar el tipo de hemorragia y saber que hacer ante esta emergencia.

Una hemorragia es la ruptura de vasos sanguíneos arteriales, venosos o capilares. Se trata de una situación grave y de urgencia en la que se pierde una cantidad considerable de sangre de manera rápida.

Esta puede causar estragos en las zonas afectadas o que incluso puede conducir a la muerte. En casos de lesiones con hemorragia son importantes los primeros auxilios. Toda pérdida de sangre debe ser controlada cuanto antes.

Cuando se producen hemorragias, el propio organismo se encarga de reparar el vaso sanguíneo que se ha roto. Así, forma un “tapón” o coágulo en la herida, con el fin de que cese el sangrado.

Sin embargo, nosotros podemos ayudar a la formación de ese “tapón”, prestando la asistencia en caso de que se presente una hemorragia. Por supuesto, el cuidado dependerá del tipo de hemorragia que sea.

Hemorragia externa

Hemorragia nasal

En las hemorragias externas la sangre fluye directamente al exterior del cuerpo. El origen de la hemorragia se conoce gracias al aspecto de la sangre:

  • Venas: sangre oscura que fluye a gran velocidad.
  • Arterias: sangre roja que fluye rápidamente.
  • Capilar: fluye poco, propia de heridas superficiales que dañan los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de la piel.

En consecuencia las hemorragias venosas o arteriales son las más graves. Para frenar el sangrado hay que apretar fuertemente de manera directa sobre la herida, si es posible con alguna tela.

Si la herida es demasiado grande, que no podemos abarcarla con ambas manos, podemos realizar un vendaje de compresión, es decir, un torniquete.

Por otra parte, la elevación de la parte lesionada reduce la hemorragia. Por ejemplo, si pérdida de sangre tiene lugar en los brazos hay que levantarlos por encima de la cabeza o si es en las piernas, con la persona tumbada, la elevaremos.

Esta elevación dificulta la circulación de la sangre, ya que con esta posición hacemos que disminuya la velocidad del flujo. Al realizar estas acciones seguramente ayudemos a retrasar la pérdida de sangre masiva y las complicaciones que pueden aparecer con posterioridad al sangrado.

Visita este artículo: ¿Qué hacer ante heridas abiertas o hemorragias externas?

Hemorragia interna

En las hemorragia interna la sangre no fluye al exterior del cuerpo

En las hemorragias internas la sangre no fluye al exterior del cuerpo, sino que se queda en el interior. Se trata de una emergencia médica grave, la severidad depende de los órganos afectados.

Las causas más comunes son traumas, algunas enfermedades y complicaciones en terapias médicas. Normalmente las personas que sufren una hemorragia interna presentan los siguientes síntomas:

  • Palidez extrema.
  • Mareos.
  • Pulso débil.
  • Hematomas en diferentes partes del cuerpo.
  • Pérdida de sangre por boca, recto o vagina.
  • Si la hemorragia se produce en la zona del pecho también puede presentar dificultad respiratoria.

Cuando el herido tenga estos signos le debemos tumbar horizontalmente, taparlo y tranquilizarlo. Resulta esencial controlar que el herido respire y tenga pulso. Asimismo, debemos asegurarnos de que no aparezcan signos de colapso o shock hipovolémico tales como sed, ansiedad, frío o taquicardia.

Torniquete: Qué hacer y qué no hacer

Torniquete para controlar una hemorragia

El torniquete es un método efectivo para controlar las hemorragias externas. Solo debe realizarse en caso de que al comprimir la herida, no podamos detener el sangrado. Si llegara a ser necesario este tratamiento, debería hacerse de la siguiente manera:

  • El torniquete siempre se coloca por encima del foco sangrante. Más o menos cuatro dedos por encima del borde de la herida.
  • Si es posible, debemos poner el torniquete sobre una zona almohadillada. Tiene que atarse en torno a una zona en la que palpemos hueso, para evitar lesiones nerviosas.
  • Hay que hacer una compresión fuerte.
  • Vigilar constantemente al herido y el aspecto de la lesión y el torniquete. El tiempo máximo de colocación de torniquete es de hora y media o dos horas.
  • No se debe quitar el torniquete de forma rápida. Es preferible esperar a la ayuda sanitaria para que valoren la herida.

A veces se utilizan objetos rígidos y alargados, como palos, a modo de molinete para hacer más presión con el torniquete. En este caso, introduciremos el palo en el nudo que hagamos con la tela y daremos vueltas hasta que el herido pierda la sensibilidad por la presión ejercida.

Finalmente deberemos asegurar el palo sujetándolo con otra venda para evitar que el torniquete pierda fuerza.

Ante un accidente que cause este tipo de hemorragias sería necesario llamar de inmediato a urgencias. Igualmente, seguir los consejos descritos en este artículo, puede ayudar a estabilizar al paciente hasta que pueda ser atendido por profesionales.

  • Alonso-Algarabel, M., Esteban-Sebastià, X., Santillán-García, A., & Vila-Candel, R. (2018). Utilización del torniquete en la asistencia extrahospitalaria: revisión sistemática. Emergencias.
  • Mannucci, P. M., & Levi, M. (2007). Prevention and Treatment of Major Blood Loss. New England Journal of Medicine. https://doi.org/10.1056/NEJMra067742.